HIGINIO ROMPE A MORENA Y DESATA GUERRA POR EL EDOMEX
Por: EXPEDIENTE SECRETO
Desde el inicio de la entrevista, con el periodista, José Alan
Chávez Jacobo, del medio informativo CALLEJÓN: Higinio dejó ver los aires de
grandeza que lo han caracterizado durante décadas. Presumió ser “el senador más
votado” y prácticamente se colocó por encima de sus propios compañeros de bancada,
minimizando incluso a los legisladores de oposición por haber llegado por la
vía plurinominal. Una vez más, el llamado “Grupo Texcoco” mostró el verdadero
rostro de una corriente política que durante años ha operado como un cacicazgo
dentro de Morena.
Sin embargo, lo más grave no fue la arrogancia del senador,
sino la forma en que abrió fuego contra su propio partido, contra el gobierno
estatal y contra figuras centrales de Morena, dejando entrever una profunda
ruptura política con el grupo que hoy gobierna el Estado de México.
En un hecho sumamente delicado, Higinio Martínez reconoció
implícitamente que existen figuras de Morena bajo sospecha de vínculos
criminales. Cuando se le cuestionó sobre los señalamientos de narcogobierno y
sobre los escándalos relacionados con personajes cercanos al poder federal, el
senador utilizó una frase que cimbró al morenismo: “mejor que digan que es uno
o dos o tres senadores”. Es decir, lejos de desmentir tajantemente cualquier
infiltración criminal, terminó sugiriendo que podrían existir legisladores
vinculados con estructuras ilícitas.
La declaración resulta demoledora políticamente, porque
proviene de uno de los hombres más influyentes de Morena en el Estado de México
y porque ocurre en medio del creciente desgaste nacional provocado por
acusaciones, investigaciones y señalamientos que persiguen a distintos actores
de la llamada Cuarta Transformación, por presuntos nexos con la delincuencia
organizada.
Pero Higinio no se detuvo ahí. También arremetió contra el
Congreso local mexiquense, al que acusó de vivir sometido al poder estatal y de
actuar sin oposición real. Acusó que en el Estado de México “no se permite la
mínima crítica” contra la gobernadora Delfina Gómez o contra funcionarios
estatales. Es decir, el propio fundador de Morena en la entidad terminó
calificando al gobierno de su partido como un aparato intolerante, autoritario
y cerrado a cualquier señalamiento.
Las palabras del senador son especialmente graves porque
durante años él mismo fue uno de los principales operadores del sistema
político mexiquense. Fue diputado local en múltiples ocasiones, alcalde de
Texcoco y líder absoluto de un grupo político que hoy controla alcaldías,
diputaciones y estructuras territoriales. Ahora pretende presentarse como
víctima de un sistema que él ayudó a construir.
En realidad, detrás de su discurso de “crítica interna” parece
esconderse una amenaza política directa: o Morena postula a los perfiles del
Grupo Texcoco, o el partido podría enfrentar divisiones internas capaces de
poner en riesgo municipios estratégicos rumbo al próximo proceso electoral.
Eso quedó completamente claro cuando lanzó advertencias
abiertas sobre las candidaturas y reelecciones. Higinio prácticamente
condicionó la estabilidad política de Morena a que se permita la continuidad de
todos sus aliados. “Si Morena va a la reelección, es todos”, sentenció en tono
de presión política.
La lista de protegidos del senador incluye a figuras sumamente
cuestionadas políticamente como Azucena Cisneros Coss en Ecatepec, Martha
Guerrero Sánchez en La Paz, Nazario Gutiérrez Martínez, Isaac Montoya Márquez,
además de los grupos políticos que gobiernan Ixtapaluca y Chimalhuacán tras
desplazar a Antorcha Campesina.
El mensaje fue brutalmente claro: nadie debe tocar a los
aliados del senador.
Incluso, Higinio explotó públicamente contra el secretario
general de Gobierno, Horacio Duarte Olivares, y contra el secretario de
Movilidad, Juan Hugo de la Rosa García, simplemente porque acudieron a Ecatepec
a la inauguración de una obra, acompañados de una diputada local, sin invitar a
Azucena Cisneros. El senador llegó al extremo de acusarlos de actuar con
“mentalidad facciosa” y de intentar hacer a un lado a la alcaldesa.
La escena retrata el verdadero fondo de la disputa: Morena en
el Estado de México ya no está unido por un proyecto político, sino dividido
por cuotas de poder, intereses territoriales, candidaturas y control
presupuestal.
También quedó evidenciada la ruptura entre Higinio Martínez y
la dirigencia estatal de Morena encabezada por Luz María Hernández Bermúdez, a
quien acusó de favorecer a determinados grupos políticos. Incluso lanzó
advertencias sobre posibles malos resultados electorales en el 2027 si
continúan las decisiones “facciosas” dentro del partido.
Más delicado aún fue el momento en que prácticamente suplicó
la intervención de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo para frenar al grupo
que actualmente controla el gobierno mexiquense. Higinio aseguró que su
“esperanza” está puesta en Sheinbaum y advirtió que, si las decisiones quedan
en manos de “caprichos”, “vendettas” y “amiguismos”, Morena podría sufrir
consecuencias electorales.
En otras palabras, el senador dejó ver que la guerra interna
dentro del morenismo mexiquense ya alcanzó niveles de confrontación alarmantes.
El discurso de Higinio también estuvo cargado de
contradicciones. Mientras defendía a algunos de sus aliados políticos bajo el
argumento de que realizan gobiernos “honestos” y “transparentes”, evitó
responder directamente a los señalamientos sobre presuntos nexos criminales,
corrupción o irregularidades que persiguen a distintos actores políticos
cercanos a su grupo.
Por momentos, la entrevista pareció más una advertencia
mafiosa que una reflexión política. “Cuando hable yo más, no van a amanecer del
coraje”, lanzó el senador en tono desafiante, dejando entrever que posee
información delicada contra funcionarios del gobierno estatal y contra actores
de Morena.
El problema de fondo es que las declaraciones de Higinio
Martínez confirman algo que Morena ha intentado negar durante años: el
movimiento en el Estado de México está fracturado, dividido en tribus políticas
y atrapado en una lucha interna por el control absoluto del poder.
Lo que hoy ocurre en Morena no es debate democrático, sino una
guerra entre grupos políticos que buscan imponer candidatos, proteger aliados y
conservar territorios electorales rumbo a las próximas elecciones.
Y mientras los liderazgos morenistas se despedazan entre sí,
el Estado de México sigue hundido en inseguridad, violencia, corrupción, crisis
de movilidad y abandono institucional.
La llamada transformación mexiquense, reconoció incluso el
propio Higinio Martínez, simplemente no llegó.
Y quizá esa sea la confesión más demoledora de todas.

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