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miércoles, 27 de mayo de 2026

HIGINIO ROMPE A MORENA Y DESATA GUERRA POR EL EDOMEX


*El senador lanzó amenazas políticas, defendió a sus aliados, atacó al gobierno de Delfina Gómez Álvarez y advirtió que, si Morena no impone a “todos” sus candidatos, el partido podría pagar el costo electoral en el Estado de México

 

Por: EXPEDIENTE SECRETO

 


TEXCOCO, Estado de México, 27 de mayo de 2026.- El senador mexiquense Higinio Martínez Miranda volvió a exhibir públicamente la fractura, el canibalismo político y la guerra de facciones que se vive al interior de Morena en el Estado de México. Lo hizo como acostumbra: con soberbia, amenazas veladas, ataques contra su propio partido y dejando claro que, si no se postulan sus candidatos y su grupo político que conserva el control de los principales municipios mexiquenses, está dispuesto a incendiar la estabilidad interna del movimiento que llevó al poder a la gobernadora Delfina Gómez Álvarez.

 

Desde el inicio de la entrevista, con el periodista, José Alan Chávez Jacobo, del medio informativo CALLEJÓN: Higinio dejó ver los aires de grandeza que lo han caracterizado durante décadas. Presumió ser “el senador más votado” y prácticamente se colocó por encima de sus propios compañeros de bancada, minimizando incluso a los legisladores de oposición por haber llegado por la vía plurinominal. Una vez más, el llamado “Grupo Texcoco” mostró el verdadero rostro de una corriente política que durante años ha operado como un cacicazgo dentro de Morena.

 

Sin embargo, lo más grave no fue la arrogancia del senador, sino la forma en que abrió fuego contra su propio partido, contra el gobierno estatal y contra figuras centrales de Morena, dejando entrever una profunda ruptura política con el grupo que hoy gobierna el Estado de México.

 

En un hecho sumamente delicado, Higinio Martínez reconoció implícitamente que existen figuras de Morena bajo sospecha de vínculos criminales. Cuando se le cuestionó sobre los señalamientos de narcogobierno y sobre los escándalos relacionados con personajes cercanos al poder federal, el senador utilizó una frase que cimbró al morenismo: “mejor que digan que es uno o dos o tres senadores”. Es decir, lejos de desmentir tajantemente cualquier infiltración criminal, terminó sugiriendo que podrían existir legisladores vinculados con estructuras ilícitas.

 

La declaración resulta demoledora políticamente, porque proviene de uno de los hombres más influyentes de Morena en el Estado de México y porque ocurre en medio del creciente desgaste nacional provocado por acusaciones, investigaciones y señalamientos que persiguen a distintos actores de la llamada Cuarta Transformación, por presuntos nexos con la delincuencia organizada.

 

Pero Higinio no se detuvo ahí. También arremetió contra el Congreso local mexiquense, al que acusó de vivir sometido al poder estatal y de actuar sin oposición real. Acusó que en el Estado de México “no se permite la mínima crítica” contra la gobernadora Delfina Gómez o contra funcionarios estatales. Es decir, el propio fundador de Morena en la entidad terminó calificando al gobierno de su partido como un aparato intolerante, autoritario y cerrado a cualquier señalamiento.

 

Las palabras del senador son especialmente graves porque durante años él mismo fue uno de los principales operadores del sistema político mexiquense. Fue diputado local en múltiples ocasiones, alcalde de Texcoco y líder absoluto de un grupo político que hoy controla alcaldías, diputaciones y estructuras territoriales. Ahora pretende presentarse como víctima de un sistema que él ayudó a construir.

 

En realidad, detrás de su discurso de “crítica interna” parece esconderse una amenaza política directa: o Morena postula a los perfiles del Grupo Texcoco, o el partido podría enfrentar divisiones internas capaces de poner en riesgo municipios estratégicos rumbo al próximo proceso electoral.

 

Eso quedó completamente claro cuando lanzó advertencias abiertas sobre las candidaturas y reelecciones. Higinio prácticamente condicionó la estabilidad política de Morena a que se permita la continuidad de todos sus aliados. “Si Morena va a la reelección, es todos”, sentenció en tono de presión política.

 

La lista de protegidos del senador incluye a figuras sumamente cuestionadas políticamente como Azucena Cisneros Coss en Ecatepec, Martha Guerrero Sánchez en La Paz, Nazario Gutiérrez Martínez, Isaac Montoya Márquez, además de los grupos políticos que gobiernan Ixtapaluca y Chimalhuacán tras desplazar a Antorcha Campesina.

 

El mensaje fue brutalmente claro: nadie debe tocar a los aliados del senador.

 

Incluso, Higinio explotó públicamente contra el secretario general de Gobierno, Horacio Duarte Olivares, y contra el secretario de Movilidad, Juan Hugo de la Rosa García, simplemente porque acudieron a Ecatepec a la inauguración de una obra, acompañados de una diputada local, sin invitar a Azucena Cisneros. El senador llegó al extremo de acusarlos de actuar con “mentalidad facciosa” y de intentar hacer a un lado a la alcaldesa.

 

La escena retrata el verdadero fondo de la disputa: Morena en el Estado de México ya no está unido por un proyecto político, sino dividido por cuotas de poder, intereses territoriales, candidaturas y control presupuestal.

 

También quedó evidenciada la ruptura entre Higinio Martínez y la dirigencia estatal de Morena encabezada por Luz María Hernández Bermúdez, a quien acusó de favorecer a determinados grupos políticos. Incluso lanzó advertencias sobre posibles malos resultados electorales en el 2027 si continúan las decisiones “facciosas” dentro del partido.

 

Más delicado aún fue el momento en que prácticamente suplicó la intervención de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo para frenar al grupo que actualmente controla el gobierno mexiquense. Higinio aseguró que su “esperanza” está puesta en Sheinbaum y advirtió que, si las decisiones quedan en manos de “caprichos”, “vendettas” y “amiguismos”, Morena podría sufrir consecuencias electorales.

 

En otras palabras, el senador dejó ver que la guerra interna dentro del morenismo mexiquense ya alcanzó niveles de confrontación alarmantes.

 

El discurso de Higinio también estuvo cargado de contradicciones. Mientras defendía a algunos de sus aliados políticos bajo el argumento de que realizan gobiernos “honestos” y “transparentes”, evitó responder directamente a los señalamientos sobre presuntos nexos criminales, corrupción o irregularidades que persiguen a distintos actores políticos cercanos a su grupo.

 

Por momentos, la entrevista pareció más una advertencia mafiosa que una reflexión política. “Cuando hable yo más, no van a amanecer del coraje”, lanzó el senador en tono desafiante, dejando entrever que posee información delicada contra funcionarios del gobierno estatal y contra actores de Morena.

 

El problema de fondo es que las declaraciones de Higinio Martínez confirman algo que Morena ha intentado negar durante años: el movimiento en el Estado de México está fracturado, dividido en tribus políticas y atrapado en una lucha interna por el control absoluto del poder.

 

Lo que hoy ocurre en Morena no es debate democrático, sino una guerra entre grupos políticos que buscan imponer candidatos, proteger aliados y conservar territorios electorales rumbo a las próximas elecciones.

 

Y mientras los liderazgos morenistas se despedazan entre sí, el Estado de México sigue hundido en inseguridad, violencia, corrupción, crisis de movilidad y abandono institucional.

 

La llamada transformación mexiquense, reconoció incluso el propio Higinio Martínez, simplemente no llegó.

 

Y quizá esa sea la confesión más demoledora de todas.

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