MORENA Y EL VIEJO TRUCO DEL PODER: DESAYUNOS, PROMESAS Y PERIODISTAS OLVIDADOS EN EL ESTADO DE MÉXICO
*Entre cafés y discursos, el gremio periodístico vuelve a
escuchar las mismas promesas que el poder jamás cumplió
Por: EXPEDIENTE SECRETO
El pasado viernes 8 de mayo, la presidenta estatal de Morena, Luz
María Hernández Bermúdez, compartió un desayuno con periodistas de la zona
oriente mexiquense. El encuentro provocó entusiasmo entre varios comunicadores,
quienes difundieron fotografías, mensajes y expresiones de agradecimiento por
la cercanía mostrada por la dirigente morenista.
Sin embargo, detrás de las sonrisas, los abrazos y las mesas
servidas, resurge una pregunta incómoda: ¿Tan rápido olvidaron los agravios?
Apenas en enero pasado, periodistas denunciaron públicamente
haber sido excluidos de un desayuno convocado por la gobernadora mexiquense Delfina
Gómez Álvarez. En ese momento circularon videos, reclamos y notas periodísticas
donde comunicadores acusaban al área de Comunicación Social del gobierno
estatal de negarles el acceso y tratarlos con desprecio.
Hoy, meses después, muchos de esos mismos comunicadores
celebran un desayuno político como si se tratara de un acto histórico de
reconocimiento al gremio. Una contradicción brutal que exhibe el nivel de
vulnerabilidad en el que sobrevive gran parte del periodismo mexiquense.
La escena no es nueva. Durante décadas, los gobiernos priistas
perfeccionaron un mecanismo perverso: prometer protección, seguridad social,
apoyos económicos, publicidad oficial, pensiones, gastos funerarios y respaldo
jurídico a periodistas independientes. Todo eso aparecía cada vez que había
elecciones o crisis políticas.
DESPUÉS VENÍA EL SILENCIO
Los compromisos jamás se materializaban. El gremio seguía
trabajando sin garantías, sin seguridad y muchas veces bajo amenazas
constantes. Pero el objetivo político ya se había cumplido: obtener cobertura
gratuita, favorable y reducir las críticas incómodas.
HOY MORENA RECORRE EXACTAMENTE EL MISMO CAMINO QUE EL PRI
En los últimos días comenzó a circular información sobre una
posible reforma a la Ley de Protección Integral de Periodistas y Personas
Defensoras de Derechos Humanos en el Estado de México. Según el discurso
oficial, la iniciativa incluiría servicios de salud, seguridad social, apoyos
funerarios, capacitación y profesionalización para periodistas.
La narrativa gubernamental sostiene que el proyecto surgió del
diálogo con el gremio y de los foros regionales impulsados por el gobierno
estatal.
La encargada de difundir esa versión fue Nayeli Gómez Castillo,
sobrina de la gobernadora y coordinadora de comunicación social del gobierno
del Edomex, quien aseguró que las propuestas nacieron directamente de las
demandas expresadas por periodistas mexiquenses.
EL DISCURSO SUENA BIEN. DEMASIADO BIEN
Porque mientras desde el poder hablan de democracia, libertad
de expresión y protección al periodismo, la realidad en las calles mexiquenses
es completamente distinta: agresiones, abandono institucional, censura
indirecta, exclusión, precariedad económica y presión política permanente sobre
medios de comunicación.
Muchos periodistas saben perfectamente cómo opera el sistema.
Saben que los gobiernos —sin importar el partido— suelen acercarse al gremio
cuando necesitan legitimidad, cobertura mediática o control político.
Por eso resulta todavía más preocupante que algunos
comunicadores continúen cayendo en el mismo juego de siempre: cambiar dignidad
por cercanía política, crítica por fotografías y exigencia profesional por
desayunos protocolarios.
Mientras tanto, el Estado de México continúa hundido en una
crisis de violencia, corrupción y desconfianza institucional. Municipios
gobernados por Morena enfrentan constantes señalamientos por inseguridad y
presuntos vínculos de funcionarios locales con grupos criminales, mientras
desde el poder se insiste en construir una narrativa de transformación que cada
vez convence menos.
EL PROBLEMA NO ES UN DESAYUNO
El problema es que el periodismo mexiquense corre el riesgo de
convertirse nuevamente en rehén de las promesas vacías del poder político,
exactamente igual que ocurrió durante los peores años del priismo que Morena
juró combatir.
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