ANTORCHA CAMPESINA Y EL VIEJO MODELO DE PODER
QUE MORENA JURÓ COMBATIR
*Morena en Tlaxcala enfrenta tensión interna por la cercanía
del gobierno municipal con Antorcha Campesina y operadores ligados al viejo PRI
Por: EXPEDIENTE SECRETO
Mientras su dirigente nacional, Aquiles Córdoba Morán hablaba
de “gestión social” y apoyo a los sectores vulnerables, la realidad es que el
discurso de Antorcha Campesina hace años dejó de convencer incluso dentro de sus
propios sectores. La razón es simple: durante décadas, la organización
construyó un gigantesco aparato económico y político bajo la bandera de la
pobreza, mientras sus líderes acumulaban poder, propiedades y negocios.
El propio ex presidente Andrés Manuel López Obrador denunció
públicamente en distintas conferencias mañaneras que Antorcha Campesina recibía
20 mil millones de pesos al año, dinero público, que, en teoría, debía llegar a
las personas más pobres del país. Según esos señalamientos, el dinero terminó
sirviendo para consolidar un verdadero emporio económico con gasolineras,
hoteles y centros comerciales, mientras la organización perfeccionaba un modelo
basado en presión política, movilización callejera y negociación permanente con
los gobiernos en turno.
No se trata de acusaciones menores. Antorcha Campesina ha sido
históricamente una de las organizaciones con mayor capacidad de protesta y
chantaje político en México. Bloqueos, marchas, plantones y movilizaciones
masivas fueron durante años su herramienta principal para obtener recursos,
posiciones y protección. Bajo el argumento de “gestión social”, la organización
construyó un esquema donde la pobreza terminó funcionando como instrumento político.
A ello se suma el largo historial de controversias legales que
ha perseguido a la organización y a varios de sus dirigentes: denuncias por
presuntos despojos, investigaciones relacionadas con manejo irregular de
recursos y múltiples señalamientos públicos que, casualmente, terminaban
diluyéndose después de negociaciones políticas o movilizaciones masivas. En
otras palabras, la presión social convertida en mecanismo de impunidad.
Por eso preocupa el acercamiento entre Antorcha Campesina y el
alcalde de Tlaxcala, Alfonso Sánchez García, quien además cuenta con el
respaldo político del grupo de poder encabezado por la gobernadora Lorena Cuéllar
Cisneros. En Morena comienzan a encenderse las alertas porque entienden
perfectamente lo que significa abrirle espacio a una organización que
históricamente ha operado mediante estructuras clientelares y control político
territorial.
El problema de fondo es que Morena prometió combatir
precisamente ese viejo sistema de privilegios, corporativismo y manipulación social.
Sin embargo, en Tlaxcala parece estar ocurriendo exactamente lo contrario: la
incorporación silenciosa de un grupo que durante décadas sobrevivió gracias a
los acuerdos con el poder.
Y como si eso no fuera suficiente, otro actor político aparece
en el tablero: Alejandra Del Moral. Al interior de Morena existe preocupación
por la operación política que la priista estaría realizando en Tlaxcala,
aprovechando los vínculos familiares y políticos de su entorno. No es un dato
menor que el padre de su esposo haya gobernado esa entidad y que exista la
aspiración de recuperar poder en el estado.
La presencia de Del Moral alrededor de este entramado político
confirma algo todavía más delicado: en la práctica, viejos grupos priistas,
operadores regionales y organizaciones clientelares parecen estar encontrando
espacios dentro de estructuras vinculadas a Morena. El discurso cambia, los
colores cambian, pero los métodos siguen siendo los mismos.
En Tlaxcala, muchos dentro del oficialismo ya entienden el
riesgo. Antorcha Campesina no llega sola ni gratis; llega con intereses
políticos, estructuras de presión y ambiciones de control. Y cuando una organización
con ese historial comienza a acercarse demasiado al poder municipal y estatal,
lo que se pone en duda no es únicamente la congruencia de Morena, sino la
posibilidad de que Tlaxcala termine atrapada nuevamente en las prácticas que el
país dijo querer dejar atrás.
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