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FISCALÍA MEXIQUENSE: LA CORRUPCIÓN QUE CERVANTES YA NO QUIERE TOCAR   *Entre rotaciones, renuncias y escándalos internos, la Fiscalía me...

viernes, 8 de mayo de 2026

FISCALÍA MEXIQUENSE: LA CORRUPCIÓN QUE CERVANTES YA NO QUIERE TOCAR

 

*Entre rotaciones, renuncias y escándalos internos, la Fiscalía mexiquense exhibe una corrupción estructural que el fiscal José Luis Cervantes Martínez ya no logra —o no quiere— contener

 

Por: EXPEDIENTE SECRETO

 


TOLUCA, Estado de México, 8 de mayo de 2026.- Lo que alguna vez quiso venderse como una “limpia histórica” dentro de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México terminó convertido en un ejercicio de simulación burocrática. El informe entregado al Congreso local por la institución encabezada por José Luis Cervantes Martínez, lejos de presumir resultados contundentes, exhibe el tamaño de la podredumbre que existe al interior de la dependencia encargada de procurar justicia en territorio mexiquense.

 

Las cifras son demoledoras: 579 servidores públicos fueron dados de baja entre abril de 2025 y marzo de 2026. De ellos, 281 eran Agentes del Ministerio Público; 115 Policías de Investigación; 119 trabajadores administrativos; además de peritos, conciliadores y mandos medios y superiores. Es decir, prácticamente todas las áreas estratégicas de la Fiscalía están contaminadas.

 

Y aunque el documento intenta disfrazar la crisis señalando que “la mayoría” de las bajas fueron voluntarias, la realidad es que el propio informe reconoce renuncias derivadas de actos de corrupción, investigaciones penales y procedimientos internos. Lo alarmante no es únicamente el número de funcionarios involucrados, sino que la corrupción parece operar como una estructura normalizada dentro de la institución.

 

El discurso de la “nueva construcción institucional” quedó reducido a un simple mecanismo de rotación de personal. Más de mil 60 servidores públicos fueron cambiados de adscripción bajo el argumento de evitar malas prácticas. Sin embargo, dentro de la propia Fiscalía se sabe que los funcionarios señalados por corrupción no son separados realmente del sistema: simplemente son movidos de oficina, protegidos y reciclados.

 

La podredumbre es tan profunda que el propio informe admite 110 investigaciones contra Policías de Investigación por probables actos delictivos. Muchas de esas carpetas surgieron tras publicaciones en redes sociales donde se denunciaban presuntos vínculos criminales, extorsiones y abusos. Incluso fueron identificados 39 servidores públicos relacionados con esos hechos.

 

Diez funcionarios fueron separados, entre ellos coordinadores regionales y jefes de grupo. Pero la pregunta inevitable es: ¿Cuántos más siguen operando con total impunidad?

 

Porque para nadie es un secreto que muchas agencias del Ministerio Público en el Estado de México dejaron de ser espacios de procuración de justicia y se transformaron en auténticas oficinas recaudadoras de dinero sucio. Dinero que, en numerosos casos, proviene de víctimas desesperadas, de carpetas de investigación manipuladas y de acuerdos construidos entre corrupción y criminalidad.

 

Y de todo ello tienen conocimiento tanto el fiscal José Luis Cervantes Martínez como la gobernadora Delfina Gómez Álvarez. Sin embargo, el informe entregado al Poder Legislativo evita profundizar en las redes de protección interna, en los cobros ilegales y en los funcionarios que llevan años enriqueciéndose bajo el amparo institucional.

 

La realidad es que Cervantes Martínez ya no es aquel funcionario que llegó prometiendo sacudir la estructura corrupta heredada durante décadas. Hoy, dentro y fuera de la Fiscalía, comienza a consolidarse la percepción de un fiscal tibio, rebasado o, peor aún, cómodo frente al sistema de corrupción que supuestamente iba a combatir.

 

El caso de Oscar Mendoza Paulin, jefe de departamento en la Fiscalía de Los Reyes La Paz, ejemplifica perfectamente el deterioro institucional. De acuerdo con versiones de trabajadores de la propia dependencia, luego de ser enviado a otra sede en la zona norte de Ciudad Nezahualcóyotl, presuntamente habría pagado cerca de 200 mil pesos para regresar a Los Reyes La Paz.

 

La pregunta es inevitable: ¿Por qué alguien estaría dispuesto a pagar semejante cantidad por volver a la jefatura de una Agencia de Ministerio Publico?

 

La respuesta, aseguran empleados de la propia Fiscalía, sería simple: control territorial, relaciones políticas, contactos criminales y enormes beneficios económicos. Mendoza Paulin lleva más de una década operando en esa región; conoce a líderes locales, funcionarios de distintos partidos y el funcionamiento interno de las redes de poder.

 

Entonces surge otra interrogante todavía más grave: ¿De verdad el fiscal general desconoce este tipo de movimientos internos o simplemente decidió mirar hacia otro lado?

 

Porque mientras los ciudadanos continúan siendo víctimas de extorsiones, carpetas fabricadas, corrupción ministerial y abuso de autoridad, la Fiscalía mexiquense parece más preocupada por maquillar cifras que por desmontar el aparato corrupto que consume a la institución desde dentro.

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