MORENA Y PRI CRUZAN LA LÍNEA: ACUSACIONES DE NARCOPOLÍTICA DESATAN UNA GUERRA QUE AMENAZA CON INCENDIAR AL PAÍS
*Estados Unidos aprieta la presión sobre el oficialismo
mientras Morena responde con acusaciones de injerencia y el país se hunde en
una nueva crisis de credibilidad política
Por: EXPEDIENTE SECRETO
Todo estalló luego de que Alejandro Moreno anunciara que
solicitará formalmente al gobierno de Estados Unidos investigar a Morena e
incluso analizar la posibilidad de considerarlo una “organización terrorista”,
debido a los presuntos nexos de actores políticos del partido guinda con grupos
criminales.
La respuesta desde Morena no tardó. La recién llegada
dirigente nacional morenista, Ariadna Montiel, arremetió contra el PRI
asegurando que “el PRI está en el basurero de la historia” y acusó al tricolor
de recurrir a la “intervención extranjera” para intentar recuperar el poder
perdido.
Pero detrás del choque mediático existe una crisis mucho más
profunda: la creciente percepción internacional de que sectores de la política
mexicana han sido infiltrados por el crimen organizado mientras el gobierno
federal se niega a actuar con contundencia.
El anuncio de Moreno ocurre después de semanas de tensión por
investigaciones abiertas en Estados Unidos relacionadas con presuntos vínculos
entre políticos mexicanos y organizaciones criminales, particularmente tras los
señalamientos que rodean al gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha
Moya.
Los escándalos no son nuevos. La polémica se agravó cuando la Fiscalía
General de la República confirmó irregularidades y presuntos montajes en videos
presentados por la fiscalía de Sinaloa sobre el caso del asesinato del diputado
federal electo Héctor Melesio Cuén. A pesar de ello, ninguna autoridad política
asumió responsabilidades y, una vez más, el aparato oficial apostó al desgaste
mediático y al olvido.
HOY EL PROBLEMA YA NO ESTÁ CONTENIDO DENTRO DE MÉXICO
La presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta una de las crisis
políticas más delicadas de su administración. Mantener la defensa política de
figuras señaladas por presuntos vínculos criminales podría profundizar el
choque con Washington y aumentar la presión internacional contra Morena. Pero
actuar contra personajes clave del oficialismo también significaría abrir una
fractura interna de enormes dimensiones dentro del movimiento construido por Andrés
Manuel López Obrador.
El problema para Morena es que las advertencias provenientes
de Estados Unidos dejaron de ser discretas. Desde hace meses, distintos
sectores políticos y sociales exigieron reformas para impedir que partidos
políticos vinculados al financiamiento del crimen organizado pudieran conservar
su registro. Sin embargo, el oficialismo rechazó incluir candados más severos
durante la pasada discusión de la reforma electoral.
La señal enviada hacia el exterior fue devastadora: mientras
crecían los señalamientos sobre infiltración criminal, el poder político se
negó a blindar el sistema electoral.
HOY ESA DECISIÓN COMIENZA A PERSEGUIR AL PARTIDO GOBERNANTE
La narrativa de Morena basada en acusar “intervención
extranjera” choca con una realidad incómoda: las sospechas sobre vínculos entre
actores políticos y grupos criminales no nacieron en Washington ni en la
oposición, sino en investigaciones, filtraciones, expedientes judiciales y
escándalos acumulados durante años.
Mientras tanto, el PRI intenta utilizar el desgaste del
oficialismo para recuperar terreno político, aunque carga también con décadas
de corrupción, impunidad y pactos oscuros que gran parte de la ciudadanía no
olvida.
En medio de esta guerra política, México aparece atrapado
entre dos fuerzas desacreditadas: un viejo régimen que intenta sobrevivir y un
nuevo poder que prometió transformación, pero que hoy enfrenta acusaciones
similares a las que durante años denunció.
La crisis ya no es únicamente electoral o partidista. Lo que
está en juego es la credibilidad de las instituciones mexicanas, la estabilidad
política del país y la posibilidad de que el crimen organizado haya penetrado
estructuras completas del poder público mientras el gobierno continúa negando
la gravedad del problema.
Y en ese escenario, Morena podría estar iniciando un desgaste
que no necesita de la oposición para avanzar, porque el mayor enemigo del
movimiento guinda comienza a surgir desde sus propias contradicciones.

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