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FISCALÍA DEL EDOMEX: 70 MIL DESAPARECIDOS, ERRORES  MASIVOS Y UN FISCAL REBASADO   *Mientras la FGJEM presume depuración de registros, m...

martes, 12 de mayo de 2026

FISCALÍA DEL EDOMEX: 70 MIL DESAPARECIDOS, ERRORES

 MASIVOS Y UN FISCAL REBASADO

 

*Mientras la FGJEM presume depuración de registros, miles de familias siguen atrapadas entre expedientes duplicados, omisiones ministeriales y una crisis de desapariciones que mantiene al Estado de México como el peor del país

 

Por: EXPEDIENTE SECRETO

 


TOLUCA, Estado de México, 12 de mayo de 2026.- La crisis de desapariciones en el Estado de México ya no puede maquillarse con discursos burocráticos ni con informes llenos de tecnicismos. La propia Fiscalía General de Justicia del Estado de México, encabezada por José Luis Cervantes Martínez, terminó por admitir el tamaño del desastre: más de 70 mil reportes de personas desaparecidas acumulados entre enero de 2005 y marzo de 2026, expedientes duplicados, registros alterados, casos activos de personas que ya habían sido localizadas y una estructura institucional incapaz de mantener control sobre una de las tragedias humanas más graves del país.

 

El reconocimiento oficial exhibe no sólo el colapso administrativo de la Fiscalía mexiquense, sino también la incapacidad de un fiscal que, pese a los años al frente de la institución, sigue justificando errores históricos mientras miles de familias viven atrapadas en la incertidumbre, el abandono y el dolor.

 

Las cifras son demoledoras. Según el Cuarto Informe de Gestión 2025-2026 de la FGJEM, la entidad acumuló 70 mil 139 reportes de desaparición. El crecimiento más alarmante ocurrió entre 2012 y 2019, cuando los casos pasaron de 910 a 6 mil 862 denuncias, un incremento brutal de 654% en apenas siete años.

 

Aunque la Fiscalía presume una reducción de reportes entre 2024 y 2025, al pasar de 5 mil 988 a 5 mil 285 denuncias, la realidad es que el Estado de México se mantiene como la entidad con más personas desaparecidas y no localizadas de todo el país, con 14 mil 772 casos vigentes, superando incluso a entidades históricamente marcadas por la violencia como Tamaulipas y Jalisco.

 

Detrás de las estadísticas hay un reconocimiento todavía más grave: la Fiscalía admitió que durante años mantuvo registros erróneos de personas que aparecían oficialmente como desaparecidas pese a haber sido encontradas. Es decir, ni siquiera la institución encargada de buscar personas tenía claridad sobre quién seguía desaparecido y quién no.

 

El propio informe reconoce que las inconsistencias derivaron de duplicidad de expedientes, omisiones ministeriales, falta de actualización de carpetas de investigación, errores de seguimiento y fallas en la coordinación entre bases de datos estatales y nacionales.

 

En otras palabras: la Fiscalía perdió el control de la información más sensible relacionada con miles de víctimas.

 

La dependencia intentó justificar el desastre argumentando que algunas familias no notificaron la localización de sus seres queridos o que ciertas personas pidieron mantenerse como desaparecidas para escapar de violencia familiar o deudas. Sin embargo, esas explicaciones no reducen la gravedad de los hechos; por el contrario, evidencian la ausencia de protocolos eficientes y la precariedad institucional bajo la gestión de Cervantes Martínez.

 

Resulta escandaloso que una Fiscalía que presume tecnología, inteligencia y capacidad operativa haya permitido durante años la existencia de expedientes duplicados y registros falsamente activos en uno de los temas más delicados del país.

 

La FGJEM presume que el 77% de las personas reportadas han sido localizadas y que 65% aparecieron durante los primeros cinco días. Sin embargo, el mismo documento revela otra cifra alarmante: apenas 7.2% fueron encontradas el mismo día en que el Ministerio Público recibió el reporte. Es decir, la reacción inmediata sigue siendo mínima en una crisis donde las primeras horas suelen definir entre la vida y la muerte.

 

Además, aunque la institución sostiene que más del 95% de las personas localizadas sin vida murieron por accidentes, suicidios o problemas de salud, también reconoce que miles de casos estuvieron relacionados con delitos graves como homicidio doloso, feminicidio, secuestro, trata y privación ilegal de la libertad.

 

La tragedia no es solamente estadística. Son miles de madres buscando a sus hijos, familias enteras destruidas y colectivos de búsqueda haciendo el trabajo que el Estado no ha podido resolver.

 

Lo más preocupante es que el reconocimiento de errores ocurre después de años de crisis, presión social y exigencias de colectivos. La Fiscalía ahora asegura que desde 2022 todo reporte debe integrarse obligatoriamente en carpetas de investigación y promete fortalecer “análisis de contexto” para detectar patrones de desaparición. Pero esas medidas llegan tarde para miles de víctimas que quedaron atrapadas entre la negligencia institucional, la simulación y el desorden burocrático.

 

PORQUE ADMITIR ERRORES NO BASTA

 

Un funcionario medianamente responsable, después de reconocer semejante nivel de fallas estructurales, inconsistencias y omisiones en una tragedia de dimensiones históricas, tendría que asumir consecuencias políticas y morales. Permanecer en el cargo mientras el Estado de México ocupa el primer lugar nacional en desapariciones sólo confirma que la crisis ya rebasó por completo a la Fiscalía mexiquense.

 

Las desapariciones no son simples números en un informe de gestión. Son vidas humanas. Y cada expediente mal integrado, cada carpeta duplicada y cada registro alterado representa una familia condenada a vivir entre el abandono institucional y el sufrimiento interminable.

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