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jueves, 21 de mayo de 2026

OCUILAN ARDE ENTRE TALA ILEGAL, SANGRE E IMPUNIDAD


*Diputada exhibe colusión de funcionarios y acusa que grupos criminales ligados a la tala clandestina ya secuestran y asesinan mientras la fiscalía mexiquense sigue rebasada

 

POR EXPEDIENTE SECRETO

 


TOLUCA, Estado de México, 21 de mayo de 2026.- La tala clandestina dejó de ser desde hace años un simple delito ambiental en el Estado de México. Hoy es una estructura criminal que mezcla violencia, control territorial, corrupción política, impunidad institucional y negocios millonarios protegidos desde las sombras del poder. Lo ocurrido recientemente en Ocuilan, donde un operativo derivó en un enfrentamiento armado entre comuneros y presuntos talamontes, con saldo de dos muertos y bloqueos carreteros, es apenas una muestra del nivel de descomposición que enfrenta la entidad.

 

La diputada Vanesa Linares reconoció públicamente lo que durante años autoridades estatales y municipales intentaron minimizar: que la tala ilegal creció bajo la protección de funcionarios coludidos y que hoy los grupos criminales ligados a este negocio operan con el respaldo de la delincuencia organizada.

 

“El Estado de México está viviendo momentos críticos en el tema de la tala clandestina. Esto viene de años atrás. Sabíamos que había funcionarios coludidos”, sostuvo la legisladora, dejando al descubierto una red de corrupción que permitió que los bosques mexiquenses fueran saqueados durante décadas.

 

La situación en Ocuilan refleja el abandono institucional. Familias enteras han sido absorbidas por el negocio ilegal de la madera, mientras los verdaderos beneficiarios continúan intocables. Según Linares, alrededor de 300 familias participan en actividades relacionadas con la tala clandestina, aunque aclaró que la mayoría apenas sobrevive como mano de obra explotada por empresarios madereros que obtienen ganancias multimillonarias.

 

“Les pagan menos del salario mínimo para cortar árboles. Los millonarios son los empresarios madereros”, afirmó.

 

Pero el problema ya rebasó cualquier dimensión ambiental. La propia legisladora advirtió que los grupos dedicados a este delito hoy también secuestran y asesinan, generando terror en regiones enteras y provocando que muchos ayuntamientos simplemente dejaran de intervenir por miedo a represalias.

 

 

La devastación ecológica es brutal. Zonas emblemáticas como las Lagunas de Zempoala prácticamente fueron destruidas por la explotación ilegal. De acuerdo con Linares, de las 20 lagunas históricas de la región, actualmente sobreviven apenas dos. La pérdida forestal también impacta directamente en la crisis hídrica que vive el Estado de México. “No hay agua porque no hay árboles”, sentenció.

 

El corredor de Chichinautzin, fundamental para el abastecimiento hídrico del Valle de México, también enfrenta daños severos mientras las autoridades reaccionan tarde y de manera insuficiente.

 

Aunque recientemente se endurecieron las penas por tala clandestina, convirtiéndola en delito grave con sanciones que pueden superar los 100 años de prisión, la realidad demuestra que la impunidad continúa intacta. La diputada anunció que impulsa la creación de una fiscalía especializada en protección de bosques, ante la incapacidad de las instituciones actuales para contener el avance de los talamontes.

 

Y es ahí donde las críticas inevitablemente alcanzan a la Fiscalía General de Justicia del Estado de México y a su titular, José Luis Cervantes Martínez. Porque mientras comunidades enteras viven bajo amenaza, los operativos siguen siendo aislados, tardíos y sin consecuencias reales contra las estructuras financieras y políticas detrás del negocio ilegal de la madera.

 

Cada enfrentamiento, cada bosque devastado y cada asesinato relacionado con este delito evidencian que la fiscalía no está actuando con la autonomía y firmeza que exige el cargo. La percepción ciudadana es clara: la procuración de justicia en el Estado de México continúa subordinada a intereses políticos.

 

Las críticas también alcanzan directamente a la gobernadora Delfina Gómez Álvarez, cuya administración prometió combatir la corrupción y devolver la seguridad a la entidad, pero que enfrenta crecientes cuestionamientos por la persistencia de redes criminales enquistadas en distintos niveles del gobierno mexiquense.

 

Porque la tala clandestina no opera sola. Detrás existen redes de protección política, corrupción policial, complicidades municipales y estructuras económicas que durante años permitieron el saqueo forestal sin consecuencias. Y mientras eso no se ataque de raíz, los discursos oficiales seguirán siendo insuficientes frente a una realidad marcada por violencia, destrucción ambiental y control criminal de amplias regiones del Estado de México.

 

Lo ocurrido en Santa Martha, Ocuilan, donde comuneros terminaron enfrentándose armados contra presuntos talamontes, debería ser una señal de alarma para todo el gobierno estatal. La pregunta sigue siendo la misma: ¿qué más tiene que pasar para que las autoridades actúen de fondo y no únicamente cuando la violencia ya dejó muertos sobre el camino?

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