ANTORCHA BUSCA REFUGIO EN EL VERDE; COUTTOLENC
ABRE LA PUERTA AL VIEJO APARATO PRIISTA
*El Verde abre la puerta a Antorcha mientras crece el rechazo
ciudadano contra los viejos operadores del priismo en el Estado de México
Por: EXPEDIENTE SECRETO
La operación política ya no se esconde. Vehículos vinculados a
liderazgos antorchistas y operadores del Partido Verde son vistos
constantemente en el Huitzi Café, ubicado en avenida Arca de Noé esquina Tizoc,
en Chimalhuacán, negocio que es identificado públicamente como propiedad de la
dirigencia de Antorcha Campesina. Ahí, según versiones de operadores políticos
locales, se han realizado reuniones para construir acuerdos rumbo al proceso
electoral de 2027.
La noche del domingo 17 de mayo, alrededor de las 9:30,
volvieron a reunirse dirigentes de Antorcha Campesina con cuadros del Partido
Verde mexiquense. El mensaje es claro: la organización que durante décadas
operó bajo el amparo del viejo régimen priista sabe perfectamente que carga con
un enorme desprestigio social y que difícilmente podría sobrevivir
políticamente por sí sola. Por eso ahora busca reciclarse bajo las siglas del
Verde.
Y es ahí donde aparece el nombre de José Alberto Couttolenc
Buentello, mejor conocido como “Pepe” Couttolenc, quien estaría cometiendo uno
de los errores políticos más graves de cara a la elección por la gubernatura
mexiquense: abrirle las puertas de su partido a un grupo señalado
históricamente por prácticas de presión, control y abuso contra la población
más vulnerable.
El enlace entre Antorcha y el Verde no sería casual. Detrás de
las negociaciones aparece el operador priista Luis Enrique Miranda Nava,
personaje identificado con el llamado Grupo Atlacomulco y uno de los hombres
más cercanos al expresidente Enrique Peña Nieto. Miranda Nava habría servido
como puente entre la cúpula antorchista y el Verde mexiquense para garantizar
acuerdos políticos rumbo al 2027.
La jugada revela mucho más que una simple alianza electoral:
exhibe cómo las viejas estructuras del priismo buscan mantenerse vivas
utilizando partidos satélites para seguir negociando poder y presupuesto.
Antorcha Campesina entiende perfectamente que el desgaste social que arrastra
es profundo. En municipios del oriente mexiquense, la organización es recordada
por señalamientos de despojo de predios, presión sobre estudiantes y familias
humildes para acudir a marchas y plantones, así como cobro constante de cuotas
disfrazadas de “aportaciones” para oficinas y movilizaciones.
Durante años, miles de familias pobres fueron utilizadas como
masa política mientras los dirigentes antorchistas acumulaban poder económico y
propiedades. La inconformidad social creció precisamente porque la promesa de
apoyo popular terminó convertida en un esquema de control político donde los
únicos beneficiados fueron los líderes de la organización.
Por eso, dentro de Morena muchos consideran inadmisible
cualquier acercamiento con Antorcha Campesina. La organización representa
exactamente lo contrario al discurso de transformación que prometió erradicar
los abusos del viejo régimen. Sin embargo, mientras una parte del morenismo
rechaza tajantemente esos acuerdos, el Partido Verde parece dispuesto a recoger
nuevamente los restos políticos que otros partidos ya no quieren cargar.
La apuesta de Pepe Couttolenc podría salirle muy cara. En
lugar de construir una identidad propia, el Verde mexiquense corre el riesgo de
convertirse en refugio de estructuras desacreditadas, operadores priistas
reciclados y grupos señalados por décadas de manipulación política. Y en el
camino, terminar hundido junto con ellos.

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