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jueves, 14 de mayo de 2026

LA PAZ: MARTHA GUERRERO GOBIERNA ENTRE PROMESAS RECICLADAS, MIEDO Y UN MUNICIPIO TOMADO POR LA VIOLENCIA

 

*Entre ejecuciones, extorsiones y abandono policial, la alcaldesa admite el colapso de la seguridad mientras promete soluciones que nunca llegan

 

Por: EXPEDIENTE SECRETO

 


LOS REYES LA PAZ, Estado de México, 14 de mayo de 2026.- A un año y cinco meses de haber llegado al poder bajo las siglas de Morena, la alcaldesa Martha Guerrero Sánchez parece seguir atrapada en modo campaña. En entrevista con medios de comunicación, la morenista habló de inseguridad, patrullas, cámaras y promesas futuras como si apenas estuviera pidiendo el voto y no gobernando uno de los municipios más violentos y abandonados del Estado de México.

 

La propia edil reconoció el tamaño del desastre: admitió que el municipio, con más de 350 mil habitantes, debería contar con más de 800 policías, pero apenas tiene 426 elementos. Sin embargo, pese al reconocimiento de la crisis, no explicó por qué durante un año y cinco meses su gobierno no ha sido capaz de fortalecer a la corporación municipal ni mejorar las condiciones laborales de los uniformados, quienes apenas perciben alrededor de 3 mil pesos quincenales, un salario miserable para enfrentar a grupos criminales que operan con absoluta impunidad.

 

La alcaldesa presumió la adquisición de nuevas patrullas y afirmó que contarán con entre 80 y 90 unidades para atender “mapas de calor” y zonas inseguras. Pero lejos de generar confianza, sus declaraciones levantan sospechas sobre otro posible negocio millonario disfrazado de arrendamiento vehicular, mientras la violencia continúa devorando colonias enteras.

 

Cuando habló de las zonas más peligrosas, mencionó a Lomas de San Sebastián y la cabecera municipal, aunque intentó minimizar la situación diciendo que “las colonias cambian”. La realidad es mucho más brutal: en las últimas semanas, la cabecera municipal ha sido escenario de una ola de ejecuciones de hombres y mujeres, incluso mujeres asesinadas mientras hacían ejercicio. Dentro de bares también han sido ejecutadas mujeres, en una estrategia de terror vinculada al cobro de derecho de piso y al control criminal del territorio.

 

Aun así, la alcaldesa habló de la inseguridad como si se tratara de “un poco” de robos de motocicletas, “un poco” de robo a transeúntes y “un poco” de robo vehicular. La expresión retrata el nivel de desconexión de un gobierno que parece incapaz de dimensionar la tragedia diaria que viven miles de habitantes.

 

En otro momento de la entrevista, Martha Guerrero Sánchez suspiró y, con evidente duda, aseguró que para comenzar necesitarían apenas 30 cámaras de videovigilancia. Luego reconoció que serían insuficientes para cubrir un municipio rebasado por la delincuencia. El comentario provocó indignación entre vecinos que hace apenas unos días difundieron videos donde se observa a policías municipales retirando cámaras de vigilancia particulares sin explicación alguna, como si la propia corporación actuara más en favor de grupos criminales que de la ciudadanía.

 

La contradicción es todavía más grave porque la alcaldesa admitió tener identificadas al menos 11 cámaras descompuestas en las partes altas del municipio, precisamente donde la presencia policiaca es prácticamente inexistente y donde operan grupos criminales ligados al despojo de terrenos, extorsión y narcomenudeo.

 

En esas mismas zonas, reconoció que existen delitos de los que ni siquiera tienen conocimiento. Es decir, la presidenta municipal aceptó públicamente que hay territorios de La Paz donde el gobierno simplemente no tiene control.

 

Pese al escenario de terror, la morenista perdió el piso y comenzó a repartir promesas: habló de “dar certeza”, “confianza” y “valor a la palabra”, olvidando que ya lleva más de un año gobernando sin resultados visibles. La frase resultó todavía más insultante cuando aseguró que si prometen instalar cámaras “tienen que funcionar”, como si la población no estuviera cansada de escuchar compromisos incumplidos.

 

En una contradicción brutal, afirmó que la ciudadanía “confía mucho” en su administración porque les expresan sus preocupaciones cuando camina por las colonias. Pero la verdadera pregunta es otra: ¿de qué sirve escuchar a la población cuando no existen soluciones reales? La propia alcaldesa terminó por reconocer la gravedad del colapso al revelar que ella misma ha sido víctima de asaltos y que incluso le han apuntado con una pistola en la cabeza. Si la alcaldesa no puede sentirse segura, ¿qué queda para los ciudadanos comunes?

 

También presumió la llegada del general Raúl Martínez como nuevo coordinador regional de seguridad en la zona oriente, tras el fracaso de su antecesor. Pero mientras las autoridades organizan reuniones y recorridos oficiales, la violencia sigue fuera de control.

 

La alcaldesa incluso aseguró, con entusiasmo, que cada 15 días se reúne con la gobernadora Delfina Gómez Álvarez y afirmó que la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo revisa diariamente los índices delictivos de La Paz. Declaraciones que para muchos habitantes suenan más a propaganda política que a una estrategia efectiva de seguridad.

 

Pero quizás lo más delicado es lo que la alcaldesa evita mencionar. En Los Reyes La Paz es un secreto a voces que su esposo, Tranquilino Lagos Buenabad, presuntamente habría establecido acuerdos con el grupo criminal “Sindicato 22 de Octubre”, encabezado en la zona por Héctor Becerril. Versiones que apuntan a que, a cambio de fuertes cantidades de dinero, se permitió a este grupo tomar control del negocio de distribución de agua mediante pipas y comenzar operaciones de extorsión en tianguis y zonas comerciales para imponer cobros de derecho de piso.

 

Mientras las ejecuciones aumentan, los robos se multiplican y las partes altas permanecen prácticamente abandonadas, el gobierno municipal insiste en discursos optimistas y promesas recicladas. La tragedia de La Paz ya no puede ocultarse detrás de conferencias, patrullas rentadas o reuniones políticas. Hoy el municipio parece gobernado por la improvisación, el miedo y la sombra de la delincuencia organizada.

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