EL EDOMEX NO MERECE IMPORTAR EL FRACASO DE SINALOA
*Mientras Sinaloa se hundía en la violencia y el poder criminal,
el Edomex abrió sus instituciones de seguridad a mandos foráneos señalados por
su cercanía con estructuras ligadas al narcotráfico y al fracaso policiaco
Mientras en Sinaloa la violencia dejó ciudades paralizadas,
negocios cerrados y una sociedad sometida por el miedo, en el Estado de México
la administración de la morenista Delfina Gómez Álvarez abrió las puertas de la
seguridad pública a un grupo de mandos importados que llegan cargando
señalamientos, sospechas y un historial profundamente cuestionado, porque lejos
de velar por la seguridad de aquel estado, le servían a “Los Chapitos” y a “El
Mayo Zambada.
La cabeza visible de esta operación es Cristóbal Castañeda
Camarillo, ex secretario de Seguridad en Sinaloa, estado donde el crimen
organizado creció hasta convertirse prácticamente en una autoridad paralela. Y
aun así, lejos de rendir cuentas por los resultados en aquella entidad,
aterrizó en el Edomex acompañado de su propio círculo de poder.
No llegó solo. Trajo consigo a funcionarios como Carlos
Alberto Hernández Leyva, Víctor Antonio Cisneros Díaz, Jesús Astorga Ríos y Gonzalo
Hernández Durazo, este último ex Delegado de la PGR y señalado por su oscuro
paso dentro de estructuras federales en Sinaloa.
La pregunta es inevitable: ¿qué experiencia vienen a exportar
al Estado de México? ¿La de un estado incendiado por la guerra entre grupos
criminales? ¿La de ciudades enteras sometidas por el miedo? ¿O la de gobiernos
incapaces de contener a organizaciones como “Los Chapitos” y la estructura de
Ismael “El Mayo” Zambada?
La indignación crece porque no se trata únicamente de
nombramientos administrativos. Se trata del control de la seguridad pública, de
la inteligencia policial y de la formación de nuevos elementos mexiquenses. La
Universidad Mexiquense de Seguridad, institución clave para la capacitación
policial, terminó convertida en enclave político del llamado “Grupo Sinaloa”, desplazando
perfiles locales y dejando la impresión de que la lealtad política pesa más que
la capacidad o la confianza ciudadana.
El mensaje para los mexiquenses es demoledor: mientras
millones de ciudadanos viven atrapados entre extorsiones, desapariciones,
ejecuciones y cobro de piso, el gobierno estatal coloca en puestos estratégicos
a personajes ligados a uno de los modelos de seguridad más cuestionados del
país.
Y el problema es todavía más profundo. Porque cuando un
gobierno importa mandos policiacos desde una entidad señalada por presuntos
vínculos entre poder político y crimen organizado, también importa
desconfianza, sospechas y temor.
La administración de Delfina Gómez Álvarez prometió
transformación, austeridad y cercanía con la gente. Pero la realidad parece
distinta: un aparato de seguridad cerrado, opaco y dominado por operadores
externos que desconocen la complejidad social, territorial y criminal del
Estado de México.
Ecatepec, Toluca, Naucalpan, Chimalhuacán, La Paz, Ecatepec,
Chalco, Valle de Chalco, Amecameca, San Vicente Chicoloapan, Texcoco, Nezahualcóyotl,
etcétera, etcétera, etcétera, viven una crisis brutal de violencia. En lugar de
fortalecer a perfiles locales con conocimiento del territorio, la estrategia
fue entregar posiciones clave a un grupo que llega desde un estado hundido en
una de las peores crisis de seguridad de México.
La pregunta política comienza a tomar fuerza dentro y fuera de
Morena: ¿cuánto más resistirá Delfina Gómez Álvarez sosteniendo a Cristóbal
Castañeda Camarillo y a su bloque sinaloense?
Porque cada día que pasa, el costo ya no es únicamente
político. El costo lo pagan millones de mexiquenses que observan cómo la
seguridad de sus familias quedó en manos de funcionarios marcados por el
fracaso, la sospecha y la sombra permanente de la narco-política.
No hay comentarios:
Publicar un comentario