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 EL EDOMEX NO MERECE IMPORTAR EL FRACASO DE SINALOA   *Mientras Sinaloa se hundía en la violencia y el poder criminal, el Edomex abrió s...

jueves, 21 de mayo de 2026

 EL EDOMEX NO MERECE IMPORTAR EL FRACASO DE SINALOA

 

*Mientras Sinaloa se hundía en la violencia y el poder criminal, el Edomex abrió sus instituciones de seguridad a mandos foráneos señalados por su cercanía con estructuras ligadas al narcotráfico y al fracaso policiaco

 


TOLUCA, Estado de México, 21 de mayo de 2026.- El problema ya no es únicamente la violencia. El verdadero escándalo es que el Gobierno del Estado de México parece decidido a convertir a la entidad en una sucursal política y operativa de Sinaloa, uno de los estados más golpeados por la narco-política, el control criminal y el colapso institucional.

 

Mientras en Sinaloa la violencia dejó ciudades paralizadas, negocios cerrados y una sociedad sometida por el miedo, en el Estado de México la administración de la morenista Delfina Gómez Álvarez abrió las puertas de la seguridad pública a un grupo de mandos importados que llegan cargando señalamientos, sospechas y un historial profundamente cuestionado, porque lejos de velar por la seguridad de aquel estado, le servían a “Los Chapitos” y a “El Mayo Zambada.

 

La cabeza visible de esta operación es Cristóbal Castañeda Camarillo, ex secretario de Seguridad en Sinaloa, estado donde el crimen organizado creció hasta convertirse prácticamente en una autoridad paralela. Y aun así, lejos de rendir cuentas por los resultados en aquella entidad, aterrizó en el Edomex acompañado de su propio círculo de poder.

 

No llegó solo. Trajo consigo a funcionarios como Carlos Alberto Hernández Leyva, Víctor Antonio Cisneros Díaz, Jesús Astorga Ríos y Gonzalo Hernández Durazo, este último ex Delegado de la PGR y señalado por su oscuro paso dentro de estructuras federales en Sinaloa.

 

La pregunta es inevitable: ¿qué experiencia vienen a exportar al Estado de México? ¿La de un estado incendiado por la guerra entre grupos criminales? ¿La de ciudades enteras sometidas por el miedo? ¿O la de gobiernos incapaces de contener a organizaciones como “Los Chapitos” y la estructura de Ismael “El Mayo” Zambada?

 

La indignación crece porque no se trata únicamente de nombramientos administrativos. Se trata del control de la seguridad pública, de la inteligencia policial y de la formación de nuevos elementos mexiquenses. La Universidad Mexiquense de Seguridad, institución clave para la capacitación policial, terminó convertida en enclave político del llamado “Grupo Sinaloa”, desplazando perfiles locales y dejando la impresión de que la lealtad política pesa más que la capacidad o la confianza ciudadana.

 

El mensaje para los mexiquenses es demoledor: mientras millones de ciudadanos viven atrapados entre extorsiones, desapariciones, ejecuciones y cobro de piso, el gobierno estatal coloca en puestos estratégicos a personajes ligados a uno de los modelos de seguridad más cuestionados del país.

 

Y el problema es todavía más profundo. Porque cuando un gobierno importa mandos policiacos desde una entidad señalada por presuntos vínculos entre poder político y crimen organizado, también importa desconfianza, sospechas y temor.

 

La administración de Delfina Gómez Álvarez prometió transformación, austeridad y cercanía con la gente. Pero la realidad parece distinta: un aparato de seguridad cerrado, opaco y dominado por operadores externos que desconocen la complejidad social, territorial y criminal del Estado de México.

 

Ecatepec, Toluca, Naucalpan, Chimalhuacán, La Paz, Ecatepec, Chalco, Valle de Chalco, Amecameca, San Vicente Chicoloapan, Texcoco, Nezahualcóyotl, etcétera, etcétera, etcétera, viven una crisis brutal de violencia. En lugar de fortalecer a perfiles locales con conocimiento del territorio, la estrategia fue entregar posiciones clave a un grupo que llega desde un estado hundido en una de las peores crisis de seguridad de México.

 

La pregunta política comienza a tomar fuerza dentro y fuera de Morena: ¿cuánto más resistirá Delfina Gómez Álvarez sosteniendo a Cristóbal Castañeda Camarillo y a su bloque sinaloense?

 

Porque cada día que pasa, el costo ya no es únicamente político. El costo lo pagan millones de mexiquenses que observan cómo la seguridad de sus familias quedó en manos de funcionarios marcados por el fracaso, la sospecha y la sombra permanente de la narco-política.

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