METEPEC: DEL CASTIGO EJEMPLAR AL RESPALDO
POLÍTICO A POLICÍAS GOLPEADORES
*Fernando Flores intenta justificar brutalidad policiaca y
abre la puerta a la impunidad
Por: EXPEDIENTE SECRETO
La contradicción exhibe no solo desorden dentro del gobierno
municipal, sino una peligrosa narrativa que pretende normalizar el abuso
policial y convertir a los uniformados en jueces y verdugos en plena vía
pública.
El escándalo estalló luego de que se difundiera un video
grabado en las calles Ezequiel Capistrán Rodríguez y Miguel Hidalgo, donde se
observa a elementos de la policía municipal interceptar a un hombre que
circulaba en bicicleta, someterlo a golpes y posteriormente dejarlo ir.
Las imágenes provocaron indignación inmediata en redes
sociales debido a la evidente desproporción en el uso de la fuerza. En el video
se aprecia cómo al menos tres policías participan en la agresión física contra
un hombre que nunca fue presentado ante autoridad ministerial alguna.
Ante la presión pública, el comisario de Seguridad Pública de
Metepec, Jesús Ramírez Manzur, difundió un mensaje asegurando que los elementos
ya habían sido identificados y separados de sus funciones.
“El presidente fue claro: no se permitirá que ningún
funcionario abuse de su posición”, declaró el mando policiaco, prometiendo una
investigación y acompañamiento a la persona afectada.
Sin embargo, el discurso institucional cambió abruptamente
cuando el alcalde Fernando Flores Fernández decidió intervenir para justificar
la actuación de los policías, argumentando que el hombre agredido supuestamente
ya había sido detenido anteriormente y liberado por la Fiscalía por falta de
pruebas.
La declaración del alcalde abre cuestionamientos delicados:
¿desde cuándo un antecedente o una sospecha se convierte en autorización para
golpear ciudadanos en la calle? ¿Bajo qué ley los policías municipales pueden
castigar físicamente a una persona sin presentarla ante el Ministerio Público?
Porque si el hombre realmente cometió un delito, la obligación
legal de los uniformados era detenerlo conforme a derecho y ponerlo a
disposición de la autoridad competente, no propinarle una golpiza y después
abandonarlo en la vía pública.
El problema de fondo no es únicamente la agresión captada en
video, sino el mensaje político que emite el gobierno de Metepec: la
posibilidad de legitimar la violencia policial bajo el argumento de que la
víctima “podría ser delincuente”.
En un Estado de derecho, la culpabilidad no la determina un
alcalde, ni un policía municipal, ni una publicación en redes sociales. La
determina una autoridad judicial mediante pruebas y un debido proceso.
Lo verdaderamente preocupante es que mientras el comisario
hablaba de sanciones y separación del cargo, el presidente municipal ya
comenzaba a abrir la puerta para el eventual regreso de los elementos
involucrados.
La pregunta que hoy queda en el aire para los habitantes de
Metepec es inevitable: si el propio alcalde justifica el uso excesivo de la
fuerza, ¿qué garantías tiene cualquier ciudadano de no ser golpeado mañana bajo
la simple acusación de “parecer sospechoso”?
Porque las imágenes son contundentes. No muestran una
detención profesional. No muestran control táctico. Muestran brutalidad.
Y cuando una autoridad intenta justificar la brutalidad en
lugar de condenarla, el mensaje para la corporación policiaca es devastador: la
violencia puede tener respaldo político.
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