ANTORCHA: EL DISCURSO DE LA DEMOCRACIA DESDE LA COMODIDAD DEL PODER
*Mientras Abel Pérez Zamorano alerta sobre el avance de la derecha
en América Latina, la organización enfrenta cuestionamientos por su liderazgo
perpetuo, su modelo de control político y la pérdida de respaldo ciudadano en
sus antiguos bastiones
Por: EXPEDIENTE SECRETO
El dirigente de Antorcha Campesina aseguró que la
"ultraderecha" avanza peligrosamente en el continente. Citó los
cambios de gobierno registrados en diversos países y advirtió que México podría
recorrer el mismo camino si Morena no atiende con mayor decisión a las clases
trabajadoras. Incluso responsabilizó al llamado "imperialismo" de
impulsar ese supuesto reacomodo político.
Pero mientras Abel Pérez Zamorano señala enemigos externos,
guarda absoluto silencio sobre los problemas internos de Antorcha que durante
años han desgastado la credibilidad de la organización.
Hablar de democracia resulta difícil cuando Antorcha Campesina
continúa bajo el liderazgo histórico y vitalicio de Aquiles Córdova Morán,
fundador y principal dirigente del movimiento desde hace décadas. La renovación
de liderazgos, la pluralidad y la alternancia que hoy exige para los gobiernos
son principios que, nunca se han reflejado en la estructura interna de la
organización a la que el pertenece.
Resulta igualmente contradictorio escuchar llamados en favor
de los trabajadores provenientes de un movimiento que durante años ha sido acusado
de convertir a miles de personas de escasos recursos en su principal
instrumento de presión política. Obligándolos a participar en marchas,
plantones, bloqueos y movilizaciones, durante décadas, ha sido el sello
distintivo de Antorcha Campesina.
El discurso también pierde fuerza cuando se confronta con la
realidad económica de la propia organización. Mientras condena el poder del
capital y de las élites económicas, Antorcha Campesina ha construido una
importante estructura empresarial que, de acuerdo con información pública y
diversas investigaciones periodísticas, incluye gasolineras, restaurantes,
instituciones educativas y otros negocios que permite a los líderes vivir como
virreyes. Esa situación ha dado pie a cuestionamientos sobre la coherencia
entre su narrativa política y el patrimonio asociado al movimiento.
LA MAYOR CONTRADICCIÓN, SIN EMBARGO, SE ENCUENTRA EN LAS URNAS
Si Antorcha Campesina presume ser un movimiento disciplinado,
ideológicamente sólido y con respaldo popular, la pregunta es inevitable: ¿por
qué nunca ha logrado consolidarse como una fuerza política propia capaz de
competir con éxito a nivel local o nacional?
La pérdida de municipios emblemáticos como Chimalhuacán e
Ixtapaluca marcó el inicio del declive político de una organización que durante
años convirtió esas administraciones en su principal escaparate de poder.
Hoy, lejos de recuperar por sí misma la confianza ciudadana,
el movimiento enfrenta versiones sobre acercamientos con distintos actores
políticos, entre ellos el senador Higinio Martínez Miranda, con la intención de
construir acuerdos rumbo al proceso electoral de 2027. Esas versiones alimentan
la percepción de que Antorcha Campesina solo busca mantenerse vigente mediante
alianzas políticas, más que a través de un crecimiento electoral propio.
Y mientras sus dirigentes advierten que la democracia está en
riesgo, en municipios donde gobernaron durante años persiste un recuerdo que
continúa pesando en la memoria colectiva. La mayoría de ciudadanos identifican
aquellos gobiernos con un modelo de control político que privilegiaba a sus
liderazgos y no a los ciudadanos, las movilizaciones permanentes y la
concentración del poder son parte de los recuerdos. Por ello, consideran que
Antorcha Campesina nunca debe de regresar a gobernar.
El discurso de Abel Pérez Zamorano pretende presentar a
Antorcha Campesina como el último bastión de la izquierda popular. Sin embargo,
antes de señalar a la derecha, al imperialismo o a los adversarios ideológicos,
la organización tendría que responder por qué perdió el respaldo en los
territorios que gobernó durante décadas y por qué su modelo político genera hoy
más dudas que entusiasmo.
Porque la democracia no se defiende únicamente con discursos
transmitidos por televisión. También se demuestra con alternancia, con
autocrítica, con transparencia y con la disposición de someterse al juicio de
los ciudadanos.
Y precisamente ahí es donde, para muchos ciudadanos, Antorcha
Campesina mantiene su mayor deuda.






