K9, PROPAGANDA Y SIMULACIÓN: LA PAZ PRESUME SEGURIDAD MIENTRAS LA INSEGURIDAD Y LA EXTORSIÓN SIGUEN MANDANDO
*Con sueldos de hambre, policías sin dignidad y boletines
triunfalistas, el gobierno de La Paz fabrica una seguridad que no existe
Por: EXPEDIENTE SECRETO
LOS REYES LA PAZ, Estado de México, 4 de febrero de 2026.— Entre
ceremonias cívicas, honores a la bandera y boletines cuidadosamente redactados,
el gobierno municipal de Martha Guerrero Sánchez intenta vender la idea de que
la seguridad en La Paz avanza. La realidad en las calles, sin embargo,
contradice el discurso oficial: la delincuencia no se ha ido, la percepción de
inseguridad persiste y la estrategia parece más enfocada en la propaganda que
en resolver el problema de fondo.
El anuncio del fortalecimiento de la Unidad K9 —pasar de dos a
cuatro caninos— fue presentado como un logro relevante. Pero en un municipio
asfixiado por el narcomenudeo, los asaltos y las extorsiones, la medida resulta
simbólica y claramente insuficiente. Cuatro perros no representan una política
de seguridad, sino un recurso mediático que sirve para encubrir la falta de
resultados tangibles.
La alcaldesa insistió en que la unidad fue recibida en
abandono y que ahora cuenta con instructores certificados y mejores
condiciones. El argumento del “todo estaba mal antes” se repite como coartada
para justificar la incapacidad de la administración actual. A más de un año de
gobierno de Morena, los problemas estructurales de la policía municipal siguen
intactos y los ciudadanos siguen sin ver mejoras reales.
La morenista Guerrero Sánchez aseguró que la incidencia
delictiva ha disminuido gracias a la coordinación con la Marina, la Guardia
Nacional y la Policía Estatal. No obstante, incluso el propio gobierno admite
que esa supuesta reducción no se percibe entre la población. No se trata de una
sensación aislada: vecinos continúan denunciando robos, cobro de cuotas, abusos
policiales y venta de droga a plena luz del día, sin que existan cifras
públicas, verificables y transparentes que respalden el optimismo oficial.
El discurso se apoya en la entrega de uniformes, equipo táctico,
kits para armas y nuevas patrullas. Pero el gobierno municipal evita
deliberadamente hablar del elefante en la habitación: la miseria salarial de
los policías. Hace apenas ocho meses, los propios elementos bloquearon una
carretera para exigir un aumento de sueldo. Su ingreso sigue siendo de 3 mil
500 pesos quincenales, una cantidad insultante para quien arriesga la vida
todos los días.
Con salarios de hambre, no puede sorprender que la corporación
sea vulnerable a la corrupción, la extorsión y los malos tratos a la
ciudadanía. Pretender combatir la delincuencia sin dignificar a la policía es
una receta conocida para el fracaso. El gobierno exige honestidad, pero no
garantiza condiciones mínimas de vida; pide disciplina, pero paga una miseria.
La alcaldesa también presumió la publicación del Código de
Ética Profesional y afirmó que hoy los policías “son más observados” y
“grabados”. Pero la vigilancia no sustituye al profesionalismo, ni los códigos
impresos sustituyen a una política seria de depuración, sanción y mejora
salarial. Sin consecuencias reales, la ética es solo discurso.
En La Paz, la seguridad no se construye con boletines
optimistas ni con fotos oficiales. Se construye con resultados, transparencia y
voluntad política para enfrentar las causas reales del problema. Mientras el
gobierno municipal siga apostando a la simulación y evite tocar los temas
incómodos, la inseguridad seguirá mandando y los ciudadanos seguirán pagando el
costo de un gobierno que confunde propaganda con gobierno.









