PRI EN RUINAS Y ALIANZAS EN LA SOMBRA: 2027, LA ANTESALA
DE UNA TRAICIÓN MÚLTIPLE EN EL EDOMEX
*Peñistas reciclados en verde y naranja, y un Morena
fracturado por ambiciones internas, anticipan una batalla sin lealtades rumbo
al 2027 en el Estado de México.
Por: EXPEDIENTE SECRETO
Toluca, Estado de México, 18 de febrero de 2026.— En el
tablero político mexiquense nadie quiere cargar ya con el costo de defender a Alejandro
Moreno Cárdenas. El dirigente nacional del PRI, mejor conocido como Alito, se
ha convertido en un lastre que muchos dentro y fuera del tricolor prefieren
soltar antes de que el barco termine de hundirse.
La estampida es silenciosa, pero evidente. Los peñistas más
activos ya no operan desde el PRI; hoy se mueven con mayor comodidad en Movimiento
Ciudadano y el Partido Verde Ecologista de México. Cambiaron de camiseta, pero
no de ambición. El cálculo es frío: si el PRI cae definitivamente en 2027, más
vale estar ya instalados en otra trinchera.
En los pasillos de la élite mexiquense el rumor es claro: 2027
puede ser el año en que se termine de sepultar al PRI… y a Alito con él. Pero
no será una ejecución frontal; será una operación quirúrgica desde el verde y
el naranja. Las reuniones recientes entre Aurelio Nuño, Eruviel Ávila y Alfredo
del Mazo Maza no son tertulias de exgobernadores nostálgicos. Son encuentros
estratégicos. Saben que el tricolor agoniza y que el golpe definitivo podría
venir desde partidos que hoy les sirven de refugio, aprovechando además la
crisis interna que ya asoma en Morena.
MIENTRAS TANTO, EN LA ACERA GUINDA, LA HISTORIA NO ES MENOS
TURBIA
El senador Higinio Martínez Miranda juega a dos pistas. En
público jura lealtad absoluta al movimiento que lo llevó al Senado; en privado,
se sienta con priistas, perredistas, emecistas y verdes para reclutar cuadros y
armar su propia estructura en el Estado de México. No construye unidad:
construye poder personal.
Al interior de Morena lo describen como un operador que no
descansa. “Hay que cuidarle 24 horas”, dicen. Habla de cohesión, pero insiste
en dividir a la llamada Cuarta Transformación en la entidad. Su estrategia es
clara: levantar un poder paralelo que le garantice influencia, con o sin la
bendición oficial.
Martínez Miranda sabe que si controla Morena rumbo a 2027,
decidirá candidaturas. Y si no lo logra, tendrá el músculo suficiente para
presionar. Porque el objetivo real —advierten voces internas— no es la próxima
elección, sino la de 2029. En esa ecuación ya figuran nombres que no son
menores: la presidenta Claudia Sheinbaum, la gobernadora Delfina Gómez Álvarez
y la dirigente nacional de Morena, Luisa María Alcalde, quienes —según fuentes
guindas— tienen claro que al texcocano no se le puede perder de vista.
La política mexiquense vive así una paradoja grotesca:
mientras el PRI se desmorona por dentro y sus cuadros buscan salvavidas en
otros colores, Morena enfrenta sus propias fracturas internas. Y en medio de
ese escenario, la ambición personal parece pesar más que cualquier proyecto
ideológico.
Hay quienes recuerdan que en política no existen enemigos
eternos, solo intereses permanentes. Si eso es cierto, el Estado de México se
encamina a una guerra de traiciones cruzadas donde los colores partidistas
serán apenas un disfraz.
El 2027 no solo definirá cargos; podría redefinir lealtades,
estructuras y pactos inconfesables. Y en ese juego, más de uno ya demostró que
está dispuesto a hacer acuerdos con quien sea necesario con tal de no quedarse
fuera del poder.








