EL VERDE EN EDOMEX: REFUGIO DE CHAPULINES
Y SOMBRA DE INTERESES CRIMINALES
*Couttolenc apuesta por ex priistas, operadores reciclados y
perfiles cuestionados mientras el partido abandona cualquier rastro de agenda
ambiental
Por: EXPEDIENTE SECRETO
La reciente afiliación de Luis Manuel Orihuela Márquez
confirma esta ruta. Ex candidato del PRI en Tlalnepantla, luego militante de
Morena y ahora integrado al Verde, su trayectoria no representa evolución
política, sino el manual clásico del “chapulineo” que privilegia la
supervivencia electoral por encima de cualquier convicción ideológica.
El dirigente estatal del PVEM, José Alberto Couttolenc
Buentello, lo presentó como un “liderazgo local”, pero en realidad se trata de
un operador con más de 30 años en las entrañas del priismo, que en su momento
descalificó a Morena y hoy se mueve sin pudor entre partidos. No hay proyecto:
hay cálculo.
La maniobra ocurre en Tlalnepantla, un municipio clave donde
Morena domina con más de 148 mil votos obtenidos en 2024, frente a los apenas
10 mil del Verde. La lectura es clara: el PVEM no crece por
propuesta, sino por absorción de estructuras ajenas ante su
incapacidad de construir una base propia.
PERO EL PROBLEMA VA MUCHO MÁS ALLÁ DEL OPORTUNISMO POLÍTICO
El Verde mexiquense arrastra señalamientos graves que exhiben
una preocupante tolerancia —o incluso cercanía— con perfiles vinculados a
actividades delictivas. El caso más escandaloso es el de Christian Jesús
Castillo Grimaldo, alias “El Jimmy”, líder del grupo criminal “Sindicato 22 de
Octubre”, a quien el partido abrió sus puertas y permitió ocupar un cargo como
regidor en Chalco.
Hoy, “El Jimmy” está vinculado a proceso por delitos de alto
impacto como secuestro, extorsión y homicidio. Sin embargo, la estructura
criminal que encabezaba sigue operando con total impunidad en municipios como
Chalco, Ixtapaluca, Los Reyes La Paz y Chicoloapan, controlando transporte
público, extorsiones y hasta pozos de agua.
EL SILENCIO INSTITUCIONAL ES ENSORDECEDOR
Ni el gobierno estatal ni la fiscalía han logrado —o querido—
desmontar estas redes, lo que alimenta la percepción de complicidad y abandono.
Mientras tanto, el Verde no solo no se deslinda, sino que continúa integrando
perfiles cuestionados.
Otro ejemplo es el de Axel Villaseñor, nombrado líder juvenil
del partido, señalado como presunto integrante de grupos de extorsión que
mantienen bajo presión a comerciantes. Su ascenso dentro del PVEM no es un
error aislado, sino parte de un patrón.
A esto se suma la posible incorporación de liderazgos de
Antorcha Campesina, histórico grupo de choque del PRI, que hoy negocia su
aterrizaje en el Verde como “plan B” ante la incertidumbre en Morena. La escena
es reveladora: organizaciones clientelares, operadores políticos reciclados y
figuras controvertidas convergen en un mismo espacio.
EL RESULTADO ES UN PARTIDO SIN IDENTIDAD
El PVEM ha transitado sin pudor de alianzas con el PRI al PAN
y posteriormente a Morena, siempre orbitando alrededor del poder en turno. Su
supuesta agenda ambiental es inexistente; su verdadera vocación es la
supervivencia política a cualquier costo.
La incorporación de priistas, panistas y perfiles bajo
sospecha no fortalece al partido: lo exhibe.
Lejos de consolidarse como una alternativa, el Verde en el
Estado de México se configura como un instrumento de conveniencia, donde caben
todos aquellos que buscan mantenerse vigentes, sin importar su pasado, sus
contradicciones o los señalamientos en su contra.
Rumbo a 2027, más que una fuerza política en crecimiento, el
PVEM parece consolidarse como un espacio de reacomodo… y de riesgo.








