PROTECCIÓN ANIMAL EN EDOMEX: LEY HISTÓRICA… EN MEDIO
DEL LODAZAL POLÍTICO DE HIGINIO
Por: EXPEDIENTE SECRETO
Las comisiones unidas de Procuración y Administración de Justicia
y de Protección Ambiental aprobaron 17 iniciativas que darán vida a la Ley de
Protección, Cuidado y Bienestar Animal del Estado de México, un paquete de 18
capítulos y 126 artículos que reconoce a los animales como seres sintientes,
rompiendo formalmente con su tratamiento como objetos.
El diseño legal es ambicioso: contempla un Registro Único de
Animales de Compañía con clave individual, expediente médico y un responsable
legal identificable, lo que permitirá rastrear abandono, fincar responsabilidades
y construir políticas públicas con datos reales. A esto se suma un Registro
Administrativo de sanciones por maltrato animal para frenar la reincidencia.
La ley también prohíbe de manera expresa la venta de animales
en la vía pública y restringe su comercialización a espacios regulados. Además,
garantiza el acceso de animales de compañía a espacios públicos, bajo
lineamientos oficiales.
En el terreno penal, el golpe es más severo: quien maltrate a
un animal enfrentará de tres a cinco años de prisión; los actos de crueldad
—que serán perseguidos de oficio— alcanzarán penas de hasta seis años, además
de multas de hasta 700 días. Las sanciones se agravan si los responsables son
servidores públicos o médicos veterinarios.
Pero el dictamen no está libre de concesiones: deja fuera de
la categoría de maltrato prácticas como la tauromaquia, peleas de gallos,
jaripeos, rodeos y actividades cinegéticas. Un guiño político que revela que,
incluso en una ley de avanzada, los intereses pesan más que los principios.
EL TRASFONDO POLÍTICO ENSUCIA EL AVANCE
El tiempo no es casual. La aprobación ocurre en medio de una
tormenta política que golpea directamente al círculo de Higinio Martínez.
Apenas días antes, fue exhibida la senadora Mariela Gutiérrez Escalante,
acusada de haber ordenado el sacrificio de más de 10 mil perros durante su paso
por la alcaldía de Tecámac.
El escándalo no solo encendió la indignación social: dejó al
descubierto la fragilidad ética del llamado “Higinismo”, una corriente que se
asume de izquierda mientras acumula episodios difíciles de justificar.
Y como si el contexto no fuera suficiente, el propio Higinio
Martínez Miranda decidió escalar la confrontación. El pasado domingo 19 y 21 de
abril lanzó advertencias abiertas al gobierno federal y a la administración
estatal encabezada por Delfina Gómez Álvarez, a quien le exigió no dejar “la
mano estirada”, advirtiendo consecuencias “devastadoras” para Morena en
términos políticos.
Lo que debía ser un acto de cohesión terminó convertido en el
banderazo de una confrontación interna con claros tintes electorales, en un
movimiento que, según sus críticos, bordea la ilegalidad y anticipa una campaña
fuera de tiempos.
ALIANZAS INCÓMODAS Y ACUSACIONES GRAVES
El problema no es solo el discurso, sino el entorno. Entre los
aliados del senador aparecen perfiles constantemente señalados.
Está el caso de Azucena Cisneros Coss, bajo sospecha por
presuntos vínculos con redes de extorsión; o Martha Guerrero Sánchez, cuyo
círculo cercano ha sido relacionado con grupos delictivos que operan con
protección institucional en La Paz.
A esto se suma Felipe Rodríguez Aguirre, operador político
acusado de fabricar movilizaciones estudiantiles mediante el acarreo de jóvenes
de preparatorias populares, esquema que —según denuncias— ha beneficiado
económicamente a su familia.
Y quizá lo más revelador: la cercanía con Antorcha Campesina,
organización históricamente confrontada con Higinio, pero hoy convertida en
aliada estratégica. Un giro que desmorona cualquier narrativa ideológica y
confirma que, en este grupo, las convicciones son intercambiables.
UNA LEY NECESARIA… Y UN MENSAJE INCÓMODO
En este contexto, la nueva legislación animal no solo busca
proteger a los seres sintientes. También funciona como un mensaje incómodo para
una clase política que ha normalizado la simulación, el abuso de poder y las
alianzas cuestionables.
Porque mientras el Congreso endurece las penas contra quien
maltrate a un animal, en la arena política persisten prácticas que, aunque no
siempre tipificadas como delito, reflejan una degradación ética profunda.
La ley llega, sí. Pero llega tarde. Y, sobre todo, llega con
destinatario. La pregunta es inevitable: ¿Se aplicará con la misma dureza que
promete… o será otro instrumento que se presume en tribuna mientras en la
realidad se ignora?








