MOTOS, ARMAS Y MUERTE: LA VIOLENCIA DESMIENTE LAS
CIFRAS DE AZUCENA CISNEROS
*El asesinato de una mujer exhibe las fallas de vigilancia en
Ecatepec, mientras vecinos y policías cuestionan la estrategia de seguridad y
el desempeño del comisario Luis Alberto Taylor González
Por: EXPEDIENTE SECRETO
La noche del jueves 20 de agosto, una mujer que circulaba a
bordo de una motoneta fue perseguida por sujetos armados que viajaban en otra
motocicleta, en una zona limítrofe entre las colonias Jardines de Morelos y La
Laguna Chiconautla.
La víctima intentó acelerar para escapar de sus agresores,
pero fue alcanzada cerca de la avenida Heberto Castillo y la calle Vicente
Guerrero. Los sujetos le dispararon al menos cinco veces y posteriormente
huyeron del lugar.
Elementos de seguridad municipal y estatal acudieron para
acordonar la zona y permitir el desarrollo de las investigaciones
correspondientes, bajo el protocolo de feminicidio.
El crimen, sin embargo, dejó nuevamente expuesta una de las
principales preocupaciones de los habitantes de estas zonas: la sensación de
que los delincuentes tienen mayor movilidad y capacidad de reacción que las
propias corporaciones de seguridad.
Los vecinos han solicitado mayor iluminación y una base de
vigilancia permanente en estos sectores, particularmente por tratarse de zonas
limítrofes donde, según habitantes, la presencia policial resulta insuficiente.
Mientras tanto, la alcaldesa morenista Azucena Cisneros
Coss insiste en que su administración ha conseguido reducir delitos de alto
impacto. Pero para los habitantes, las estadísticas oficiales poco significan
cuando una mujer puede ser perseguida durante la noche por sujetos armados y
terminar asesinada a plena vía pública.
El problema no se limita a este homicidio. De acuerdo con
testimonios recogidos por diversos medios, los habitantes enfrentan una
delincuencia que utiliza motocicletas como uno de sus principales instrumentos
para operar: desde robos de teléfonos celulares y asaltos a automovilistas
hasta despojos de vehículos y motocicletas a punta de pistola.
Las motocicletas también son señaladas como un medio
recurrente de movilidad para la distribución de drogas y para la comisión de ataques
armados.
La pregunta inevitable es ¿dónde están las patrullas cuando
los delincuentes se desplazan con semejante facilidad?
Porque de poco sirve presumir estadísticas descendentes si en
las calles persiste una ciudadanía que se siente vulnerable y observa cómo los
delincuentes circulan armados, seleccionan a sus víctimas, las atacan y
escapan.
A este escenario se suma el cuestionamiento interno hacia el
capitán de Marina Luis Alberto Taylor González, quien actualmente se desempeña
como comisario de Seguridad Ciudadana y Tránsito Municipal de Ecatepec.
Elementos de la propia corporación consultados sostienen que
el desempeño del mando ha resultado decepcionante y califican su gestión como
un fracaso. Incluso, aseguran que existe falta de conocimiento sobre la
operación territorial y las condiciones reales que enfrenta la policía
municipal.
Se trata de acusaciones que, por su gravedad, deberían ser
respondidas públicamente por el propio comisario y por el gobierno municipal.
Porque si los policías que están diariamente en las calles
consideran que su jefe desconoce la realidad operativa del municipio, entonces
el problema deja de ser solamente de percepción ciudadana y se convierte en un
asunto de conducción institucional.
El asesinato de esta mujer vuelve a colocar a Ecatepec frente
a una incómoda realidad: la seguridad no se mide únicamente con boletines,
porcentajes o conferencias de prensa; se mide en las calles, en la capacidad de
prevenir un asesinato, detener a los responsables y devolverle a la población
la tranquilidad que hoy no tiene.
Mientras el gobierno municipal presume avances, los habitantes
siguen pidiendo iluminación, vigilancia y policías suficientes.
Y mientras las autoridades hablan de reducción del delito, una
mujer ya no podrá contar si esas estadísticas son ciertas o no: fue asesinada a
balazos mientras intentaba escapar de sus agresores.
Ese es el verdadero rostro de la inseguridad que enfrenta
Ecatepec.




