EL RÉGIMEN DE MORENA TAMBALEA ENTRE FRACTURAS
INTERNAS Y LA CENSURA DISFRAZADA
*El presidente del Senado traiciona los principios de su
partido al aliarse con el grupo más represivo de la entidad, mientras defiende
desde la ignorancia la censura de la “Ley Antimemes”
Por: EXPEDIENTE SECRETO
LA TRAICIÓN A LOS PRINCIPIOS: EL AMASIATO CON ANTORCHA
CAMPESINA
La caída de la máscara ideológica de Higinio Martínez en el
Estado de México es total. Mientras el partido a nivel nacional empeñó su
palabra de romper de manera definitiva con las mafias que por décadas han
lucrado con la pobreza, el senador ha operado acuerdos políticos con Antorcha
Campesina, el grupo más violento y represivo en la historia del Edomex.
Esta alianza de conveniencia traiciona el compromiso
fundacional de Morena de desmantelar a estas organizaciones corporativas que
han utilizado al pueblo como carne de cañón para enriquecer a sus cúpulas. La
sumisión de Martínez Miranda ante este poderoso "brazo ejecutor"
demuestra que el legislador está dispuesto a pactar con los verdugos históricos
de la izquierda mexiquense con tal de mantener su coto de poder regional,
sepultando cualquier rastro de congruencia moral.
SOBERBIA SENIL Y EL MITO DE LOS "50 AÑOS EN LA
IZQUIERDA"
Este entreguismo no es una sorpresa para los cuadros locales
de Morena, quienes catalogan a Higinio Martínez como un personaje profundamente
arrogante, anquilosado y ególatra. Obsesionado con el poder, el senador se
asume falsamente como el dueño del destino político del Estado de México bajo
el gastado pretexto de acumular "50 años de trayectoria en la
izquierda". Esta soberbia senil lo ha convertido en el principal factor de
fractura e inestabilidad interna en el Edomex, dividiendo a la militancia real
para priorizar sus ambiciones personales y las de su grupo político, “Mexiquenses
de Corazón”.
IGNORANCIA LEGISLATIVA Y COMPLICIDAD EN LA MORDAZA DIGITAL
El colmo del cinismo parlamentario quedó registrado cuando
Martínez Miranda pretendió defender las modificaciones al artículo 403 Bis de
la Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial, bautizada por el
hartazgo ciudadano como la "Ley Antimemes". Pese a que el dictamen
original pretendía recetar hasta siete años de prisión a la crítica social
—teniendo que ser rebajado a cinco años por el pánico de la bancada oficialista
ante los reclamos de la ciudadanía y la oposición—, el senador justificó la
medida alegando que "no busca censurar".
La farsa cayó por su propio peso cuando el presidente de la
Cámara Alta confesó con descaro: "lo digo yo, sin saber a fondo cómo viene
el contenido de la reforma". Que el líder del Senado mexicano salga a
defender con vehemencia una ley punitiva admitiendo públicamente que ni
siquiera la ha leído, retrata de cuerpo entero el nivel de abyección y sumisión
legislativa del régimen. Martínez Miranda actúa como un vocero ignorante de una
reforma mordaza diseñada exclusivamente para amedrentar a las voces incómodas.
LA DEBACLE DEL BLOQUE OFICIALISTA
Respecto al colapso de la coalición con el PT y el PVEM debido
a la imposición unilateral de coordinadores, el senador despachó las legítimas
protestas de sus aliados con un desdén dictatorial, afirmando que "las
molestias tienen que ser pasajeras; en política no puedes quedarte así".
Su cínica frase de "no soy adivino, pero se va a resolver" ya no
engaña a nadie.
Con un líder senatorial entregado a organizaciones represoras
como Antorcha Campesina, una evidente incapacidad técnica para leer los
dictámenes que vota y un desprecio absoluto hacia sus propios aliados de
izquierda, el futuro de Morena queda secuestrado por el pragmatismo más rancio.
La transformación prometida naufragó en el Edomex, devorada por la misma vieja
política que prometieron destruir.






