LA FISCALÍA DEL EDOMEX: FÁBRICA DE CULPABLES
Y BRAZO POLÍTICO DE MORENA
*Mientras los verdaderos delincuentes extorsionan con armas
largas, la FGJEM encarcela a quienes denuncian
Por: EXPEDIENTE SECRETO
El caso del líder de comerciantes de Los Reyes La Paz, Juan
Cerda Cerón, es hoy el ejemplo más brutal de cómo la justicia mexiquense
presuntamente opera para proteger intereses políticos y castigar a quienes se
atreven a denunciar.
Su “delito” fue levantar la voz. Fue denunciar públicamente
que desde el pasado 10 de diciembre de 2025 un grupo armado comenzó a cobrar
derecho de piso a comerciantes de la avenida Morelos, exigiendo cuotas diarias
de entre 300 y 400 pesos para permitirles trabajar. Sujetos armados con cuernos
de chivo llegaron a sembrar terror mientras las autoridades municipales
guardaban silencio.
De acuerdo con las denuncias, tanto la alcaldesa morenista
Martha Guerrero como su esposo y operador político, Tranquilino Lagos Buenabad,
tuvieron conocimiento inmediato de los hechos. Según comerciantes, pidieron que
el tema no se hiciera público bajo la promesa de “encargarse del asunto”. Nunca
ocurrió. Por el contrario, la extorsión continuó avanzando.
Hasta hoy, aseguran comerciantes, muchos siguen pagando cuotas
criminales para poder trabajar en paz, pero tienen miedo a denuncia, a quienes presuntamente
controlan la extorsión, Rosalía Mirafuentes, Rogelio Méndez y a Axel Villaseñor.
Y mientras el terror se normalizó en las calles, ante la mira cómplice de Marta
Guerrero y su esposo, las autoridades optaron por perseguir al denunciante y no
a los extorsionadores.
LA SECUENCIA RESULTA ESCANDALOSA
Después de denunciar públicamente la presencia del grupo
delictivo mediante una conferencia de prensa, Juan Cerda fue detenido. Primero
intentaron imputarle un supuesto asalto a mano armada. Sin embargo, la
acusación no pudo sostenerse ante un juez de los juzgados Neza-Bordo, quien
ordenó su liberación inmediata.
Pero antes de recuperar su libertad, la Fiscalía mexiquense le
fabricó una nueva carpeta de investigación, ahora por el delito de extorsión. Es
decir: quien denunció a extorsionadores terminó acusado de extorsión.
La contradicción exhibe el nivel de degradación institucional
que atraviesa la procuración de justicia en el Estado de México. Ministerios
públicos convertidos en operadores políticos, carpetas utilizadas como armas de
persecución y una fiscalía más ocupada en encarcelar incómodos que en enfrentar
a los verdaderos grupos criminales.
Mientras tanto, diversos señalamientos ciudadanos e
investigaciones periodísticas han apuntado hacia presuntos nexos entre
Tranquilino Lagos Buenabad y el grupo conocido como “Sindicato 22 de Octubre”,
organización a la que presuntamente se le habría entregado el control de pozos,
distribución y venta de agua en Los Reyes La Paz.
Habitantes denuncian desde hace meses que el suministro de
agua se utiliza como mecanismo de control político: a quien no simpatiza con
Morena se le castiga restringiéndole el servicio o vendiéndole el agua a
precios imposibles de pagar.
Sin embargo, pese a la gravedad de los señalamientos, la
Fiscalía encabezada por José Luis Cervantes Martínez no ha mostrado interés
alguno en investigar.
Ni cateos. Ni operativos. Ni carpetas espectaculares. Ni
conferencias triunfalistas. Nada convence a la ciudadanía porque saben que la institución
que encabeza Cervantes Martínez esta al servicio de Morena.
Solo basta con que alguien critique al régimen o exhiba
públicamente el avance criminal en municipios gobernados por Morena para que la
maquinaria judicial se active de inmediato.
La pregunta ya no es si existe independencia en la Fiscalía
mexiquense. La pregunta es cuánto tiempo más seguirá utilizándose la
institución como herramienta de intimidación política.
Porque mientras José Luis Cervantes Martínez persigue
comerciantes, activistas y ciudadanos incómodos, colectivos enteros siguen
denunciando que cientos de inocentes permanecen encarcelados mediante
expedientes fabricados.
Ahí está el caso del colectivo “Haz Valer Mi Libertad”, que
este miércoles cumple 63 días de plantón frente a la Fiscalía General de
Justicia del Estado de México, exigiendo diálogo y revisión de casos que
consideran plagados de irregularidades y violaciones a derechos humanos.
Familias enteras sobreviven afuera de la Fiscalía esperando
justicia, mientras recuerdan que la gobernadora Delfina Gómez Álvarez prometió
públicamente revisar esos expedientes desde mayo de 2024. Sin embargo, nada ha
cambiado.
También exigen la intervención del magistrado presidente del
Poder Judicial mexiquense, Héctor Macedo García, para retomar las mesas del
Órgano de Consolidación del Sistema de Justicia Penal y revisar procesos
contaminados por irregularidades.
Incluso la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México
ha advertido violaciones graves en diversos expedientes de amnistía analizados
durante meses. Pero las alertas institucionales parecen no importarle a los
poderos de Morena y de la Fiscalía mexiquense.
Ni las protestas. Ni los plantones. Ni las denuncias públicas.
Ni las investigaciones periodísticas. Ni las familias destruidas. Nada importa.
La Fiscalía mexiquense sigue operando bajo el mismo patrón:
fabricar culpables rápidos para simular eficiencia, mientras el crimen
organizado se fortalece en las calles.
EL CASO DE JUAN CERDA CERÓN RESUME EL TAMAÑO DE LA CRISIS
En el Estado de México, denunciar criminales puede llevarte a
prisión. Guardar silencio parece ser la única garantía de libertad.
Y mientras eso ocurre, la ciudadanía sigue pagando el costo de
una fiscalía rebasada, desacreditada y cada vez más señalada de actuar al servicio
del poder político y no de la justicia.








