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PENAL EL MOLINO DE LAS FLORES BAJO SOSPECHA: ACUSAN AL DIRECTOR DE ENTREGAR EL CONTROL A UN REO Y PERMITIR RED DE CORRUPCIÓN   *Familiar...

viernes, 13 de febrero de 2026

PENAL EL MOLINO DE LAS FLORES BAJO SOSPECHA: ACUSAN AL DIRECTOR DE ENTREGAR EL CONTROL A UN REO Y PERMITIR RED DE CORRUPCIÓN

 

*Familiares denuncian desvío de víveres, extorsiones, drogas y privilegios ilegales; ataque armado previo exhibe la crisis y el vacío de autoridad

 

Por: EXPEDIENTE SECRETO

 



TEXCOCO, Estado de México, 13 de febrero de 2026.— El nombre de Mario Alberto Santamaría Méndez, director del penal El Molino de las Flores, volvió a colocarse en el centro de la polémica, tras nuevas acusaciones de familiares de internos que denuncian una presunta red de corrupción, abuso y control criminal al interior del centro penitenciario.

 

De acuerdo con testimonios de familiares e información proveniente de fuentes internas, el funcionario penitenciario habría entregado el control operativo de los víveres y otros recursos al interno conocido como “El Adrián”, quien presuntamente administra alimentos, privilegios y actividades ilegales dentro del penal con la anuencia de la propia dirección.

 

Los denunciantes aseguran que los víveres enviados por el gobierno del Estado de México, que deberían ser distribuidos equitativamente entre las personas privadas de la libertad, no llegan completos a su destino. Parte de estos suministros, transportados en camionetas oficiales, son desviados hacia otros lugares por órdenes del interno, sin que exista intervención o sanción alguna por parte de la autoridad penitenciaria.

 

PERO EL PRESUNTO NEGOCIO NO SE LIMITA AL DESVÍO DE ALIMENTOS

 

Según las denuncias, dentro del penal se ha instaurado un sistema donde todo tiene precio: desde tarjetas telefónicas y el uso ilegal de teléfonos celulares, hasta pagos para evitar labores obligatorias, extorsiones a familiares y el presunto control de la venta de drogas al interior del centro penitenciario. Todo ello, bajo un esquema que, afirman, opera con el consentimiento de la dirección.

 

Fuentes internas señalan que este control absoluto habría sido otorgado desde la llegada de Santamaría Méndez al cargo, quien habría permitido que el interno consolidara su poder como intermediario y operador de estos negocios ilícitos, generando ganancias que ascenderían a cientos de miles de pesos.

 

La gravedad de la situación se agrava por el contexto personal del interno señalado. Según versiones internas, “El Adrián” habría sido diagnosticado con VIH desde 2021, cuando estuvo recluido en el penal Neza-Bordo, y presuntamente se encontraría en una etapa avanzada de la enfermedad. Esta condición, afirman las fuentes, habría sido utilizada como un factor que lo hace menos vulnerable a represalias y más dispuesto a operar sin temor a consecuencias, consolidando todo el control de los internos.

 

La tensión y el deterioro del control institucional habrían escalado a niveles alarmantes. El pasado 6 de diciembre, alrededor de las 02:40 horas, dos sujetos armados a bordo de una motocicleta atacaron el acceso principal del penal, disparando al menos veinte veces contra el portón antes de darse a la fuga.

 

El ataque fue presenciado por el custodio penitenciario Antonio Barrera Díaz, con más de 25 años de servicio, quien observó los hechos desde una torre de vigilancia y dio aviso inmediato a las autoridades. El atentado quedó sentado en la carpeta de investigación TEX/CAJ/AIX/100/338025/25/12.

 

En el lugar, los agresores dejaron además un mensaje intimidatorio dirigido al director del penal, lo que evidencia un clima de amenazas, confrontación y pérdida de control institucional dentro del centro penitenciario.

 

Pese a la gravedad del ataque y a las denuncias persistentes de familiares e internos, el gobierno del Estado de México no ha fijado una postura pública clara ni ha anunciado investigaciones o sanciones.

 

El silencio institucional solo alimenta la percepción de que, dentro del penal El Molino de las Flores, la autoridad formal podría no ser quien realmente manda.

 

Mientras el director enfrenta señalamientos por presuntamente permitir y beneficiarse de una red de corrupción interna, familiares de internos advierten que los verdaderos costos de este sistema los pagan las personas privadas de la libertad, sometidas a extorsiones, carencias y abusos dentro de un espacio que debería estar bajo el control absoluto del Estado.

 

El caso expone, una vez más, la fragilidad del sistema penitenciario y plantea una pregunta inquietante: si el control se ha cedido al interior de las cárceles, ¿quién gobierna realmente tras los muros?

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