FALSOS AGENTES, ARMAS Y EXTORSIÓN EN ECATEPEC EXHIBEN EL VACÍO DE AUTORIDAD EN LA FISCALÍA MEXIQUENSE
*Mientras Marina y policías estatales detienen a supuestos PDI
piratas, el fiscal José Luis Cervantes Martínez guarda silencio ante el cáncer
de las “madrinas”
Por: Carlos Recio y Martín Ponce
ECATEPEC, Estado de México, 26 de febrero de 2026. — La
detención de diez presuntos extorsionadores que se hacían pasar por Policías de
Investigación no solo destapó una célula criminal que operaba con armas, chalecos
balísticos y camionetas de lujo; también volvió a exhibir la profunda
descomposición que impera en las instituciones de procuración de justicia.
Los hechos ocurrieron sobre avenida Recursos Hidráulicos, en
la colonia Luis Donaldo Colosio, cuando una pareja denunció haber sido
amenazada y despojada de una fuerte suma de dinero por sujetos armados que
viajaban en una Seat Cupra roja sin placas, una BMW X6 azul, una Mercedes Benz
roja y una motocicleta sin matrícula.
Tres de los detenidos portaban una Glock 25 calibre .38,
cargadores abastecidos, cartuchos útiles, panel balístico y un chaleco
antibalas con la leyenda “PDI”. Uno de ellos, Rubén Omar “N”, de 39 años,
afirmó ser elemento de la Policía de Investigación de la Fiscalía capitalina.
La consulta en sistema reveló que había sido dado de baja. Es decir, usaba la
investidura del Estado para delinquir.
En otro punto, en la colonia Potrero del Rey, fueron
interceptados siete tripulantes más. Llevaban 46 mil pesos en efectivo, 12
teléfonos celulares y una Glock 19X con 17 cartuchos. El patrón es claro:
vehículos de alta gama, armas cortas, supuesta investidura policial y extorsión
directa.
El caso evidencia que aún hay fisuras graves en los controles
internos de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México. Pero en el
Estado de México el problema es más profundo y estructural.
Porque mientras se detiene a falsos agentes, nadie toca el
tema de fondo: las llamadas “madrinas” que operan bajo la sombra de la Fiscalía
General de Justicia del Estado de México.
En territorio mexiquense es un secreto a voces que estos
grupos irregulares —sin nombramiento oficial, sin controles, sin uniforme
institucional— realizan detenciones, ejecutan cateos de facto, fabrican
imputaciones y presionan a ciudadanos para obtener confesiones o dinero. Son el
brazo informal que permite inflar estadísticas, simular eficiencia y, según
múltiples denuncias públicas, recaudar recursos paralelos.
La pregunta obligada es: ¿qué ha hecho el fiscal José Luis
Cervantes Martínez para erradicar estas prácticas?
HASTA AHORA, NADA VISIBLE.
Ni operativos de depuración, ni investigaciones internas
contundentes, ni sanciones ejemplares contra mandos que toleran o utilizan
madrinas. El silencio institucional termina convirtiéndose en complicidad
política.
Mientras elementos de Marina y policías estatales enfrentan en
calle a grupos armados que se hacen pasar por autoridad, dentro de la
estructura ministerial mexiquense persiste un sistema paralelo que permite
detenciones irregulares y presuntos actos de extorsión bajo la sombra del
poder.
El caso de Ecatepec no es un hecho aislado: es el síntoma de
una enfermedad más grande. Cuando exagentes pueden usar chalecos oficiales para
extorsionar y cuando en la entidad operan grupos informales que “hacen el
trabajo sucio”, la línea entre autoridad y delincuencia se vuelve
peligrosamente delgada.
La credibilidad de la justicia en el Estado de México no se
reconstruye con boletines, sino con depuración real. Y esa responsabilidad
recae directamente en el fiscal general.
Porque si las madrinas siguen operando, no es por falta de
denuncias. Es por falta de voluntad.

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