NARCOALCALDES: LA BASE PODRIDA DEL PODER EN MÉXICO
*Municipios sometidos, alcaldes ejecutados y partidos
infiltrados: la narcopolítica ya gobierna desde lo local
Por: EXPEDIENTE SECRETO
Lo ocurrido en Tequila se repite como una receta criminal en
decenas de municipios del país. Los cárteles no solo infiltran ayuntamientos: imponen
candidatos, financian campañas, someten alcaldes y gobiernan con la ley de
“plata o plomo”. Hoy, en amplias regiones de México, los presidentes municipales
no gobiernan para la gente, sino para los capos que los pusieron o los
amenazan.
El fenómeno atraviesa estados completos: Estado de México,
Jalisco, Guerrero, Michoacán, Zacatecas, Tamaulipas, Sinaloa, Oaxaca y muchos
más. Municipios enteros están secuestrados por los tentáculos del narco,
mientras los gobernadores —cuando no son cómplices— se lavan las manos bajo el
cómodo argumento de que “son delitos federales”. Así, los alcaldes quedan
abandonados: o se someten, o los matan.
Las cifras son demoledoras y exhiben el fracaso del Estado
mexicano. En México asesinan a un alcalde cada dos meses y medio. De 2000 a la
fecha, 119 presidentes municipales han sido ejecutados. El sexenio de Enrique
Peña Nieto encabezó la lista con 42 asesinatos; Felipe Calderón registró 37;
López Obrador, 26; y en el primer año del gobierno de Claudia Sheinbaum ya van
10 alcaldes asesinados, una tendencia que apunta a convertirse en el periodo
más sangriento.
El asesinato de alcaldes no es daño colateral: es método de
control. Lo demostró el caso del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, quien se
negó a someterse al imperio criminal y terminó pagando con su vida el intento
de gobernar con dignidad. Y ahora, el escándalo de Tequila confirma una nueva
etapa del crimen organizado: los cárteles ya no negocian con alcaldes
incómodos; ahora seleccionan a los suyos y los colocan en las boletas.
Capos como Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, ya no se
desgastan presionando autoridades rebeldes. Hoy eligen operadores, los
infiltran en partidos políticos —en este caso Morena— y los convierten en
presidentes municipales. Una vez en el cargo, estos narcoalcaldes no
administran municipios: extorsionan, cobran cuotas, saquean el erario y
entregan millones a sus jefes criminales, incluso colocando a sicarios y
operadores del cártel en la nómina municipal.
El caso de Tequila solo estalló porque Estados Unidos
intervino. Fue el presidente Donald Trump quien ordenó investigar al alcalde
por afectar intereses de empresarios estadounidenses. Dentro de Morena, el
vínculo del edil con el CJNG era conocido desde hace tiempo, pero nadie hizo
nada. Silencio, encubrimiento y complicidad.
La narcopolítica no nació arriba; se construyó desde abajo,
desde las alcaldías. Primero sometieron municipios, luego gobernadores —varios
ya señalados por vínculos criminales— y por encima solo quedan la Presidencia
de la República y los poderes Legislativo y Judicial, cada vez más cercados por
la sombra del dinero sucio.
Si el Estado mexicano quisiera desmantelar de verdad las redes
políticas del narco, tendría que empezar por auditar, investigar y depurar
todas las presidencias municipales. Porque como demuestra Tequila, los
municipios con turismo, comercio, agricultura o industria son hoy minas de oro
para el crimen organizado.
La violencia lo confirma. Tan solo la semana pasada: Atentaron
contra la alcaldesa de Ayotoxco, Puebla. Emboscaron al alcalde de Temoac, Morelos.
Balearon la casa del presidente municipal de Banderilla, Veracruz. Intentaron
asesinar al alcalde de Zacualpan, Veracruz, junto a su esposa.
LA LISTA CRECE. LA SANGRE CORRE. Y EL ESTADO SIGUE AUSENTE
¿Cuántos alcaldes más deben morir por no someterse al narco?
¿Cuántos municipios más deben rendirse para que alguien actúe?
Tequila es apenas la punta del iceberg de una claudicación
histórica del Estado mexicano. La narcopolítica —heredada del PRI, tolerada por
el PAN y profundizada por Morena bajo la farsa de los “abrazos, no balazos”—
sigue avanzando como un cáncer que carcome las instituciones.
Negar que vastas regiones del país están gobernadas por los
cárteles es insultar la inteligencia nacional. Cuando los partidos postulan
operadores del narco y los alcaldes independientes son asesinados, el mensaje
es claro: en muchos municipios de México, el narco ya gobierna.
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