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lunes, 23 de febrero de 2026

CAE Y MUERE EL MENCHO; MÉXICO ENFRENTA LA HORA

 MÁS VIOLENTA TRAS EL DERRUMBE DEL CJNG


*El operativo, apoyado con inteligencia de Estados Unidos, desata 300 bloqueos en 22 estados y abre un escenario de reacomodos sangrientos en la mayor organización criminal del país.

 

Por: EXPEDIENTE SECRETO

 



CIUDAD DE MÉXICO, 23 de febrero de 2026.— Sobrevivió al desmantelamiento de las grandes organizaciones criminales del cambio de siglo. Vio caer a Los Zetas y a los Caballeros Templarios; presenció el debilitamiento del Cártel de Juárez y del Cártel de Tijuana; atestiguó la fractura del Cártel de Sinaloa. Vio caer —capturados o abatidos— a los jefes criminales de su tiempo, incluidos Joaquín El Chapo Guzmán e Ismael El Mayo Zambada.

 

Donde otros se debilitaban, su organización ocupaba el vacío y plantaba narcomantas con las siglas del Cártel Jalisco Nueva Generación.

 

Tres lustros le fueron suficiente a Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, para convertir al CJNG en la organización delictiva más poderosa del mundo. De jefe de un grupo de élite encargado de la seguridad del capo Ignacio Coronel, pasó a ser el líder de una pequeña célula conocida como Los Matazetas y, durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, expandió su poder de forma vertiginosa, apoderándose de regiones enteras, territorios y estados.

 

Su edad de oro llegó, sin embargo, bajo la administración de Andrés Manuel López Obrador, quien desde 2019 decretó “el fin de la guerra” y sostuvo que “ya no se detendrían a los capos”. Mientras el gobierno decía atender “las causas” de la violencia, El Mencho llenó el país —sobre todo el occidente— de laboratorios de fentanilo y metanfetaminas, campos de entrenamiento y exterminio, fosas clandestinas y cuerpos mutilados.

 

El CJNG se apoderó de minas, del huachicol, del contrabando de mercancías y extendió la extorsión y el cobro de piso a prácticamente a todos los rincones de México. En más de la mitad de los enfrentamientos recientes estuvo presente el Cártel Jalisco; el mayor porcentaje de muertes ligadas al crimen organizado también le fue atribuido. Se le vinculó con asesinatos de jueces, funcionarios, militares, políticos, periodistas y policías; con el homicidio del exgobernador Aristóteles Sandoval y con el atentado contra el hoy secretario de Seguridad federal Omar García Harfuch.

 

Según fuentes de inteligencia, “El Mencho”, para 2020, una década después de aparecer en el mapa criminal, el CJNG operaba en 28 estados del país, en 13 de los 50 estados de Estados Unidos y tenía presencia en Europa, Asia y Australia. Un estudio de AC Consultores estimó unos 30 mil afiliados desplegados en territorio nacional.

 

En 2021, fuerzas federales ubicaron a El Mencho en El Grullo; al ser informado, el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador detuvo el operativo para capturarlo. Desde 2015, la Oficina de Control de Activos Extranjeros lo incluyó en la lista de Narcotraficantes Especialmente Designados. En 2018, Estados Unidos ofreció 10 millones de dólares por su captura. El Tribunal Federal del Distrito de Columbia lo acusó de dirigir una empresa criminal continua desde 2000, y en 2022 la Administración de Control de Drogas lo colocó como el objetivo número uno.

 

Una base de esa agencia lo siguió desde Los Ángeles. La DEA concluyó que se ocultaba en zonas montañosas de Jalisco, Michoacán y Colima. A diferencia de El Chapo, cuyas capturas finales ocurrieron en ciudades, El Mencho vivía apartado, pese a reportes sobre el deterioro de su salud por problemas renales.

 

Los sobrevuelos de aviones estadounidenses sobre el occidente del país fueron minimizados por el gobierno de Claudia Sheinbaum. Tras su captura —ocurrida ayer— y el informe de que murió durante su traslado aéreo a la Ciudad de México, luego de un enfrentamiento rodeado de hermetismo, la Secretaría de la Defensa Nacional admitió que sus labores de inteligencia contaron con “información complementaria” del gobierno de Estados Unidos.

 

De acuerdo al periodista Héctor De Mauleón, fuentes de seguridad señalan que, desde finales de enero, los sobrevuelos habían sido autorizados por presión de Washington para levantar datos sobre El Mencho y su primer círculo. Semanas atrás, tras la visita del director del Federal Bureau of Investigation, Kash Patel, esa información fue entregada a García Harfuch y a mandos del Ejército. El operativo se ejecutó una semana después del ingreso de una veintena de marinos de élite de Estados Unidos para “mejorar capacidades” de fuerzas especiales mexicanas. Según Reuters, la ubicación final fue proporcionada por el Joint Interagency Task Force-Counters Cartel.

 

La reacción del CJNG fue inmediata y nacional: afectaciones en 22 estados, cerca de 300 bloqueos, quema de negocios y vehículos. El día en que El Mencho “perdió la vida durante su traslado” estuvo marcado por el caos: cierres de actividades, llamados a no salir, reportes de tiroteos y explosiones, carreteras y casetas cerradas, suspensión de clases y corridas de autobuses, paro portuario, pánico y desinformación en redes.

 

La Sedena —y no el gabinete de seguridad— emitió el escueto comunicado que reconoció la participación “complementaria” de Estados Unidos. La intención de deslindar a García Harfuch cobró otra lectura cuando la dirigente de Morena, Luisa María Alcalde, publicó un mensaje felicitando a la presidenta y luego borró la mención para reconocer solo al gabinete. El mensaje fue inequívoco: “esto fue cosa de la Sedena y de Estados Unidos”.

 

Expertos advierten que lo más delicado está por venir: reacciones de una organización donde El Mencho ya no operaba el día a día; reacomodos internos violentos; y los vacíos que rivales y grupos emergentes intentarán ocupar a sangre y fuego. Todo ocurre en medio del silencio del gobierno federal y a semanas de la inauguración de un Mundial de Futbol que tendrá partidos en una ciudad hoy hundida, como nunca, en el miedo.

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