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jueves, 12 de febrero de 2026

DEL ATAQUE FRONTAL A LA SUMISIÓN POLÍTICA: EL INEXPLICABLE VIRAJE DE AQUILES CÓRDOVA Y ANTORCHA HACIA MORENA

 

*El líder vitalicio antorchista pasó de llamar “desastre” a la 4T a pedir que continúe en el poder, en medio de presuntos pactos con el grupo político de Higinio Martínez en el Estado de México

 

Por: EXPEDIENTE SECRETO

 



TEXCOCO, Estado de México, 12 de febrero de 2026.— El repentino y drástico cambio de discurso de Aquiles Córdova Morán, líder nacional de Antorcha Campesina, exhibe no solo una contradicción política monumental, sino una rendición ideológica que revela el verdadero motor detrás de muchas organizaciones que durante décadas han lucrado con el discurso social: el poder.

 

Hace apenas unos meses, el dirigente antorchista no dejaba espacio para la ambigüedad. Describía el gobierno del expresidente Andrés Manuel López Obrador y su proyecto de la Cuarta Transformación como un fracaso. Hablaba de un país en “zona de desastre”, denunciaba una “tragedia nacional” en salud y seguridad, y calificaba programas insignia como Sembrando Vida como un despilfarro inútil.

 

Acusaba directamente a Morena de haber provocado un “desastre sanitario y económico”, señalando errores graves en el manejo de la pandemia y alertando que la continuidad del partido en el poder significaría un retroceso nacional. En ese momento, Córdova Morán se asumía como opositor frontal y presentaba a su organización como una alternativa política superior.

 

Pero hoy, el mismo personaje que condenaba con severidad al régimen ha dado un giro que raya en la incongruencia absoluta.

 

Ahora afirma que los ataques contra Morena provienen de intereses extranjeros, particularmente de Estados Unidos, y sostiene que, pese a sus fallas, es preferible que continúe el proyecto encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum antes que permitir que gobierne la derecha.

 

“Mejor que siga la 4T, con los problemas que tiene”, declaró el dirigente antorchista, en una afirmación que contradice de manera directa y brutal sus propias palabras recientes.

 

Este cambio no parece obedecer a una reflexión ideológica ni a una evaluación objetiva de resultados. Coincide, en cambio, con revelaciones sobre presuntos acuerdos políticos entre la dirigencia antorchista y el grupo encabezado por el senador Higinio Martínez Miranda, orientados a influir en la definición de candidaturas en el Estado de México.

 

El señalamiento es devastador, porque implicaría que Morena estaría abriendo la puerta a una organización que durante años fue adversaria y símbolo de las prácticas más cuestionadas del viejo sistema político, desplazando incluso a sus propios militantes.

 

El historial de Antorcha Campesina no es menor. Durante décadas, su nombre ha estado asociado a movilizaciones de presión, confrontaciones violentas y a su estrecha relación con estructuras del antiguo régimen, particularmente con el Partido Revolucionario Institucional. Episodios como los ocurridos durante la toma de protesta del exalcalde Jesús Tolentino Román Bojórquez en el año 2000, donde se registraron hechos violentos, que marcaron la imagen de un grupo señalado por su capacidad de presión y confrontación.

 

Hoy, esa misma organización que acusaba a Morena de llevar al país al desastre, busca espacios dentro del mismo poder que antes condenaba.

 

El viraje no solo pone en entredicho la credibilidad de Aquiles Córdova Morán, sino también la de toda la estructura antorchista, incluyendo a dirigentes como Juan Manuel Celis Aguirre, Telésforo García Carreón, Maricela Serrano Hernández y Brasil Alberto Acosta Peña, quienes durante años construyeron su narrativa sobre la supuesta defensa del pueblo, mientras hoy parecen alinearse con quienes señalaban como responsables de la crisis nacional.

 

La pregunta inevitable es qué queda de su discurso original. Qué explicación pueden ofrecer a sus propias bases, a quienes durante años convencieron de que Morena representaba el fracaso nacional, y que hoy ven a sus dirigentes acomodarse en la órbita del mismo poder que juraron combatir.

 

Más aún, el presunto acercamiento con el grupo político de Higinio Martínez abre una herida interna dentro del propio morenismo. Militantes que construyeron el movimiento desde sus bases observan ahora cómo viejos adversarios podrían ser incorporados como aliados estratégicos, en una maniobra que contradice los principios que dieron origen al partido.

 

Este episodio confirma una vieja constante en la política mexicana: cuando el acceso al poder está en juego, las convicciones desaparecen y el discurso se convierte en una simple herramienta de negociación.

 

El caso de Aquiles Córdova Morán no parece ser la excepción. Su tránsito de acusador implacable a aliado conveniente no refleja una evolución política, sino una adaptación calculada.

 

Y en ese cálculo, la ideología parece haber sido sacrificada en el altar del poder.

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