TIEMPOS DE TRAIDORES: MADURO CANTA, EL POPULISMO SE DERRUMBA
Y AMLO QUEDA EN LA MIRA DE TRUMP
*Dictadores del sur se quiebran, delatan a sus socios y
confirman la alianza entre narcopolítica y poder en México
Por: EXPEDIENTE SECRETO
CIUDAD DE MÉXICO, 9 de febrero de 2026.— No es una teoría
conspirativa ni un delirio de sobremesa: es cuestión de tiempo para que todo se
destape. El continente vive tiempos de traidores, tiempos en los que los
autoproclamados “líderes populistas” dejan de lado la retórica soberanista para
convertirse en soplones de manual, dispuestos a entregar a cualquiera con tal
de salvar el pellejo.
Hoy queda claro que muchos de los llamados populistas latinoamericanos
dicen y hacen lo que les dicta el tirano del norte, obedeciendo instrucciones
telefónicas, aceptando humillaciones públicas y agachando la cabeza frente a
Washington. El discurso antiimperialista se esfuma cuando la amenaza es real.
El caso mexicano es emblemático. La presidenta de México,
lejos de mostrar carácter o dignidad institucional, reacciona diariamente a los
designios de Donald Trump, exhibiendo una imagen de sumisión que raya en el
servilismo. La soberanía se quedó en los discursos de campaña.
Pero México no está solo en esta tragicomedia continental.
Hace apenas unos días, el presidente colombiano Gustavo Petro terminó por
doblarse ante la presión del gobierno estadounidense, que dejó entrever incluso
la posibilidad de su derrocamiento. El resultado fue predecible: Petro se bajó
los pantalones para conservar el cargo. El populismo es valiente… hasta que le
tocan el expediente.
Sin embargo, el espectáculo más vergonzoso lo protagoniza
Nicolás Maduro. El dictador venezolano, acorralado y sin salida, entró en una
auténtica diarrea discursiva, en la que comenzó a vomitar información sensible
a los agentes norteamericanos, revelando los vínculos de su régimen con
políticos del continente.
Según esas revelaciones, la dictadura venezolana habría
financiado proyectos políticos aliados para garantizar su hegemonía regional. Y
entre los nombres que comenzaron a salir a flote aparece uno que durante años
fue intocable: Andrés Manuel López Obrador.
Maduro habría confesado que Hugo Chávez financió la campaña
presidencial de AMLO en 2006, y que el propio régimen venezolano utilizó al
narcotráfico mexicano como plataforma logística para negocios personales y
tráfico de drogas. Todo, a cambio de protección política y alianzas
ideológicas.
Nada de esto sorprende a quienes advirtieron desde enero de
2026 que Maduro terminaría delatando a López Obrador. Era inevitable. Cuando el
dictador entiende que su única moneda de cambio es la traición, no duda.
Traiciona a socios, “hermanos”, aliados y hasta a sus propios cómplices.
Vivimos tiempos bíblicos, donde se repite la historia de Caín
y Abel. Tiempos en los que criminales, ladrones y narcodictadores entregan a
los suyos a cambio de perdón, justicia suave o privilegios familiares. Nicolás
Maduro no es la excepción: es el ejemplo perfecto.
Pero la traición no es un accidente; es parte de la estrategia.
El “golpe de fuerza” impulsado por el gobierno de Donald Trump contra la
dictadura venezolana tiene un objetivo claro: hacer hablar a Maduro. “Escucha
Juan, para que entiendas Pedro”. Venezuela es solo una pieza del ajedrez.
El mensaje es claro: el siguiente en la mira es López Obrador.
¿Por qué? Porque es un secreto a voces que el régimen venezolano financió a
Morena y que el modelo mexicano replica el mismo esquema de poder entregado al
crimen organizado.
Trump no lo dijo con rodeos. El 4 de enero de 2026 lo dejó
claro al mundo: “México tiene que poner orden porque las drogas están entrando
a caudales… desafortunadamente los cárteles controlan México”.
La pregunta es obligada: ¿Cómo debe leerse ese mensaje? Como
la señal inequívoca de que Trump no solo va por Maduro, sino que uno de sus
mayores trofeos será exhibir la alianza entre el poder político mexicano y los
cárteles criminales, principales socios del régimen venezolano.
Por eso Trump empuja, presiona y asfixia. Porque sabe que Maduro terminará traicionando a Obrador y a Sheinbaum. Solo es cuestión de tiempo. Y en estos tiempos, el que primero habla… sobrevive.
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