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martes, 11 de agosto de 2026

ASF DETECTA PRESUNTO DAÑO POR 40.7 MILLONES EN VALLE DE BRAVO; CRECEN LOS CUESTIONAMIENTOS AL GOBIERNO DE MICHELLE NÚÑEZ

 

*La ASF puso bajo la lupa 40.7 millones de pesos por contratos sin comprobar, mientras el OSFEM acumula observaciones sobre nómina, contrataciones y gasto público; además, el gobierno de Michelle Núñez arrastra el polémico antecedente de la elección de 2021 y los señalamientos sobre la presunta injerencia del crimen organizado

 

Por: EXPEDIENTE SECRETO

 


VALLE DE BRAVO, Estado de México, 11 de agosto de 2026.- La administración morenista de Michelle Núñez Ponce enfrenta un nuevo frente de presión por el manejo de los recursos públicos. La Auditoría Superior de la Federación (ASF) detectó un probable daño a la Hacienda Pública Federal por 40 millones 717 mil 575 pesos, mientras que las revisiones del Órgano Superior de Fiscalización del Estado de México (OSFEM) han documentado otras anomalías relacionadas con el crecimiento de la nómina y el ejercicio del gasto municipal.

 

El caso no se reduce a simples diferencias contables. De acuerdo con los datos proporcionados, las observaciones de la ASF están relacionadas principalmente con recursos del Fondo de Aportaciones para la Infraestructura Social Municipal, incluyendo contratos vinculados con la recolección de basura que carecerían de facturas y documentación suficiente para acreditar plenamente el destino y aplicación de los recursos.

 

La dimensión del señalamiento resulta particularmente delicada porque, además de las observaciones administrativas, la ASF presentó una denuncia, con lo que el asunto alcanzó el terreno de las investigaciones de carácter penal. En ese contexto, se han señalado indagatorias de instituciones federales, incluida la Fiscalía General de la República (FGR), sobre el posible desvío de recursos y otros hechos relacionados con la actuación de autoridades en la zona.

 

Es decir, el problema ya no puede despacharse simplemente como un trámite burocrático pendiente de solventación. 40.7 millones se encuentran bajo observación.

 

El monto observado por la ASF asciende a 40 millones 717 mil 575 pesos, una cantidad que obliga a responder preguntas elementales: ¿qué se contrató? ¿a quién se pagó? ¿qué servicios fueron efectivamente prestados? ¿dónde están las facturas? ¿dónde está la documentación comprobatoria? y, sobre todo, ¿dónde puede verificarse físicamente que los recursos públicos terminaron en el objetivo para el que fueron autorizados?

 

La ausencia o insuficiencia de documentación probatoria es precisamente uno de los puntos que coloca a la administración municipal bajo escrutinio.

 

Y aunque una observación de auditoría no equivale por sí misma a una sentencia ni acredita automáticamente un delito, tampoco puede minimizarse. La obligación de los funcionarios es demostrar documentalmente que cada peso público fue ejercido conforme a la ley.

 

En este caso, además, existe un elemento que eleva la presión: la presentación de una denuncia por parte del órgano fiscalizador federal.

 

OSFEM también encuentra irregularidades en el expediente de cuestionamientos no termina en la ASF.

 

El OSFEM ha señalado otras anomalías en el manejo de las finanzas municipales, entre ellas un incremento desproporcionado del presupuesto destinado a servicios personales, es decir, la nómina.

El crecimiento de la plantilla y del gasto burocrático resulta especialmente sensible cuando se contrasta con las necesidades que enfrenta Valle de Bravo en materia de servicios públicos.

 

A ello se agregan señalamientos relacionados con la falta de licitaciones públicas en organismos descentralizados municipales, entre ellos el ODAS, lo que vuelve a colocar sobre la mesa la transparencia de los procedimientos utilizados para contratar servicios y ejercer recursos.

 

La suma de observaciones federales y estatales dibuja, cuando menos, un escenario incómodo para el gobierno municipal: más dinero observado, más cuestionamientos sobre contratos y más dudas sobre la forma en que se está administrando el presupuesto.

 

Frente a estos señalamientos, la alcaldesa Michelle Núñez Ponce ha rechazado las acusaciones de corrupción.

 

La postura de su administración es que las observaciones forman parte de los procedimientos ordinarios de fiscalización y que el Ayuntamiento se encuentra dentro del periodo legal para solventar, atender y aclarar la documentación requerida por los órganos fiscalizadores.

 

Ese argumento deberá sostenerse con documentos. Porque una cosa es que una administración tenga derecho a solventar observaciones —lo cual es parte normal de cualquier proceso de fiscalización— y otra muy distinta es que pueda darse por aclarado un probable daño al erario antes de que las autoridades fiscalizadoras determinen que la documentación presentada es suficiente.

 

Por eso, mientras el proceso no concluya, los 40.7 millones de pesos permanecen como un foco rojo que requiere explicaciones puntuales.

 

Los cuestionamientos financieros se cruzan además con una historia política particularmente delicada de Valle de Bravo.

 

Durante el proceso electoral de 2021, Zudikey Rodríguez, entonces candidata de la coalición PRI-PAN-PRD a la presidencia municipal, denunció haber sido privada temporalmente de la libertad por integrantes de un grupo criminal identificado en distintas versiones periodísticas como La Familia Michoacana, en un hecho que habría tenido como propósito obligarla a suspender sus actividades de campaña.

 

El episodio fue ampliamente señalado por periodistas y medios como un posible caso de intervención del crimen organizado en el proceso electoral.

 

La gravedad de ese antecedente no está solamente en lo que le ocurrió a una candidata. Está en la posibilidad de que un grupo criminal haya intentado modificar las condiciones de una elección mediante amenazas y coerción.

 

El antecedente permanece y vuelve inevitable una pregunta política: ¿qué ocurrió realmente en aquella elección y hasta dónde llegó la influencia del crimen organizado?

 

Hoy, años después de aquella elección, el gobierno de Michelle Núñez vuelve a estar bajo escrutinio, ahora por la vía de los recursos públicos.

 

Y eso coloca a la administración municipal frente a una obligación que no admite propaganda ni discursos partidistas: aclarar peso por peso los recursos observados.

 

Los 40 millones 717 mil 575 pesos señalados por la ASF no son una cifra menor. Tampoco lo son las observaciones del OSFEM sobre nómina, gasto operativo y procedimientos de contratación.

 

Y si existen investigaciones ministeriales derivadas de denuncias de fiscalización, corresponderá a las autoridades competentes determinar si hubo únicamente errores administrativos, omisiones que puedan ser solventadas o, en su caso, conductas que pudieran constituir responsabilidades administrativas o delitos.

 

En el terreno político, los cuestionamientos adquieren otra dimensión por la cercanía que diversos actores han señalado entre Michelle Núñez y Horacio Duarte Olivares, actual secretario general de Gobierno del Estado de México.

 

Esa cercanía política, por sí misma, no demuestra impunidad ni responsabilidad en las irregularidades observadas. Sin embargo, sí alimenta el debate sobre la capacidad real de las estructuras de Morena para responder a los cuestionamientos cuando uno de sus gobiernos municipales queda bajo la lupa de los órganos fiscalizadores.

 

La pregunta de fondo es sencilla: ¿habrá consecuencias si las observaciones no son solventadas?

 

Porque si los documentos aparecen y los recursos quedan debidamente acreditados, el expediente deberá cerrarse conforme a derecho.

 

Pero si no aparecen, si los servicios no pueden acreditarse, si los contratos carecen de sustento o si las investigaciones encuentran elementos de responsabilidad, entonces el asunto dejará de ser una disputa política para convertirse en un problema de posibles responsabilidades legales.

 

Valle de Bravo merece algo más que explicaciones partidistas. Merece saber dónde están sus recursos.

 

Y la administración de Michelle Núñez tiene la obligación de demostrarlo con documentos, contratos, facturas, comprobantes y resultados verificables.

 

Porque cuando una auditoría federal pone bajo observación más de 40 millones de pesos, la pregunta ya no es si el gobierno municipal se siente atacado políticamente.

 

La pregunta es dónde está el dinero, quién lo ejerció, para qué se utilizó y por qué la documentación no permitió acreditarlo ante la ASF.

 

El resto deberá resolverlo la autoridad.

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