LA SALUD SE HUNDE EN EL EDOMEX MIENTRAS DELFINA
GÓMEZ GUARDA SILENCIO
*Trabajadores denuncian salarios retenidos, hospitales sin
personal, falta de insumos y equipos; advierten paro estatal mientras pacientes
enfrentan retrasos, carencias y una atención médica cada vez más precaria
Por: EXPEDIENTE SECRETO
Ayer, prácticamente durante todo el día, trabajadores del
sector Salud salieron a las calles en Texcoco, Toluca, Villa Victoria, La Paz,
Ecatepec, Chalco, Ciudad Nezahualcóyotl, Acambay, Atizapán e Ixtlahuaca, entre
otros municipios, para reclamar algo tan elemental como el salario que debieron
recibir el pasado 15 de agosto.
No recibieron su quincena.
Y detrás de cada trabajador que no cobra hay una familia que
también queda atrapada en los problemas administrativos de un gobierno que
presume transformación, pero que ni siquiera logra garantizar el pago puntual a
quienes mantienen de pie los hospitales públicos.
Las protestas comenzaron alrededor de las 11:00 horas. En
algunos municipios hubo bloqueos de vialidades y reducción temporal de
servicios. Los trabajadores advirtieron que, si este martes el dinero no
aparece en sus cuentas, la movilización podría convertirse en un paro estatal
de labores.
El problema no se limita a una nómina retrasada. Los
trabajadores denuncian también adeudos de bonos de salud, canasta básica y
complementos salariales, además de falta de personal, medicamentos, insumos y
equipo.
Y acusan que los problemas se agravaron desde la transferencia
de los servicios estatales al IMSS-Bienestar.
“Desde que entró IMSS-Bienestar hemos tenido muchos
problemas”, señalaron trabajadores, quienes denunciaron que las plantillas de
médicos y enfermeras permanecen incompletas.
HOSPITALES FUNCIONANDO AL LÍMITE
En el Hospital Materno Perinatal “Mónica Pretelini Sáenz”, en
Toluca, alrededor de 50 trabajadores bloquearon intermitentemente la lateral de
Paseo Tollocan.
Pero el problema alcanza a aproximadamente mil 500 empleados
de todos los turnos.
De acuerdo con el secretario general sindical del hospital,
Carlos Camacho, no se han cubierto plazas de trabajadores jubilados,
renunciados o cuyos contratos terminaron. La falta de anestesiólogos durante el
turno matutino, además, habría provocado retrasos en procedimientos quirúrgicos
durante meses.
El resultado es una cadena de consecuencias que termina
golpeando al ciudadano: menos personal, menos capacidad de atención,
procedimientos retrasados y pacientes y familiares enfrentados a médicos y enfermeras
que también están trabajando bajo presión. La situación ha llegado a un punto
alarmante.
Camacho reconoció que algunos médicos y enfermeras han sido
víctimas de amenazas de muerte por no poder atender oportunamente a pacientes.
Es decir, el fracaso administrativo termina convertido en
violencia dentro de los hospitales.
En La Paz, médicos y enfermeras del Hospital Materno Infantil “Miguel
Hidalgo y Costilla” bloquearon parcialmente la carretera federal
México-Texcoco, a la altura de La Magdalena Atlicpac. No es un conflicto nuevo.
En enero de 2024, trabajadores de ese mismo hospital ya habían
bloqueado la vialidad para exigir pagos, insumos, mejores condiciones laborales
y plazas definitivas. En agosto de 2025, personal de limpieza y mantenimiento
volvió a protestar por salarios y prestaciones pendientes. Dos años después,
los problemas siguen ahí.
UNA SALUD PÚBLICA QUE SE DESMORONA
Mientras Morena presume que el país y el Estado de México
están viviendo una transformación histórica, los trabajadores de la salud
exhiben una realidad completamente distinta: hospitales que operan con
carencias, trabajadores que no cobran a tiempo y pacientes que terminan pagando
las consecuencias de una burocracia incapaz de resolver lo básico.
Y AQUÍ APARECE UNA PREGUNTA INEVITABLE: ¿DÓNDE ESTÁ DELFINA
GÓMEZ ÁLVAREZ?
La gobernadora morenista no puede limitarse a observar desde
el silencio mientras los trabajadores de la salud protestan en las calles y los
hospitales acumulan carencias. Porque el problema no comenzó ayer.
Desde la llegada de Morena al poder, tanto a nivel federal
como en el Estado de México, el sistema de salud ha enfrentado una profunda
crisis derivada de problemas de abasto, personal, infraestructura, atención y
operación institucional. Una crisis que no puede medirse únicamente en pesos,
contratos o estadísticas: se mide también en pacientes que no reciben atención
a tiempo y en familias que viven auténticas tragedias cuando una enfermedad
encuentra un sistema incapaz de responder.
Miles de vidas humanas han quedado atrapadas en esta crisis
sanitaria, mientras los gobiernos morenistas han convertido muchas veces las
deficiencias en discursos, las promesas en propaganda y las responsabilidades
en explicaciones administrativas. Y mientras tanto, la gente enferma.
En el Estado de México, conseguir una consulta, un estudio,
una cirugía o un tratamiento puede convertirse para muchas familias en una
auténtica peregrinación: de un hospital a otro, de una ventanilla a otra y de
una institución a otra, buscando una atención que debería ser un derecho, no un
favor.
HASTA LA HEMODIÁLISIS ESTÁ BAJO PRESIÓN
El propio IMSS-Bienestar informó que el servicio de
hemodiálisis continúa funcionando en las 12 unidades médicas mexiquenses que
brindan esta atención y aseguró que ningún paciente ha dejado de recibir su
terapia renal.
Sin embargo, la institución reconoció fallas en la mayoría de
las máquinas de cinco unidades, cuya operación corresponde a la empresa
Mantenimiento de Equipo Médico BITA, S.A. de C.V.
IMSS-Bienestar aseguró que instaló una mesa de trabajo para
reparar los equipos y anunció medidas extraordinarias, incluido el traslado de
pacientes a otras unidades cuando sea necesario. Pura mentira.
Pero incluso esta explicación deja al descubierto la
fragilidad de un sistema en el que un paciente renal —cuya vida depende de
recibir su tratamiento puntualmente— puede terminar dependiendo de que una
máquina funcione, de que exista personal suficiente y de que otra unidad tenga
capacidad para recibirlo.
En hospitales de Villa Victoria, Ixtlahuaca, Chalco, Acambay,
Ecatepec y Atizapán, las inconformidades también hicieron evidente que el
problema es estatal y no un incidente aislado.
En Chalco, trabajadores denunciaron que los problemas
administrativos han dejado sin ingresos a familias enteras del personal.
La frase resume el tamaño del desastre: “Detrás de cada
trabajador hay una familia, compromisos y necesidades que no pueden ponerse en
pausa por problemas administrativos”.
Tampoco pueden ponerse en pausa los infartos, los embarazos de
riesgo, las enfermedades renales, los cánceres, las urgencias ni ninguna otra
enfermedad.
DELFINA NO PUEDE SEGUIR CALLADA
La gobernadora Delfina Gómez Álvarez tiene frente a sí un
problema que no se resuelve con comunicados ni propaganda.
Tiene trabajadores protestando. Tiene hospitales con plazas
vacantes. Tiene denuncias por falta de insumos y equipo. Tiene procedimientos
quirúrgicos retrasados. Tiene personal amenazado por pacientes desesperados. Tiene
problemas recurrentes en hospitales que ya habían protestado anteriormente.
Y ahora tiene a trabajadores reclamando en las calles porque no
les pagaron su quincena.
El silencio del gobierno estatal resulta todavía más ofensivo
para miles de familias mexiquenses que todos los días enfrentan enfermedades y
descubren que obtener atención médica digna puede convertirse en una carrera de
obstáculos.
Porque una cosa es administrar mal una oficina. Y otra muy
distinta es administrar mal un sistema del que depende la vida de millones de
personas.
Si este martes el salario no aparece en las cuentas de los
trabajadores, el conflicto podría escalar a un paro estatal.
Y entonces la pregunta dejará de ser solamente cuánto tiempo
puede soportar un hospital sin personal suficiente.
La pregunta será mucho más brutal: ¿Cuántos pacientes más
tendrán que pagar con su salud —o con su vida— por el colapso de un sistema que
los gobiernos de Morena prometieron transformar?
Mientras tanto, Delfina Gómez permanece callada. Pero los
hospitales hablan por ella. Y lo que están diciendo es aterrador.
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