MORENA MAQUILLA DE “ORGANIZACIÓN” SU CAMPAÑA ADELANTADA EN EDOMEX
Por: EXPEDIENTE SECRETO
El morenista sostiene que “el movimiento es el movimiento” y
que no se pide el voto ni se promueven nombres. El problema es que, cuando un
partido organiza concentraciones, despliega a sus estructuras, moviliza
simpatizantes, difunde mensajes políticos, reparte su periódico Regeneración y
utiliza cualquier cantidad de pretextos —incluida la supuesta defensa de la
soberanía— para mantener una presencia permanente ante el electorado, resulta
difícil convencer a la sociedad de que todo se trata simplemente de
“organización”.
Más que una explicación, la postura de Vázquez Rodríguez
parece un intento de cambiarle el nombre a una práctica que despierta cada vez
más sospechas: hacer campaña antes de que oficialmente comiencen las campañas.
Morena podrá argumentar que no solicita el voto, pero la
política moderna no se reduce a pronunciar la palabra “vota”. Construir
presencia territorial, posicionar al partido, movilizar simpatizantes, difundir
mensajes y mantener a sus estructuras activas también puede tener un evidente
propósito de posicionamiento político. Y si de verdad no existe ningún interés
electoral, entonces la pregunta es obligada: ¿por qué tanta prisa, tanto
despliegue y tanto gasto?
Porque tampoco puede pasarse por alto el costo de esa
maquinaria política.
Sería muy saludable que Morena explicara con absoluta
transparencia cuánto dinero se está destinando a estas actividades, de dónde
salen los recursos para organizar asambleas, movilizaciones, propaganda y
recorridos, y qué beneficios concretos obtiene la población del Estado de
México de semejante despliegue partidista.
El dinero público no pertenece a Morena ni a sus dirigentes. Es
dinero de los ciudadanos, de los trabajadores, comerciantes, empresarios y
familias que pagan impuestos y que, a cambio, esperan servicios públicos
dignos, hospitales funcionales, seguridad, calles transitables, agua potable y
atención gubernamental.
Por eso resulta particularmente ofensivo que mientras existen
reclamos ciudadanos por deficiencias en salud, pagos pendientes a trabajadores
y problemas de infraestructura, desde la cúpula morenista se pretenda vender
como un gran logro político una intensa actividad partidista.
Y todavía más cuestionable resulta la respuesta de Vázquez
Rodríguez cuando se le preguntó por los pendientes del gobierno de Delfina
Gómez Álvarez: “ha súper cumplido, requete cumplido”.
Una respuesta de ese tipo podrá arrancar una sonrisa entre los
simpatizantes de Morena, pero difícilmente resuelve los problemas de quienes
enfrentan diariamente las carencias de los servicios públicos.
La frase, además, recuerda el estilo coloquial que en ocasiones
utiliza la propia gobernadora mexiquense, un lenguaje que puede funcionar en un
mitin político, pero que resulta insuficiente cuando se habla de gobernar una
entidad con más de 17 millones de habitantes y con problemas que no se
resuelven con ocurrencias, frases hechas ni aplausos partidistas.
Vázquez Rodríguez también pide no tener una “piel tan
sensible” frente a las críticas y asegura que dentro de Morena no existe
rompimiento. Perfecto. Entonces que tampoco tengan la piel tan sensible para
responder preguntas incómodas y explicar con documentos, cifras y transparencia
qué está ocurriendo con los recursos utilizados por el partido y sus
estructuras.
Porque mientras Morena asegura que solamente está “organizando
el movimiento”, la ciudadanía tiene derecho a preguntarse si está presenciando
una estrategia política anticipada rumbo a las próximas disputas electorales.
Y si Morena considera que todo lo que hace es legal, legítimo
y transparente, que lo demuestre.
Que explique quién paga, cuánto cuesta, quién organiza, quién
financia, quién se beneficia políticamente y cuál es el propósito real de cada
asamblea, cada recorrido y cada acto partidista.
Lo que no puede pretender el partido gobernante es pedirle a
la sociedad que cierre los ojos y acepte como verdad absoluta que todo es
simple “organización”.
La ciudadanía ya no está para discursos. Está para exigir
resultados.
Y mientras los políticos se reparten posiciones, preparan
plenarias, negocian la Jucopo, disputan la Mesa Directiva y mantienen activas
sus estructuras electorales, millones de mexiquenses siguen esperando que el
gobierno resuelva los problemas que Morena prometió solucionar.
Porque si el partido tiene tiempo y recursos para hacer
política, también debería tener la misma energía para responder por la salud,
la seguridad, los servicios públicos, los trabajadores y las condiciones de
vida de los mexiquenses.
Lo demás corre el riesgo de convertirse en lo que la sociedad
cada vez cuestiona con mayor fuerza: una campaña disfrazada de movimiento,
pagada directa o indirectamente por ciudadanos que no votaron para financiar
propaganda política, sino para recibir un gobierno que cumpla.

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