MUZO PRESUME CIFRAS, PERO EN LA CALLE PERSISTE LA EXTORSIÓN Y EL MIEDO EN EL ORIENTE MEXIQUENSE
Por: EXPEDIENTE SECRETO
TOLUCA, Estado de México, 7 de agosto de 2026.- Quinientos días después de la puesta en marcha del llamado Mando Unificado de la Zona Oriente (MUZO), el gobierno federal y el Estado de México presentan un balance optimista sustentado en estadísticas oficiales que hablan de una reducción de 36 por ciento en los homicidios dolosos y de 53 por ciento en el robo de vehículos. Sin embargo, fuera de los informes institucionales, la percepción de miles de habitantes de la zona oriente dista de ser la de una región pacificada.
En municipios como Los Reyes La Paz, Chimalhuacán, Ciudad
Nezahualcóyotl, Ecatepec, San Vicente Chicoloapan y Chalco, es innegable que
algunos indicadores delictivos muestran una tendencia descendente. La pregunta
es si esa disminución refleja una recuperación del Estado de derecho o
simplemente es una transformación en la forma en que opera la delincuencia.
Para numerosos comerciantes y empresarios, el problema ya no
es únicamente el robo de vehículos o la violencia visible, sino la extorsión
permanente. Cuando el llamado "derecho de piso" se normaliza y las
víctimas dejan de denunciar por miedo a represalias, determinados delitos
pueden disminuir en las estadísticas sin que ello implique una mejora real en
las condiciones de seguridad.
Desde esta perspectiva, el desafío no consiste únicamente en
contar menos homicidios o menos robos de automóviles, sino en garantizar que
las personas puedan desarrollar sus actividades económicas sin pagar cuotas
ilegales y sin vivir bajo amenazas. Mientras ese fenómeno continúe, resulta
difícil sostener que la seguridad se encuentra plenamente recuperada.
El propio boletín oficial reconoce que la extorsión sigue
siendo uno de los delitos que requieren fortalecimiento en las labores de
investigación. Ese reconocimiento resulta relevante porque, precisamente, la extorsión
es señalada desde hace años como uno de los principales mecanismos de control
criminal en diversas regiones del Estado de México.
Otro aspecto que permanece sin respuesta es la situación de
las policías municipales. En numerosos ayuntamientos, los elementos perciben
salarios cercanos a los ocho mil pesos mensuales. Ese nivel de ingresos abre un
debate legítimo sobre las condiciones laborales, la profesionalización policial
y la capacidad de las corporaciones para resistir los intentos de corrupción
por parte de organizaciones criminales.
Sin duda los bajos salarios son una de las principales causas
de la existencia de policías que colaboren con grupos delictivos, esto obliga a
investigar si las condiciones institucionales favorecen o dificultan la integridad
de los cuerpos de seguridad.
Además, Cristóbal Castañeda Camarillo, Secretario de Seguridad
en el Edomex es señalado por haber estado al frente de la Secretaría de
Seguridad Pública de Sinaloa entre 2018 y 2023, por lo que vivió dos “Culiacanazos”.
El teniente coronel Castañeda Camarillo, ha estado
señalado de tener nexos con el Cártel de Sinaloa y ahora es el encargado
de brindar protección a las y los mexiquenses. Castañeda históricamente ha sido
señalado de trabajar para el Cártel de Sinaloa durante su cargo como titular de
la SSP de Sinaloa. Lo que sin duda genera muchas dudas sobre el combate a la
delincuencia y la disminución de delitos de alto impacto en la entidad
mexiquense.
Las cifras oficiales pueden representar un avance en
determinados rubros, pero la experiencia cotidiana de la población continúa
marcada por el miedo, el cobro de extorsiones y la desconfianza hacia las
instituciones. En ese contexto, los números, por sí solos, difícilmente bastan
para convencer a quienes todos los días enfrentan una realidad distinta.
Más allá de los porcentajes presentados por el MUZO, la
verdadera prueba del éxito de cualquier estrategia de seguridad será que los
comerciantes puedan trabajar sin pagar cuotas ilegales, que los ciudadanos
denuncien sin temor y que el Estado recupere plenamente el control del
territorio mediante instituciones fuertes, transparentes y sujetas a la ley.
Hasta que esos objetivos se materialicen, el debate sobre la eficacia del
modelo seguirá abierto y las estadísticas oficiales continuarán siendo motivo
de contraste con la percepción y la experiencia de una parte de la ciudadanía.
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