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viernes, 31 de julio de 2026

TRÁNSITO EN LA PAZ: ¿CONTROL VIAL O EXTORSIÓN CON PISTOLA EN MANO?

 

*Policía municipal habría amenazado a un conductor armado; el caso vuelve a exhibir las contradicciones del gobierno de Martha Guerrero y el fracaso de las promesas para frenar los abusos

 

Por: EXPEDIENTE SECRETO

 


LOS REYES LA PAZ, Estado de México, 31 de julio de 2026.- La promesa de que la Policía de Tránsito Municipal dejaría de levantar infracciones y se limitaría al control vial parece desmoronarse frente a un nuevo señalamiento que vuelve a colocar bajo sospecha la actuación de los uniformados en Los Reyes La Paz.

 

Un policía de tránsito municipal fue señalado de amenazar a un conductor mientras sostenía un arma de fuego en la mano, luego de que el automovilista reclamara haber sido detenido sin haber cometido alguna infracción.

 

De acuerdo con el testimonio recabado, el conductor se molestó porque el oficial le marcó el alto sin explicarle el motivo de la detención. Ante lo que consideró un acto arbitrario, le gritó: “Pinche ratero, vete a robar a otro lado”.

 

La discusión escaló y el agente habría respondido mostrando el arma en su mano, en un hecho que genera serios cuestionamientos sobre el uso de la fuerza, el comportamiento de la corporación y los controles internos que deberían impedir que una revisión vial termine en una escena de intimidación.

 

El caso también pone nuevamente en entredicho las declaraciones de Tranquilino Lagos Buenabad, esposo de la alcaldesa morenista Martha Guerrero Sánchez, quien en junio pasado aseguró ante representantes de medios de comunicación que a los elementos de Tránsito se les retirarían las atribuciones para levantar infracciones y que únicamente realizarían labores de control vial.

 

Sin embargo, las denuncias de conductores y los hechos que ahora salen a la luz alimentan la percepción de que aquella promesa fue solamente un discurso para contener las críticas, mientras en las calles continúan los retenes, las detenciones injustificadas y las acusaciones de extorsiones.

 

Porque si los agentes ya no tienen facultades para infraccionar, la pregunta es inevitable: ¿por qué siguen deteniendo vehículos sin una causa clara y bajo qué criterios realizan esas revisiones?

 

El señalamiento también vuelve a colocar bajo la lupa a Ismael Garduño, alias “La Ardilla”, actual subdirector de Tránsito Municipal, cuyo nombramiento fue cuestionado desde el inicio de la administración, por medios de reporteros, periodistas, líderes sociales y ciudadanos.

 

De acuerdo con denuncias y versiones difundidas previamente, Garduño pertenece a la vieja guardia de la Policía Estatal y habría tenido responsabilidades relacionadas con el manejo y reparto de recursos obtenidos mediante extorsiones a conductores. Estas advertencias, sin embargo, fueron ignoradas por el gobierno municipal.

 

A pesar de los cuestionamientos, la administración de Martha Guerrero lo colocó al frente de una de las áreas más señaladas por abusos contra automovilistas. Ahora, la aparición de un nuevo caso en el que un policía es acusado de intimidar a un conductor con un arma de fuego vuelve a encender las alarmas.

 

Las denuncias también apuntan a que algunos elementos serían presionados para obtener dinero en las calles y entregarlo a sus mandos. Se trata de una acusación grave que exige una investigación independiente, revisión de los reportes de servicio, cámaras corporales —si existen—, bitácoras de patrullaje y los registros de radio comunicación.

 

La ciudadanía no necesita más boletines ni promesas de “control vial”. Necesita saber por qué un conductor puede ser detenido sin una explicación clara y terminar frente a un policía con un arma de fuego en la mano siendo amenazando.

 

La alcaldesa Martha Guerrero Sánchez debe explicar si los agentes de Tránsito realmente perdieron las facultades para sancionar, cuáles son sus atribuciones actuales y qué medidas se tomarán contra cualquier elemento que utilice el uniforme, el arma y el poder público para intimidar o extorsionar.

 

Porque si la orden era acabar con los abusos, pero en las calles continúan las detenciones arbitrarias y ahora aparecen denuncias de amenazas armadas, entonces la estrategia no solo fracasó: podría haberse convertido en una simulación.

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