LA PAZ: DOS ALCALDES, MÁS VIOLENCIA Y CADA
VEZ MÁS PREGUNTAS SIN RESPUESTA
Por: EXPEDIENTE SECRETO
Mientras esa percepción se fortalece, la delincuencia continúa
imponiendo su propia ley.
La tarde del jueves 16 de julio, alrededor de las 16:00 horas,
un hombre fue atacado a balazos frente a su domicilio, en la calle Río
Baluarte, casi esquina con Río Bravo, en la colonia El Salado. De acuerdo con
los primeros reportes, dos sujetos lo interceptaron para despojarlo de su
motocicleta y le dispararon en dos ocasiones: una bala impactó en el pecho y
otra en la cadera. Los agresores escaparon sin que nadie los detuviera,
mientras la víctima fue trasladada de emergencia a un hospital, donde se debate
entre la vida y la muerte.
Las primeras líneas de investigación manejan dos hipótesis:
una sostiene que el hombre transportaba una fuerte cantidad de dinero que le
fue robada; la otra apunta a que fue baleado por negarse a entregar su
motocicleta. En cualquiera de los dos escenarios, el saldo es el mismo: la
delincuencia volvió a actuar con absoluta impunidad.
El ataque también reavivó los cuestionamientos sobre la
eficacia del llamado Grupo de Inteligencia Municipal, anunciado por la
alcaldesa Martha Guerrero como uno de los pilares de su estrategia de
seguridad.
La ciudadanía se pregunta qué resultados ha dado esa
estructura si los hechos violentos continúan registrándose prácticamente todos
los días.
Los señalamientos también alcanzan al director operativo de
Seguridad Ciudadana, Isaías Ramírez Leal, de quien dentro de la propia
corporación se afirma que es quien realmente decide qué se hace y qué no se
hace en la policía municipal. Incluso, durante este hecho, trascendió que
habría ordenado impedir que reporteros grabaran videos o tomaran fotografías de
la escena, alimentando las críticas sobre una política orientada más a
controlar la información que a combatir la delincuencia.
Las críticas tampoco excluyen al comisario de Seguridad
Pública Municipal, Eduardo Fouilloux Bataller, a quien elementos de la
corporación describen como un mando ausente, señalando que pasa gran parte del
tiempo dentro de su oficina sin asumir un liderazgo operativo frente a la
creciente crisis de inseguridad. Mientras tanto, los hechos violentos continúan
acumulándose.
El atentado ocurrido en El Salado se suma a una larga lista de
homicidios, robos con violencia, ejecuciones y agresiones que mantienen a Los
Reyes La Paz bajo un ambiente permanente de temor. Comerciantes y vecinos
sostienen que, lejos de disminuir, la extorsión se ha expandido durante la
actual administración municipal, afectando negocios, transportistas y familias
enteras.
En ese contexto, diversos actores políticos, especialistas en seguridad
y sectores de la sociedad han planteado como hipótesis que el crecimiento de
las extorsiones y otros delitos podría estar relacionado con acuerdos entre Tranquilino
Lagos Buenabad y el grupo delictivo llamado "Sindicato 22 de Octubre",
encabezado por Héctor Becerril.
Hasta este momento la Fiscalía General de Justicia del Edomex (FGJEM),
no ha investigado si existe una relación entre el esposo de la alcaldesa y
Becerril, por ello, Tranquilino Lagos se siente intocable. Sin embargo, los
cuestionamientos públicos persisten y distintos sectores continúan exigiendo
que el esposo de la alcaldesa responda públicamente y de manera directa a esas
versiones y aclare cuál es su papel dentro del gobierno municipal.
ESE PRONUNCIAMIENTO NUNCA HA LLEGADO
El silencio, lejos de disipar las dudas, ha alimentado una
percepción de opacidad que se reactiva con cada asesinato, cada ataque armado y
cada nuevo hecho de violencia que golpea al municipio.
Hoy, mientras un hombre lucha por sobrevivir tras ser baleado
frente a su casa, miles de habitantes vuelven a preguntarse por qué la
estrategia de seguridad no ofrece resultados, quién toma realmente las
decisiones dentro del Ayuntamiento y por qué la delincuencia sigue actuando con
una libertad que parece desafiar a las propias autoridades.
En Los Reyes La Paz, la crisis ya no solo se mide por el
número de víctimas. También se refleja en la profunda pérdida de confianza
ciudadana hacia un gobierno que prometió devolver la tranquilidad y que, hasta
ahora, observa cómo las calles continúan llenándose de violencia, mientras las
respuestas oficiales siguen sin convencer a una población cada vez más cansada
de vivir entre el miedo y la incertidumbre.

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