POLICÍA DETENIDO POR PRESUNTOS ABUSOS EXHIBE EL
SILENCIO DEL ALCALDE DE TEXCOCO
*Comerciantes aseguran que el uniformado los despojaba de
dinero y mercancía; exigen una depuración total de la corporación y respuestas
de Nazario Gutiérrez
Por EXPEDIENTE SECRETO
La noche de ayer miércoles, comerciantes de la zona turística
de El Molino de las Flores, cansados —según denunciaron— de los constantes
abusos del uniformado, decidieron retenerlo y entregarlo a elementos de la
Secretaría de Seguridad del Estado de México.
El policía conducía la patrulla TEX-C-165 y, mientras era asegurado
por los agentes estatales, los comerciantes lanzaban una frase que refleja la
profunda desconfianza ciudadana hacia las instituciones: "¡Va a salir, va
a salir!", convencidos de que, como en otros casos, la impunidad terminará
imponiéndose.
Aunque los policías estatales intentaban tranquilizar a los
presentes asegurando que el procedimiento seguiría su curso, la respuesta de la
población fue de incredulidad. Para muchos habitantes, el problema no es
únicamente un policía, sino un sistema que durante años ha permitido que malos
elementos permanezcan en las corporaciones sin consecuencias.
El caso abre interrogantes que el gobierno municipal no ha
respondido: ¿cómo ingresó este elemento a la Policía Municipal?, ¿qué controles
de confianza aprobó?, ¿qué formación recibió?, ¿existían denuncias previas en
su contra?, ¿cuántos ciudadanos fueron víctimas de presuntos abusos antes de
que los comerciantes decidieran detenerlo por su propia cuenta?
La falta de una postura pública del alcalde Nazario Gutiérrez
Martínez ha sido interpretada por diversos sectores como un intento de
minimizar un hecho que pone en entredicho los procesos de selección,
supervisión y control de la policía municipal.
Más allá de la responsabilidad individual del elemento
detenido, el episodio evidencia la necesidad de una revisión integral de toda
la corporación policiaca de Texcoco, incluyendo controles de confianza,
evaluaciones patrimoniales, investigaciones sobre posibles redes de corrupción
y mecanismos eficaces para atender las denuncias ciudadanas.
Cuando son los propios comerciantes quienes se ven obligados a
detener a un policía al que acusan de despojarlos de su patrimonio, el problema
deja de ser un hecho aislado y se convierte en un síntoma de una institución
cuya credibilidad se encuentra seriamente deteriorada.
Mientras el gobierno municipal guarda silencio, crece la
exigencia ciudadana de que el alcalde deje de evadir el tema, informe con
transparencia qué ocurrió y ordene una depuración profunda de la corporación,
porque la confianza en la policía no se recupera ocultando los problemas, sino
enfrentándolos con investigaciones serias, sanciones ejemplares y una rendición
de cuentas clara.

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