INUNDACIONES EXHIBEN EL FRACASO DE DELFINA GÓMEZ; LA BASURA NO ES EL PROBLEMA, LA INCOMPETENCIA SÍ
*Las lluvias vuelven a exhibir que las millonarias promesas
para modernizar la infraestructura hidráulica del Estado de México no se
reflejan en las colonias donde cada temporada cientos de familias pierden parte
de su patrimonio por las inundaciones
Por: EXPEDIENTE SECRETO
La narrativa gubernamental intenta convencer a la ciudadanía
de que la basura es la principal responsable de las inundaciones. Sin embargo,
la realidad que viven diariamente los habitantes de municipios como Chimalhuacán,
Nezahualcóyotl, La Paz, Ecatepec, Valle de Chalco, Coacalco, Cuautitlán Izcalli,
Tultitlán y Chalco desmiente el discurso oficial. El verdadero problema está en
la infraestructura hidráulica abandonada, en los drenajes colapsados, en los
colectores saturados y en la ausencia de obras preventivas que durante décadas
han sido prometidas por distintos gobiernos.
Hace apenas un año, Delfina Gómez anunció inversiones
millonarias para combatir las inundaciones y modernizar la infraestructura
hidráulica del Estado de México. Hoy, las lluvias han puesto a prueba esos
compromisos y el resultado es contundente: miles de familias siguen perdiendo
muebles, electrodomésticos, documentos y parte de su patrimonio cada vez que
cae una tormenta intensa.
Las escenas se repiten sin cambios. Vecinos sacando agua de sus
hogares con cubetas, comerciantes observando cómo se pierde su mercancía y
colonias enteras incomunicadas por el nivel del agua. Lo más grave es que no se
trata de un fenómeno inesperado. Las inundaciones son un problema plenamente
identificado desde hace décadas y, aun así, cada temporada de lluvias encuentra
a las autoridades sin una estrategia efectiva de prevención.
La campaña “Limpiemos Nuestro EDOMEX” puede ser útil para
retirar residuos de calles y espacios públicos, pero difícilmente resolverá el
colapso de una red hidráulica envejecida y rebasada. Levantar basura de los
camellones no sustituye la construcción de colectores, cárcamos, drenajes
profundos y obras hidráulicas capaces de soportar el crecimiento urbano de la
entidad.
Los más afectados continúan siendo los sectores populares,
precisamente aquellos a quienes Morena prometió poner en el centro de las
decisiones públicas. Son las familias de menores ingresos las que terminan
pagando el costo de la falta de planeación, mientras desde las oficinas
gubernamentales se insiste en presentar como éxito una estrategia que no ha
logrado evitar los mismos daños de siempre.
La conclusión resulta incómoda para el discurso oficial: si
después de años de diagnósticos, promesas e inversiones anunciadas las
inundaciones siguen provocando los mismos estragos, entonces el problema no es
únicamente la basura. El problema es la incapacidad institucional para ejecutar
soluciones permanentes y garantizar obras que realmente protejan a la
población.
Además, el reciente revés electoral sufrido por Morena en
Coahuila debería encender las alertas dentro del partido gobernante. Aunque sus
dirigentes intenten minimizar la derrota, el mensaje ciudadano es claro: los
discursos y la propaganda tienen límites cuando los problemas cotidianos
permanecen sin solución. En el Estado de México, las inundaciones podrían
convertirse en uno de los principales símbolos del desencanto social hacia una
administración que prometió transformación, pero que hasta ahora no ha logrado
impedir que miles de mexiquenses sigan viendo cómo el agua destruye su
patrimonio año tras año.
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