HIGINIO SE QUEDA SOLO: EL PODER QUE PRESUMÍA COMIENZA A DESMORONARSE
*El senador sabe que su sueño de gobernar el Estado de México
se aleja mientras Morena le aplica la ley del hielo.
Por: EXPEDIENTE SECRETO
Resulta por demás llamativo que el mismo senador que durante
décadas ejerció un férreo control sobre amplios sectores de Morena en el Estado
de México, hoy lance desesperados llamados a la unidad y ofrezca respaldo
irrestricto a la gobernadora Delfina Gómez Álvarez sin recibir siquiera una
respuesta pública desde Lerdo 300.
La situación adquiere tintes de ironía política cuando se
recuerda que fue el propio Higinio quien, apenas iniciado el gobierno de
Delfina Gómez en septiembre de 2023, decidió darle la espalda. La Jefatura de
Gabinete fue creada prácticamente a su medida y, sin embargo, nunca la ejerció.
Se convirtió en la primera gran renuncia del gabinete estatal, aunque ni
siquiera tuvo la cortesía política de asumir públicamente su abandono del
cargo.
En aquellos días, el senador se movía con la seguridad de
quien se sentía indispensable. Hoy, en cambio, parece descubrir que en política
nadie es eterno y que los liderazgos que se construyen a partir de cuotas de
poder suelen derrumbarse cuando cambian las circunstancias.
La preocupación de Higinio no parece estar relacionada con la
unidad de Morena ni con la estabilidad del gobierno estatal. Lo que
verdaderamente inquieta al patriarca de Texcoco es la posibilidad de que su
estructura política, agrupada bajo el sello de "Mexiquenses de
Corazón", pierda influencia en la repartición de candidaturas rumbo a las
elecciones intermedias de 2027.
Los rumores que recorren ayuntamientos, oficinas
gubernamentales y grupos políticos de Morena apuntan en una misma dirección:
cada vez son más los actores que consideran que el tiempo del dominio higinista
está llegando a su fin. La llamada "Ley del hielo" que hoy enfrenta
no parece casualidad; es la consecuencia de años de confrontaciones internas,
imposiciones y disputas por el control político.
La pregunta que muchos se hacen es simple: ¿por qué el
repentino cambio de actitud? ¿Qué ocurrió con el dirigente que acostumbraba
imponer su voluntad mediante presiones, amenazas políticas y ultimátums? ¿Por
qué ahora pide diálogo quien durante años prefirió la confrontación?
La respuesta parece evidente. Higinio Martínez sabe que su
proyecto político enfrenta el momento más delicado de las últimas dos décadas.
Sabe que las decisiones sobre alcaldías, diputaciones locales y federales ya
comenzaron a moverse sin que necesariamente pase por sus manos. Y, sobre todo,
sabe que su vieja aspiración de gobernar el Estado de México se aleja cada día
más.
El senador observa cómo nuevos grupos ganan terreno dentro de
Morena mientras su influencia se reduce. El problema para Higinio no es
únicamente la falta de interlocución con el gobierno estatal; el verdadero
problema es que comienza a perder algo mucho más valioso para cualquier
político: la capacidad de ser indispensable.
Por eso sus llamados a la unidad suenan más a una petición de
auxilio que a una estrategia partidista. Porque cuando un líder acostumbrado a
mandar empieza a suplicar atención, es señal inequívoca de que el poder ya
comenzó a mudarse de domicilio.
Y en política, pocas cosas son más devastadoras que descubrir
que nadie está obligado a contestar el teléfono.
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