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martes, 2 de junio de 2026

SECUESTRAN A PERIODISTA EN VERACRUZ Y LA IMPUNIDAD

 VUELVE A EXHIBIR EL FRACASO DEL ESTADO

 

*La desaparición de Roxana Guzmán reabre la herida de la violencia contra la prensa en un país donde los ataques a periodistas rara vez encuentran castigo

 

Por: EXPEDIENTE SECRETO

 


NANCHITAL, Veracruz, 2 de junio de 2026.- El secuestro de la periodista Roxana Guzmán Ramírez, directora del portal Pulso Informativo del Sureste, vuelve a exhibir la fragilidad de la libertad de expresión en México y la incapacidad histórica del Estado para proteger a quienes ejercen el periodismo en regiones dominadas por la violencia y el miedo.

 

La mañana de este martes, sujetos armados irrumpieron violentamente en un domicilio de Nanchital y se llevaron por la fuerza a la comunicadora. Un video difundido en redes sociales muestra el momento en que tres hombres encapuchados y armados derriban la puerta e ingresan apuntando con armas de fuego a los presentes, en una escena que recuerda más a un operativo criminal que a un hecho aislado.

 

La Fiscalía General del Estado de Veracruz confirmó la apertura de una carpeta de investigación por la privación ilegal de la libertad de la periodista y aseguró que realiza labores para localizarla. Sin embargo, para organizaciones defensoras de la prensa, las promesas institucionales suelen llegar después de los hechos consumados y rara vez terminan en justicia.

 

La Comisión Estatal para la Atención y Protección de los Periodistas (CEAPP) confirmó que Roxana Guzmán fue sustraída por la fuerza y desplegó personal especializado para acompañar a sus familiares. Mientras tanto, la incertidumbre crece en torno al paradero de la comunicadora.

 

El caso ocurre en un país donde informar sigue siendo una actividad de alto riesgo. México se mantiene desde hace años entre las naciones más peligrosas del mundo para ejercer el periodismo fuera de contextos de guerra. La desaparición de periodistas, las amenazas, los atentados y los asesinatos forman parte de una realidad que los gobiernos de distintos partidos no han logrado revertir.

 

Las cifras son demoledoras. Desde el año 2000, al menos 174 periodistas han sido asesinados y 33 permanecen desaparecidos. La mayoría de los expedientes continúan sin resolverse, alimentando un círculo de impunidad que envía un mensaje devastador: en México, atacar a la prensa sigue siendo un delito con escasas consecuencias.

 

Durante el primer año de la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum, al menos 12 periodistas fueron asesinados y uno más desapareció, de acuerdo con registros de organizaciones nacionales e internacionales de defensa de la libertad de expresión. Los números contradicen el discurso oficial de fortalecimiento institucional y evidencian que las agresiones contra comunicadores continúan siendo una emergencia nacional.

 

Aún más alarmante es el desempeño de la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión (FEADLE). Desde su creación en 2010 y hasta septiembre de 2025, apenas logró nueve sentencias por asesinato de periodistas y cuatro por tentativa de homicidio. El contraste es brutal: en ese mismo periodo, organizaciones especializadas documentaron al menos 126 periodistas asesinados y 17 desaparecidos.

 

La desaparición de Roxana Guzmán no solo representa un ataque contra una periodista; constituye una agresión directa al derecho de la sociedad a estar informada. Cada comunicador silenciado amplía las zonas de oscuridad donde prosperan la corrupción, el crimen organizado y los abusos de poder.

 

Mientras las autoridades prometen investigaciones, una pregunta vuelve a resonar con fuerza en Veracruz y en todo México: ¿cuántos periodistas más tendrán que ser secuestrados, desaparecidos o asesinados antes de que la protección a la prensa deje de ser un discurso y se convierta en una realidad?

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