UPREZ VUELVE A LAS CALLES… MIENTRAS SU LÍDER
CONSOLIDA UN IMPERIO EDUCATIVO
*Entre plantones y marchas, crecen los cuestionamientos sobre
el imperio educativo y la falta de transparencia en la dirigencia de Felipe
Rodríguez Aguirre.
Por: Rodolfo Rodríguez, Martín Ponce y Carlos Recio
TOLUCA, Estado de México, 3 de marzo de 2026. – La Unión
Popular Revolucionaria Emiliano Zapata (UPREZ) anunció una nueva marcha y
plantón en la capital mexiquense para exigir al gobierno estatal el
cumplimiento de acuerdos en materia educativa y laboral. Sin embargo, detrás
del discurso de “promesas incumplidas” y “derechos vulnerados”, vuelve a
colocarse en el centro de la polémica su dirigente histórico, Felipe Rodríguez
Aguirre, señalado desde hace años por operar lo que muchos consideran un
negocio educativo disfrazado de lucha social.
La movilización partió del mercado Benito Juárez hacia Palacio
de Gobierno. Entre las demandas se encuentran la entrega de tractores para el
campo —de 20 solicitados, dicen, solo recibieron dos—, mantenimiento de bordos,
reconocimiento oficial de escuelas de nivel medio superior, la liberación del
terreno para la EPO 345, infraestructura, saneamiento del Río Lerma, donación
de predios para preparatorias populares y la basificación de docentes.
No es la primera vez que la UPREZ recurre a la presión
callejera. La fórmula le ha funcionado durante décadas. Pero hoy las críticas
no solo apuntan a la estrategia de protesta, sino al contraste entre el
discurso de precariedad y la realidad económica de su principal dirigente.
Diversas voces en el Estado de México sostienen que Felipe
Rodríguez Aguirre es actualmente una de las personas más acaudaladas en el
ámbito de las organizaciones sociales de la entidad, gracias al control de al
menos un centenar de escuelas. Mientras públicamente enarbola la bandera de la
educación popular, los beneficios y apoyos gestionados ante distintos gobiernos
—sin importar el partido— habrían fortalecido una estructura que, lejos de
transparentarse, se ha consolidado como un emporio educativo bajo control
familiar.
Sus hijos, Felipe Rodríguez Nava y Jesús Rodríguez Nava,
también forman parte de esa estructura. En colonias como Vicente Villada, en
Nezahualcóyotl, no son pocos quienes cuestionan las formas y el trato que, aseguran,
caracteriza a la familia Rodríguez. Las acusaciones de soberbia y de utilizar
la organización como plataforma de poder político y económico han sido
constantes.
Paradójicamente, la organización se presenta como víctima
sistemática de los gobiernos en turno. No obstante, ha logrado obtener
terrenos, reconocimientos, infraestructura y recursos públicos a lo largo de
varias administraciones. El único mandatario que se atrevió a confrontar
abiertamente a Rodríguez Aguirre fue el exgobernador Eruviel Ávila Villegas,
durante cuyo gobierno el dirigente fue detenido por daños a las vías de
comunicación, en un episodio que marcó uno de los pocos intentos
institucionales por frenar sus métodos de presión.
La pregunta que comienza a circular entre diversos sectores es
si la causa educativa sigue siendo el motor real de estas movilizaciones o si,
por el contrario, se ha convertido en un mecanismo recurrente para ampliar
cuotas de poder y beneficios.
La lucha social y la defensa de derechos son legítimas en
cualquier democracia. Pero cuando la dirigencia de una organización acumula
poder y recursos durante décadas sin mecanismos claros de rendición de cuentas,
el debate deja de ser ideológico y se vuelve ético.
Hoy, mientras la UPREZ instala su plantón frente a Palacio de
Gobierno, no solo se discuten tractores, plazas o terrenos. También está en
juego la transparencia de una estructura que, bajo el discurso de justicia
social, ha construido una influencia que pocos se han atrevido a cuestionar
abiertamente.

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