Corrupción en Aduanas
*Un documento confidencial
de la Marina detalla los niveles de corrupción durante la administración de
Horacio Duarte, en la cual participaban mandos de la institución que habían
sido colocados en puestos estratégicos.
Raymundo Riva Palacio. Estrictamente
Personal, marzo 10, 2026.
Ricardo Peralta fue
director de Aduanas por decisión del entonces presidente Andrés Manuel López
Obrador al arrancar su gobierno a finales de 2018, y salió año y medio después
bajo sospecha de presunta corrupción. Lo sustituyó Ricardo Ahued, quien duró 11
meses porque tuvo diferencias con el expresidente. Llegó Horacio Duarte, que
tampoco hizo raíces, y lo sustituyó Rafael Marín Mollinedo, quien se fue y
regresó al puesto que aún ostenta. Aduanas la tomó la Marina, que está tratando
de limpiar la corrupción, pero, por alguna razón, la putrefacción que causaron
los civiles nadie la está viendo. Terreno
libre para seguir escalando.
Peralta, protegido por la
exsecretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, y que nombró administrador
de la Aduana de Reynosa a Julio Carmona, hermano de Sergio, el llamado “rey del
huachicol”, testigo protegido en Estados Unidos, es el representante del
gobierno de Tlaxcala en la Ciudad de México. Ahued –sobre quien no hay
sospechas de nada ilegal o irregular– es secretario de Gobierno en Veracruz.
Duarte es secretario de Gobierno en el Estado de México. Y Marín Mollinedo quiere
ser gobernador de Quintana Roo y está cometiendo probables delitos electorales.
En 2021, López Obrador le
entregó las 17 fronteras marítimas a la Marina porque se habían convertido en
un “botín”. Las recibió el exsecretario, Almirante Rafael Ojeda, quien, por
méritos propios, es un presunto delincuente porque la corrupción en Aduanas no
la combatió, sino que, según documentación interna del gobierno, la solapó. Es
cierto que la corrupción en Aduanas se arrastra desde antes de que la Marina
asumiera el control operativo y administrativo de los puertos, pero no se
frenó. Se tuvo una gran oportunidad en la segunda parte del sexenio de López
Obrador, pero se perdió.
De manera inexplicable, el
almirante Ojeda hizo caso omiso de una información que le entregaron los
servicios de información de la Marina sobre Duarte, que, como a Peralta, no lo
tocaron ni con la foja de una declaración ministerial. Un documento al que se
tuvo acceso, que comenzó a circular en la Marina en 2022, tras la salida de
Duarte y como respuesta a la complicidad que se había anidado en los altos
mandos, detalla los niveles de corrupción en esa administración, en la cual
participaban mandos de la institución que habían sido colocados en puestos
estratégicos.
El documento confidencial
de la Marina, que se entregó al entonces secretario, señala abiertamente a tres
funcionarios que fueron fundamentales para Duarte en el esquema de corrupción:
Juan Carlos Madero Larios, que era subdirector de Operación Aduanera, cuyo
nombre aparece como la figura más importante de la red que tenía Duarte; José
Marcos García Nieto, encargado de Modernización de Equipamiento e Infraestructura,
y Carlos Narváez Romero, que había sido director de Evaluación en Aduanas. El
primero era el principal responsable de la red a nivel institucional, de
acuerdo con el informe, mientras que los otros dos tenían, además de sus
enlaces militares y civiles, relación con el crimen organizado.
Madero Larios realizaba
acciones a favor de un contrabandista ligado con el entonces director de
Operación Aduanera, el vicealmirante Felipe Solano Armenta, quien interactuaba
con almirantes, representantes de la Fiscalía General de la República y
civiles, mientras que García Nieto y Narváez Romero, quienes también tenían
enlaces con otros contrabandistas que tenían controlada la aduana interna de
Pantaco con sobornos a altos mandos de la Marina, subadministradores, operadores
de módulos de rayos X, verificadores y personal de salida del recinto,
trabajaban también con un operador del Cártel Jalisco Nueva Generación con
control desde el puerto de Lázaro Cárdenas hasta Veracruz.
El documento es previo al
descubrimiento de la red de contrabando de combustible manejada por los
oficiales Fernando y Manuel Roberto Farías Laguna, sobrinos políticos del
almirante Ojeda. No obstante, el nombre del almirante Fernando Farías Laguna
aparece como el marino que tenía bajo control el puerto de Lázaro Cárdenas, a
través del administrador, el capitán de fragata Julián Manuel Otáñez, desde
donde se exportaba hierro a China con documentos falsos.
La red tejida durante la administración
de Duarte en Aduanas se extendía por todo el país.
En la Ciudad de México, un
contrabandista que opera con la cubierta de una empresa de exportación e
importación, tenía en su nómina a un contralmirante y a un teniente de la
Marina. En Lázaro Cárdenas, el administrador de Normatividad en Comercio
Exterior, de acuerdo con el documento, era el enlace con funcionarios de la
dirección de Aduanas y con el capitán Otáñez. En Manzanillo, la corrupción la
administraba el contralmirante Antonio Bandala López, quien era el
administrador del puerto, y el entonces capitán Rubén Guerrero Alcántar,
asesinado en noviembre de 2024 tras denunciar la red de contrabando de
combustible.
En Mexicali, la red de
corrupción a manejaba el jefe de Módulos de la Aduana, mientras que en Nuevo
Laredo, el subadministrador de Puntos Tácticos –enlace de Madero Larios–
operaba con la subadministradora. En Nogales, desde el despacho aduanero, con
la colaboración de una oficial de Comercio Exterior, Madero Larios mantenía
alimentado al equipo de funcionarios menores que participaban de los manejos
ilegales.
El contralmirante Ricardo
Gutiérrez Ruvalcaba, en ese entonces administrador de la Aduana en el
Aeropuerto Internacional “Benito Juárez” de la Ciudad de México, encabezaba el
manejo de la red a través del subadministrador, el teniente Eddie Ascencio
Méndez, mediante agentes aduanales y personal de Aduanas, a quienes les pagaban
40 mil pesos cada uno por cada operación. El vínculo entre el aeropuerto y
Pantaco se establecía mediante el contrabandista y un operador externo
registrado en Aduanas desde 2009.
El documento confidencial
de la Marina tiene decenas de nombres de funcionarios menores y la identidad de
los contrabandistas y enlaces con el Cártel Jalisco Nueva Generación, así como
la red de vínculos que permiten ver, con organigramas y fichas específicas de
los principales protagonistas, la profundidad de la operación que, deja
entrever el informe, floreció durante la administración de Duarte, con la
participación activa de funcionarios de la FGR que realizaban inspecciones
simuladas y cambiaban datos de los registros para evitar que fueran revisadas
también por la Secretaría de la Defensa.
La información sobre la
corrupción en Aduanas, llevada a cabo por civiles y militares, es profusa y
concreta, aunque hasta ahora ha faltado voluntad política para llegar al fondo
y determinar los últimos responsables.
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