ENCUESTAS A MODO Y REALIDADES INCÓMODAS: EL ESPEJISMO
DEL “ÉXITO” EN EL ESTADO DE MÉXICO
*Encuestas a modo frente
a un estado marcado por la inseguridad, la desigualdad y la simulación gubernamental
TOLUCA, Estado de México,
18 de marzo de 2026.- Desde las oficinas del poder con sede en la capital
mexiquense se insiste, una y otra vez, en construir una narrativa triunfalista
que poco tiene que ver con lo que viven millones de mexiquenses todos los días.
Ahora, con el respaldo de una encuesta de la empresa FactoMétrica, el gobierno
encabezado por Delfina Gómez Álvarez pretende vender la idea de que la
percepción ciudadana ha mejorado sustancialmente. Pero detrás de los números
alegres, la realidad sigue siendo mucho más dura.
El 65.1% de aprobación que
presume el boletín no es más que una cifra que, en el mejor de los casos,
refleja percepciones superficiales y, en el peor, una herramienta de propaganda
cuidadosamente construida. Porque si algo caracteriza al Estado de México no es
precisamente la bonanza económica ni la tranquilidad social, sino la
precariedad laboral, la informalidad y la inseguridad que persistente.
Hablar de “avance” en
generación de empleos resulta, por decir lo menos, ofensivo para miles de
mexiquenses que sobreviven en condiciones de subempleo o dentro de la economía
informal. Los empleos que se generan —cuando existen— suelen ser mal pagados, sin
prestaciones y sin estabilidad. No hay política pública sólida que esté
transformando el mercado laboral; lo que hay es maquillaje estadístico.
En cuanto a los programas
sociales, el gobierno estatal intenta capitalizar políticamente su
implementación, pero evita hablar de su uso como mecanismos clientelares. Lejos
de ser herramientas de desarrollo estructural, estos apoyos muchas veces
funcionan como paliativos temporales que no atacan las causas de fondo de la
pobreza ni la desigualdad.
Pero donde el discurso
oficial se vuelve francamente insostenible es en materia de seguridad. Presumir
un incremento de casi 10 puntos en la percepción positiva, mientras el propio
boletín reconoce que casi el 60% de la población considera la inseguridad como
el principal problema, es una contradicción evidente. Es, en realidad, un
intento por imponer una narrativa que no resiste el contraste con los hechos.
En municipios del oriente
del estado, como Ciudad Nezahualcóyotl, Chalco, Chicoloapan, Chimalhuacán, Ecatepec
o Los Reyes La Paz, la percepción no es la de una mejora, sino la de abandono.
Extorsiones, robos, presencia del crimen organizado y cobro de derecho de piso
forman parte de la cotidianidad, aunque no aparezcan en los boletines
oficiales.
El problema de fondo no es
la encuesta en sí, sino el uso político que se le da. Se pretende sustituir la realidad
con cifras, como si los datos pudieran borrar la experiencia diaria de
inseguridad, desigualdad y falta de oportunidades. Es una estrategia conocida:
repetir una mentira suficientes veces hasta intentar convertirla en verdad.
Sin embargo, la realidad
termina por imponerse. Y esa realidad no se mide en porcentajes, sino en calles
inseguras, en negocios que cierran por extorsión, en jóvenes sin oportunidades
y en familias que viven con miedo.
El gobierno estatal puede
seguir difundiendo números optimistas, pero mientras no exista un cambio real y
tangible en la vida de la gente, cualquier encuesta favorable será vista por
amplios sectores de la población como lo que realmente es: propaganda
disfrazada de medición.
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