CJNG SIGUE INTACTO TRAS CAÍDA DEL MENCHO; DUDAS SOBRE
ESTRATEGIA DEL GOBIERNO FEDERAL
Por: EXPEDIENTE SECRETO
CIUDAD DE MÉXICO, 21 de marzo de 2026.-** La confirmación de lo evidente terminó por abrir una pregunta incómoda en materia de seguridad nacional: si el Cártel Jalisco Nueva Generación sigue operando con fuerza tras la caída de su líder, ¿por qué el Estado no ha lanzado una ofensiva para desmantelarlo?
Ayer, durante la conferencia matutina en Palacio Nacional, el
jefe del Gabinete de Seguridad Federal, Omar García Harfuch, reconoció que el
grupo criminal no ha desaparecido pese a la muerte de su fundador, Nemesio
Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”.
“El grupo sigue teniendo presencia nacional, es fuerte y
altamente peligroso”, admitió el funcionario, en una declaración que, si bien
responde a una pregunta obvia, deja al descubierto la ausencia de una narrativa
más contundente: la de una estrategia clara para desarticular al cártel en su
momento de mayor vulnerabilidad.
Porque, aunque la caída del Mencho representa, en teoría, el
golpe más significativo al narcotráfico en los gobiernos recientes —en
contraste con la política de “abrazos, no balazos” impulsada por Andrés Manuel
López Obrador—, lo cierto es que no se ha anunciado una segunda fase ofensiva
contra la estructura criminal.
Hasta ahora, no hay señales de operativos dirigidos a capturar
o eliminar a los líderes regionales ni a desmantelar las redes financieras del
CJNG, pese a que especialistas y mandos militares consideran que ese sería el
paso lógico tras la neutralización del capo.
Fuentes castrenses señalan que el Ejército estaría listo para
avanzar contra los posibles sucesores de Oseguera Cervantes, pero que la orden
simplemente no ha llegado desde el más alto nivel del poder, encabezado por la
presidenta Claudia Sheinbaum.
La omisión resulta aún más llamativa si se considera la
magnitud del conglomerado criminal. El CJNG no es una estructura vertical
tradicional, sino una especie de franquicia delictiva que agrupa decenas de
células dedicadas no sólo al narcotráfico, sino también al huachicol, trata de
personas, tráfico de armas, extorsión, lavado de dinero y control territorial.
En ese contexto, la falta de una ofensiva posterior al golpe
inicial abre interrogantes inevitables: ¿se trata de una estrategia deliberada
o de una pausa inexplicable?
Entre las versiones que circulan, una apunta a factores
internacionales y políticos. La cercanía de la Copa del Mundo y el temor a una
reacción violenta del crimen organizado podrían estar influyendo en la
contención de acciones más agresivas, ante el riesgo de generar inestabilidad
en el país.
Otra línea, más delicada, sugiere tensiones internas y una
reconfiguración en la cooperación bilateral en materia de seguridad, con un
papel más directo de agencias estadounidenses y del aparato militar mexicano en
operativos de alto nivel.
Incluso el nombre del expresidente de Estados Unidos, Donald
Trump, aparece en el trasfondo, ante las presiones para endurecer la lucha
contra los cárteles, las cuales habrían influido en la decisión de ir por el
Mencho.
Sin embargo, más allá de las versiones, lo único claro es que
el CJNG sigue activo, con capacidad operativa y presencia nacional e
internacional.
La pregunta de fondo sigue sin respuesta: ¿ordenará el
gobierno federal una ofensiva total para desmantelar a esta organización o
permitirá que sus células se reorganicen y nombren a un nuevo líder?
Porque si algo ha demostrado la historia del narcotráfico en
México es que los vacíos de poder no duran mucho. Y si no se actúa ahora, el
riesgo es evidente: que en poco tiempo surja un nuevo “Mencho” y que las cuatro
letras sigan imponiendo su ley en amplias regiones del país.

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