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sábado, 18 de abril de 2026

LA PAZ, TIERRA DE NADIE: EXTORSIONADORES MARCHAN

 IMPUNES Y EL GOBIERNO SE ESCONDE


*Mientras comerciantes pagan “derecho de piso” o pierden todo, la alcaldesa Martha Guerrero Sánchez, su esposo Tranquilino Lagos y las autoridades estatales guardan silencio

 

Por: EXPEDIENTE SECRETOS

 


LOS REYES LA PAZ, Estado de México, 18 de abril de 2026.– Lo que ocurrió ayer no fue una protesta: fue una exhibición descarada de poder criminal en pleno corazón del municipio. Mientras la cabecera municipal vuelve a arder en inconformidad por la incapacidad de un gobierno rebasado, un grupo de presuntos extorsionadores tomó las calles sin oposición alguna, como si fueran los verdaderos dueños de la plaza.

 

Al frente, José Emilio Molina Méndez, alias “El Millones”, acompañado por al menos 50 mototaxistas —muchos de ellos, según versiones, pagados con 300 pesos— marcharon sin causa, sin demandas, sin rumbo. No exigían justicia ni soluciones. Su único objetivo: intimidar. Insultar. Marcar territorio.

 

Lo hicieron a unos cuantos metros del palacio municipal, bajo la sombra de una supuesta vigilancia permanente. Ahí, donde debería imperar el orden, lo que reina es el miedo. Ejecuciones en bares cercanos, violencia cotidiana y una autoridad que simplemente no aparece. La escena no deja espacio a dudas: La Paz se ha convertido en un territorio sin ley.

 

La raíz del estallido viene de días atrás. Comerciantes de la avenida Morelos, cansados de extorsiones, amenazas y agresiones, rompieron el silencio y señalaron con nombre y apellido a quienes los tienen sometidos: “El Millones”, su hijo Enrique Molina alias “El Kike”, “El Camarón”, Rogelio Méndez y “La Madrina” Chayo Salazar. Todos, según denuncian, operan una red de cobros ilegales que obliga a pagar entre 300 y 450 pesos diarios para poder trabajar.

 

UNA CUOTA DIARIA POR SOBREVIVIR. Y LO MÁS GRAVE: LAS AUTORIDADES LO SABEN

 

Tanto la alcaldesa Martha Guerrero Sánchez como su esposo, Tranquilino Lagos Buenabad, han sido advertidos. Sin embargo, la policía municipal permanece inmóvil. No hay operativos, no hay detenciones, no hay respuestas. Solo silencio. La omisión es evidente: quienes deberían garantizar la seguridad hoy se comportan como simples espectadores.

 

La marcha del viernes fue el mensaje más claro: los grupos criminales no solo operan, también se sienten protegidos. No pidieron audiencias ni levantaron consignas sociales. Solo lanzaron insultos contra el líder de los comerciantes. Un acto puro de intimidación, diseñado para dejar claro quién manda.

 

Y mientras tanto, la historia de la avenida Morelos —más de 45 años de trabajo, sustento familiar y movilidad social— está siendo aplastada por la violencia. Ahí, generaciones enteras han salido adelante. Hoy, ese mismo espacio es rehén del crimen.

 

Los antecedentes son contundentes. Desde el 5 de diciembre de 2025 comenzaron las amenazas. El 10 de febrero se cumplieron: un grupo de al menos 30 sujetos irrumpió de madrugada, destruyó puestos y despojó a comerciantes. Nadie intervino. Nadie respondió. La omisión fue total.

 

Solo hasta que las víctimas hablaron públicamente, hubo una reacción mínima: la detención de Óscar Pozos Rodríguez, sorprendido en flagrancia cobrando extorsión. Hoy está en el penal Neza-Bordo. Sin embargo, el caso revela un trasfondo aún más delicado: el detenido presuntamente es hijastro de Consuelo Molina, hermana de “El Millones”, lo que habría desatado la furia del grupo tras su captura.

 

PERO UN DETENIDO NO DESMANTELA UNA RED. EL PROBLEMA SIGUE INTACTO

 

Y aquí es donde la responsabilidad deja de ser difusa y se vuelve directa. La alcaldesa Martha Guerrero Sánchez tiene la obligación constitucional de garantizar la seguridad en el municipio. No es opcional. No es negociable. Sin embargo, ni ella ni su esposo han intervenido de manera efectiva. Por el contrario, su pasividad alimenta la sospecha de que detrás de estas maniobras hay intereses políticos que buscan someter o desaparecer al comercio organizado. Si eso es así, el riesgo es aún mayor.

 

Porque si la violencia escala, si las amenazas se convierten en ejecuciones, si la sangre vuelve a correr en La Paz, la responsabilidad no será abstracta. Tendrá nombre y apellido: Tranquilino Lagos Buenabad y la propia alcaldesa, por permitir que el municipio caiga en manos del crimen sin hacer nada.

 

A esto se suma un elemento político que no puede ignorarse. El dirigente estatal del Partido Verde Ecologista de México, José Alberto Couttolenc Buentello, está obligado a salir públicamente a deslindarse de estos hechos. Y es que Axel Villaseñor —vinculado por los comerciantes a este grupo— presume abiertamente ser líder juvenil del partido en el Estado de México. Si esa relación no es real, debe aclararse de inmediato. Si lo es, el silencio sería aún más grave.

 

En el mismo nivel de responsabilidad está el fiscal José Luis Cervantes Martínez, cuya inacción frente a una red de extorsión plenamente identificada resulta inadmisible. No actuar ya no es omisión: es permitir que el problema crezca.

 

Y también la gobernadora Delfina Gómez Álvarez, cuya ausencia en la zona oriente del estado se traduce en abandono. La Paz no está en crisis: está al borde del colapso.

 

Aquí no hay margen para discursos ni simulaciones. Si la sangre corre, no será casualidad. Será consecuencia. Y habrá responsables.

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