HASTA ENCONTRARTE
¿Cómo serán hoy los rostros de las más de 132 mil personas que permanecen desaparecidas en nuestro país?
Por: Azucena Uresti
Hola, Letty. Tal vez no me recuerdas, pero hace 13 años me hablaste de la desaparición de tu hijo, Roy, que hoy tendría 33 años. Ahora yo sigo viéndote en cada búsqueda, en cada post en tus redes sociales, en cada manifestación contra la negligencia de las autoridades.
No logro entender aún cómo has sobrevivido. Aquel día de 2013,
cuando conversamos, tu rostro estaba marchito, tus ojos vacíos, tu corazón
destrozado. Pero recuerdo también que tu esperanza era grande y me afirmaste
que encontrarías a Roy.
Desde aquel encuentro ha pasado más de una década y lo sigues
buscando. No lo has podido encontrar.
Tu hijo, de apenas 17 años, fue secuestrado en 2011 por un
grupo de hombres que vestían chalecos de la Policía Municipal de
Escobedo, Nuevo León. Fue una desaparición forzada, según determinó el
Comité de Derechos Humanos de la ONU en 2021.
En la búsqueda de tu hijo has encontrado, junto a otras
madres, al menos 100 cuerpos. Claro que caminamos sobre muertos y pareciera que
no nos damos cuenta —o no queremos—, tal vez protegiéndonos contra el horror o,
peor aún, mostrando indiferencia ante el dolor ajeno.
He pensado mucho en esto hoy que hay una disputa entre el
gobierno federal y el Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU que,
finalmente, parece haber puesto suficiente atención en la tragedia mexicana a
pesar de la resistencia de las autoridades. Si todos entendieran que solo
quieres —queremos— encontrarlos, no sería tan difícil empezar a cerrar este
infierno.
Solo conocí una foto de Roy: sonriente, viendo a la cámara,
pero hace unos meses mostraste un retrato progresivo de tu niño, ya convertido
en hombre, y aunque su rostro, evidentemente, ha cambiado… es él. Sus ojos
alegres, llenos de vida.
Tu rostro, Letty, también ha cambiado. Pareciera que el rictus
de dolor se instaló en él. ¿Cómo serán hoy los rostros de las más de 132
mil personas que permanecen desaparecidas en México? Ellas se quedaron
ahí, en esa edad eterna. Se quedaron suspendidos en el tiempo. El mismo tiempo
que no perdona cada día de dolor e incertidumbre que viven las madres quienes
siguen cavando y pidiendo no morir sin volverlos a ver.
¿Cómo lograste mantener la esperanza? Hace 13 años nadie
quería hablar de los desaparecidos. Hoy tampoco. Pero tú fuiste muy valiente.
Recuerdo también a don Vicente, el abuelito que perdió a su
nieto, Gino, en esa misma época, ¿Qué fue de Don Vicente?
¿Y la señora Salia, quien en aquel año fatal confesó que había
perdido ya toda la esperanza de encontrar vivo a su hijo Daniel? “Siento que mi
hijo está en el cielo, es la única forma de seguir viviendo”, me dijo hace 13
años.
Y tú, Letty, aquella tarde dijiste: “Roy, sabes que te estoy
buscando, mi niño, y espero que muy pronto nos reencontremos. Y así va a ser,
mi cielo. Te voy a seguir buscando hasta encontrarte. No pierdas la fe”.
Has cumplido.

No hay comentarios:
Publicar un comentario