ANTORCHA CAMPESINA: DE BRAZO DEL PRI A “BOTÍN POLÍTICO” EN
DISPUTA ENTRE MORENA Y EL VERDE
Por: EXPEDIENTE SECRETO
Históricamente ligada al priismo, la organización no solo
acompañó al partido en el poder, sino que operó como grupo de presión —y en
múltiples ocasiones de confrontación— contra opositores y hasta contra
disidentes internos. A cambio, obtuvo acceso privilegiado a recursos públicos y
margen de maniobra para consolidar una estructura que hoy arrastra acusaciones
de prácticas clientelares, presión social y enriquecimiento de sus dirigentes.
Nombres como Aquiles Córdova Morán, Brasil Acosta Peña, Maricela
Serrano Hernández y Jesús Tolentino Román Bojórquez han sido señalados no solo
por su control político, sino por presumir abiertamente en conferencias de
prensa, la acumulación de negocios como 50 gasolineras, restaurantes y gaseras,
en contraste con el discurso de lucha contra la pobreza que enarbola la
organización.
Durante años, ese modelo les permitió construir músculo
político y capacidad de movilización, organizando marchas multitudinarias o
cercando gobiernos municipales bajo demandas que, en muchos casos, eran vistas
como mecanismos de presión más que de gestión social.
Sin embargo, la llegada de la autodenominada Cuarta
Transformación marcó un quiebre. En 2019, Antorcha Campesina se confrontó
abiertamente con el nuevo régimen, pero el paso del tiempo y la pérdida de
interlocución política los obligó a recular. Desde entonces, han buscado
acercamientos discretos con actores clave de Morena, entre ellos el senador Higinio
Martínez Miranda, con la intención de integrarse a su proyecto político.
El problema es que dentro de Morena el rechazo es profundo.
Militantes y liderazgos locales ven a Antorcha como un símbolo de los abusos
del pasado, lo que ha frenado cualquier intento de incorporación formal, pese a
reuniones sostenidas con figuras como Marisela Serrano, Jesús Tolentino Román y
Brasil Acosta.
En paralelo, el grupo ha modulado su discurso. De la
confrontación frontal pasó a una postura más ambigua, incluso con guiños hacia
el gobierno federal. En videos recientes, Aquiles Córdova Morán ha manifestado
respaldo al proyecto de la presidenta Claudia Sheinbaum, en un movimiento que
muchos interpretan como un intento de negociación política más que una
convicción ideológica.
Ante las dificultades para entrar a Morena, Antorcha ha
abierto otra puerta: el Partido Verde Ecologista de México. De acuerdo con
fuentes políticas, ya existen acercamientos con José Alberto Couttolenc
Buentello, quien vería en la organización una oportunidad para fortalecer su
presencia en el oriente mexiquense, particularmente en municipios como
Chimalhuacán, Ixtapaluca, La Paz, Chalco y Valle de Chalco.
No obstante, la jugada no está exenta de riesgos. Integrar a
Antorcha podría significar un crecimiento territorial inmediato, pero también
cargar con una estructura señalada por prácticas que hoy generan rechazo
social, lo que podría convertirse en un efecto bumerang para el Verde, similar
al desgaste que ya enfrenta el propio Higinio Martínez Miranda por sus
acercamientos con el grupo.
En esta ecuación aparece otro actor clave: Luis Miranda Nava, quien
fue Secretario General de Gobierno del Estado de México entre 2009 y
2011, señalado como enlace entre Antorcha y el Partido Verde. Con influencia
interna en ese instituto político y fuertes vínculos con su compadre el
expresidente Enrique Peña Nieto, su operación política podría inclinar la
balanza. Prueba del poder que tiene, es su hijo, Luis Miranda Barrera, quien,
sin tener ningún mérito, hoy es diputado federal del PVEM, eso demuestra el
peso político que mantiene en el Instituto Político.
Hoy, Antorcha Campesina no solo enfrenta el desgaste de su
pasado, sino una crisis de legitimidad que la obliga a buscar refugio político.
La incógnita no es si logrará infiltrarse en Morena o en el Verde, sino quién
estará dispuesto a asumir el costo de cargar con una organización que, para
muchos, representa lo peor de la vieja política.
El desenlace definirá no solo el futuro de Antorcha, sino
también el precio que los partidos estarán dispuestos a pagar por sumar
estructuras cuestionadas en su lucha por el poder en el Estado de México.
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