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jueves, 30 de abril de 2026

EE.UU. PONE CONTRA LAS CUERDAS A RUBÉN ROCHA; SINALOA, ATRAPADO ENTRE LA NARCOPOLÍTICA Y LA CRISIS DE MORENA

 

*La acusación de Washington contra Rocha Moya sacude a Morena y reaviva las sospechas de vínculos entre el poder político y el Cartel de Sinaloa en medio de la crisis de violencia que azota al estado

 

Por: EXPEDIENTE SECRETO

 


CIUDAD DE MÉXICO, 30 de abril de 2026.- La relación entre el poder político y el crimen organizado volvió a golpear de frente al gobierno mexicano, luego de que el Departamento de Justicia de Estados Unidos acusara formalmente al gobernador de Rubén Rocha Moya de narcotráfico, posesión ilegal de armas y conspiración para poseer armamento, en un caso que amenaza con convertirse en uno de los mayores escándalos políticos del sexenio de la llamada “cuarta transformación”.

 

La acusación no es menor. Washington sostiene que Rocha Moya habría operado en alianza con el Cartel de Sinaloa y particularmente con “Los Chapitos”, la facción encabezada por los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán, para facilitar el tráfico masivo de drogas hacia Estados Unidos. El documento incluso señala que el ahora gobernador de Sinaloa habría recibido apoyo político y presuntamente protección criminal desde su campaña electoral de 2021, cuando llegó al poder cobijado por Morena.

 

Las autoridades estadounidenses describen un esquema de complicidad que, de confirmarse, exhibiría la infiltración absoluta del crimen organizado en las estructuras del gobierno sinaloense. Según la acusación, Rocha permitió que integrantes y operadores cercanos a “Los Chapitos” colocaran funcionarios afines en áreas estratégicas de seguridad y gobierno local, garantizando así protección e impunidad para las operaciones del narcotráfico.

 

La acusación es devastadora porque no se trata únicamente de presuntos vínculos indirectos o rumores políticos. El señalamiento coloca a un gobernador en funciones como supuesto aliado directo del Cartel de Sinaloa, organización criminal responsable de miles de asesinatos, desapariciones y del tráfico de fentanilo que ha provocado una crisis de salud pública en Estados Unidos.

 

Además, el caso revive las sospechas que desde hace años pesan sobre el entorno político sinaloense. En agosto de 2024, Ismael "El Mayo" Zambada aseguró en una carta que el día de su captura acudiría a una reunión en Culiacán donde estaría presente Rocha Moya. En aquel momento, el gobernador minimizó el señalamiento, pero hoy la narrativa toma otra dimensión tras las acusaciones formales del gobierno estadounidense.

 

Mientras tanto, Rocha reaccionó en redes sociales intentando convertir el escándalo judicial en una supuesta agresión política contra Morena y la “cuarta transformación”. Sin embargo, el mensaje dejó entrever algo más: el gobernador parece advertir que no piensa enfrentar solo el costo político y penal de este caso. En otras palabras, si cae Rocha, podría arrastrar a otros actores del movimiento obradorista.

 

El problema para Morena es mayúsculo. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo salió en su conferencia mañanera a exigir pruebas contra Rocha Moya y a defender el debido proceso. No obstante, la postura presidencial exhibe una evidente contradicción política: cuando el exsecretario de Seguridad Pública Genaro García Luna fue acusado y posteriormente condenado en Estados Unidos, Morena celebró el caso incluso cuando gran parte de la evidencia presentada también descansaba en testimonios de narcotraficantes y colaboradores protegidos.

 

Hoy, el discurso cambia radicalmente porque el acusado pertenece al partido gobernante.

 

La doble vara es imposible de ocultar. Lo que antes era considerado prueba suficiente para condenar moralmente a adversarios políticos, ahora es presentado como una persecución extranjera o un intento de intervención contra la soberanía nacional.

 

En este contexto, la Fiscalía General de la República recibió ya solicitudes de detención provisional con fines de extradición enviadas por Estados Unidos. El fiscal especial Ulises Lara López confirmó que se abrirá una investigación para determinar el sustento de las acusaciones, aunque reconoció que Rocha Moya mantiene fuero constitucional y que sería necesario un proceso legislativo para retirarle la inmunidad.

 

El embajador estadounidense Ronald Johnson lanzó además un mensaje contundente: la corrupción que facilite operaciones del crimen organizado será investigada y procesada bajo la jurisdicción de Estados Unidos.

 

El caso estalla además en el peor momento para Sinaloa. La entidad vive una de las etapas más violentas de los últimos años, marcada por disputas internas entre facciones del propio Cartel de Sinaloa, desapariciones, ejecuciones y un creciente ambiente de terror en distintas regiones del estado.

 

Por ello, la acusación contra Rocha Moya no sólo representa un golpe personal contra un gobernador de Morena. También alimenta la percepción internacional de que México atraviesa una profunda crisis de narcopolítica, donde las fronteras entre gobierno y crimen organizado parecen cada vez más borrosas.

 

Y mientras en Palacio Nacional intentan contener el daño político, en Estados Unidos ya colocaron al gobernador sinaloense en el mismo tablero donde antes estuvieron alcaldes, policías corruptos y operadores del narcotráfico. La diferencia es que ahora el señalado es un mandatario estatal en funciones, emanado del partido que prometió acabar con la corrupción y pacificar al país.

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