HIGINIO SE HUNDE: ESCÁNDALO EN TECÁMAC REVIENTA SU PROYECTO POLÍTICO
Por: EXPEDIENTE SECRETO
La crisis desatada por la senadora Mariela Gutiérrez Escalante
no solo exhibe decisiones profundamente cuestionables —como el sacrificio de
más de 10 mil perros cuando era alcaldesa de Tecámac—, sino que desnuda algo
más grave: la fragilidad ética y política del grupo que la impulsó y la
convirtió en figura clave del llamado “Higinismo” en el Estado de México.
Higinio Martínez ha querido vender durante años una narrativa
de izquierda con sensibilidad social, cercana al pueblo y comprometida con
causas progresistas. Sin embargo, hoy esa narrativa se desmorona frente a un
caso que huele más a abuso de poder que a política pública responsable. Porque
no se trata únicamente de la legalidad de la eutanasia, sino del volumen, las
condiciones y la justificación política posterior, que raya en la evasión de la
ley y la confrontación con las autoridades encargadas de velar por la vida de
los animales.
El problema para Martínez Miranda es doble. Primero, porque
Gutiérrez no es una figura marginal: es parte de su círculo político más
cercano, construida bajo su tutela y respaldada como proyecto de continuidad.
Segundo, porque este escándalo ocurre en el peor momento posible, cuando las aspiraciones
de Martínez Miranda rumbo a la gubernatura del Estado de México requieren
justamente lo contrario: legitimidad, autoridad moral y control político.
Pero hay un tercer golpe, quizá el más devastador: el colapso
del propio proyecto político que él intentó posicionar como alternativa dentro
de Morena. El lema de “Mexiquenses de Corazón”, con el que el senador texcocano
buscó marcar una ruptura y construir identidad propia dentro del morenismo
mexiquense, hoy queda completamente desacreditado. Resulta imposible sostener
ese discurso cuando una de sus principales figuras carga con un escándalo de
esta magnitud.
Y lo que más le pega a Higinio no es solo el hecho en sí, sino
la reacción. Cuando una aliada responde a críticas sociales acusando
conspiraciones políticas y lanza advertencias contra activistas, el mensaje que
se envía es de intolerancia, desconexión y arrogancia. Y ese mensaje
inevitablemente salpica a quien la formó políticamente.
Aquí no hay mucho margen para simulaciones: o Higinio Martínez
marca distancia clara, firme y pública, o quedará atrapado en el costo político
de una decisión que, aunque no tomó directamente, sí incubó dentro de su propio
grupo.
Porque en política, los liderazgos no solo se miden por sus
discursos, sino por la calidad —y las consecuencias— de las personas que
impulsan. Y hoy, ese balance no le favorece.
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