TECÁMAC ARDE ENTRE TRAICIONES, VENGANZAS Y MILLONES EN DISPUTA
* La 4T colapsa en su propio laberinto de ambición y rencor
Por: EXPEDIENTE SECRETO
TECÁMAC, Estado de México, 9 de diciembre de 2025.– La ruptura
dentro de Morena dejó de ser un rumor: hoy es un estallido a cielo abierto. El
intento de la gobernadora Delfina Gómez Álvarez por simular estabilidad en el
municipio de Tecámac terminó evidenciando lo contrario: nadie en su partido la
escucha, nadie le obedece y sus llamados a la unidad se han vuelto simples llamados
a misa que no conmueven ni a los suyos.
Su visita al informe de labores de la alcaldesa Rosi Wong,
lejos de enviar un mensaje de fortaleza, dejó claro que Morena está convertido
en un cuartel de tribus en guerra, cada una peleando por el control de miles de
millones de pesos del presupuesto municipal y estatal.
La tensión escaló desde antes del evento. La senadora Mariela
Gutiérrez Escalante llegó arropada por opositores internos a Wong. No era un
gesto casual: era una declaración de guerra abierta. La misma Gutiérrez, quien
gobernó Tecámac durante dos periodos consecutivos y que en su momento fue
madrina política de Rosi Wong, ahora encabeza una ofensiva furiosa contra su
expupila, convertida en “traidora” por haberse cambiado de bando.
La crisis reventó cuando Wong intentó sustituir al secretario
del Ayuntamiento y a la tesorera municipal. El Cabildo la frenó de golpe. Esa
humillación política abrió la puerta a un plantón de trabajadores que
denunciaron despidos injustificados. Y allí, en ese caos, apareció Delfina
Gómez: tibia, gris, incapaz de imponer orden. Su presencia fue meramente
testimonial. Ni su investidura ni su discurso conmueven ya a nadie en Morena.
Sus mensajes se diluyen entre abucheos, porras manipuladas y una guerra
intestina que no se detendrá… porque nadie le tiene respeto.
La gobernadora, acompañada por Martha Azucena Camacho, presidenta
de la Mesa Directiva del Congreso local, Horacio Duarte Secretario General de
Gobierno y por Héctor Macedo, presidente del Tribunal Superior de Justicia del
Estado de México, pidió evitar protagonismos y pleitos. Pero sus palabras estrellaron
contra la realidad. El ambiente era tan turbio que la propia mandataria,
desconcertada, preguntó: “¿Es una demostración de porras o es un informe?” La
respuesta era evidente: ni informe, ni respeto, ni liderazgo. Solo una disputa
feroz por el control político de Tecámac.
Wong, por su parte, trató de minimizar el plantón, negando
despidos y asegurando que solo hubo renuncias. Nadie le creyó. La narrativa
oficial se desmorona mientras la inconformidad crece, y queda claro que el
futuro del municipio está atrapado entre la incompetencia, la ambición y la
vendetta política.
Para justificar el caos previo al evento, Wong recurrió al
gastado argumento de “somos más los buenos que los malos”. Y Delfina Gómez, en
un tono casi pastoral, pidió dejar atrás los resentimientos porque “la vida se
los cobrará”. El auditorio soltó risas incrédulas: era evidente que ese tipo de
discursos no pueden contener una disputa por el control del dinero público. Los
discursos moralinos ya no ocultan el verdadero objetivo: quién se quedará con
el botín millonario y político.
El choque en Tecámac reveló dos bloques bien definidos dentro
de Morena. El primero, encabezado por Delfina Gómez y Horacio Duarte, donde se
ubica Rosi Wong. El segundo, liderado por Higinio Martínez Miranda, el senador
que ya se mueve para bloquear a Duarte en la sucesión del Estado de México.
Higinio, viejo operador político, sabe que esta es su última gran batalla, y
está dispuesto a pactar con quien sea, incluso con los fantasmas del pasado,
con tal de impedir que Duarte llegue a la gubernatura, en ese reacomodo,
Mariela Gutiérrez se alineó con el bando de Higinio Martínez, fracturando el
proyecto que durante años mantuvo el control político de Tecámac.
La ausencia del flamante senador morenista Higinio Martínez
Miranda, en el mitin del pasado sábado en el Zócalo capitalino —donde Morena celebró
los siete años de la 4T— fue interpretada como un desafío directo a la
dirigencia estatal. La fractura es inminente e irreparable.
Todo indica que lo que hoy ocurre en Tecámac es apenas la
antesala del desastre en toda la entidad mexiquense. Mientras las facciones
morenistas se destrozan entre sí para decidir quién controla el millonario
presupuesto municipal y estatal, la gobernadora juega a ser mediadora
espiritual, y el pueblo… el pueblo que se joda. Porque Tecámac ya no está
gobernado: está sitiado por una guerra interna que ya nadie puede ocultar y que
será, inevitablemente, el principio de un futuro gris para el municipio y el
Estado de México.

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