OBRAS PARA LA FOTO, SILENCIO ANTE EL AGUA Y LA REPRESIÓN EN LA PAZ
* Mientras Martha Guerrero presume bajo puentes “históricos”,
crecen las denuncias por control criminal del agua, venta de pipas a precios de
extorsión y ataques a la libertad de expresión
Por: EXPEDIENTE SECRETO
Los Reyes, La Paz, Estado de México, 25 de diciembre de 2025.-
Mientras el gobierno municipal de La Paz y la alcaldía de Iztapalapa se
esfuerzan por vender como “histórica” la recuperación de dos bajo puentes en la
autopista México-Puebla, la realidad que enfrentan miles de habitantes de La
Paz sigue marcada por el abandono, la opacidad y una crisis que el boletín
oficial omite deliberadamente: la criminal falta de agua potable.
La alcaldesa morenista Martha Guerrero Sánchez presume
iluminación, balizamiento y limpieza urbana, pero guarda silencio absoluto frente
a una emergencia cotidiana que golpea directamente a las familias más pobres
del municipio. Vecinos y líderes comunitarios han denunciado que el desabasto
no es casual ni técnico, sino consecuencia de un presunto acuerdo entre
autoridades municipales y un grupo delictivo disfrazado de sindicato, que
controla los pozos de agua y su distribución ilegal mediante pipas.
De acuerdo con estas denuncias, dicho esquema de control
estaría operado con la complacencia —o participación— del círculo más cercano a
la presidenta municipal. En particular, señalan a Tranquilino Lagos Buenabad,
esposo de la alcaldesa, como el presunto enlace con este grupo, permitiendo que
el agua sea vendida a la población más vulnerable hasta en 1,200 pesos por pipa,
convirtiendo un derecho humano en un negocio de extorsión.
Resulta revelador que, en un acto donde se habla de drenaje,
colectores y sustentabilidad, no se haya pronunciado una sola palabra sobre el
saqueo de los mantos acuíferos ni sobre quién controla realmente el acceso al
agua en La Paz. Tampoco hubo espacio para responder por la privación ilegal de
la libertad de reporteros ocurrida en días recientes, ni para fijar postura
frente a la intolerancia y agresividad con la que el propio Tranquilino Lagos
Buenabad ha reaccionado ante la crítica periodística.
La contradicción es evidente: cuando eran oposición, exigían
libertad de expresión; hoy, desde el poder, buscan silenciarla. El discurso de
coordinación intergubernamental contrasta con una práctica autoritaria que
castiga a quien documenta las fallas, abusos y presuntos vínculos oscuros del
actual gobierno municipal.
El anuncio del reforzamiento del Colector Teotongo, con una
inversión de 350 millones de pesos, tampoco disipa las dudas. Más allá de la
obra hidráulica, la pregunta central sigue sin respuesta: ¿Cómo se explica que
un municipio inundado en temporada de lluvias viva, al mismo tiempo, una sequía
inducida por el control mafioso del agua?
La narrativa oficial intenta vender obras como logros
estructurales, pero en La Paz el problema no es únicamente el drenaje, sino un
gobierno que ha normalizado el silencio, la represión a la crítica y la
mercantilización de los derechos básicos. Mientras se pintan bajo puentes y se
colocan luminarias para la foto, la población sigue pagando —literalmente— el
precio de un modelo de gobierno que prometió transformación y hoy entrega
simulación.
La pregunta que el boletín no responde es sencilla pero
incómoda: ¿cómo puede un municipio inundarse cada temporada de lluvias y, al
mismo tiempo, padecer una sequía inducida por intereses criminales?
Mientras esa respuesta no exista, cualquier obra será solo
maquillaje urbano para ocultar un gobierno que traicionó sus propias banderas y
gobierna desde el silencio, la opacidad y el abuso.

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