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EXTORSIÓN CON PLACA Y ARMAS LARGAS: ACUSAN RED CRIMINAL  DENTRO DE LA FGR EN EL EDOMEX   *Empresarios del sector energético denuncian co...

sábado, 10 de enero de 2026

EXTORSIÓN CON PLACA Y ARMAS LARGAS: ACUSAN RED CRIMINAL

 DENTRO DE LA FGR EN EL EDOMEX

 

*Empresarios del sector energético denuncian cobros ilegales, clausuras fabricadas y amenazas armadas en nombre del combate al huachicol

 

Por: EXPEDIENTE SECRETO

 



TOLUCA, Estado de México, 10 de enero de 2026.- Lo que debería ser una estrategia federal para erradicar el robo de combustible se ha convertido, según empresarios del sector Gas LP y gasolineros, en una maquinaria de extorsión institucional, operada por elementos de la Policía Ministerial Federal adscritos a la Fiscalía General de la República (FGR). Bajo el disfraz de supuestos “operativos” contra el huachicol, agentes federales estarían saqueando a negocios legalmente constituidos en el norte del Estado de México.

 

Desde diciembre pasado, estaciones de servicio y puntos de venta de Gas LP en Naucalpan, Atizapán de Zaragoza y Nicolás Romero han sido objeto de incursiones intimidatorias, principalmente los fines de semana, cuando la vigilancia ciudadana es menor y la presión económica mayor. Los operativos, denuncian los afectados, carecen de órdenes judiciales, actas fundadas o documentación oficial, pero sobran armas largas, camionetas oficiales y amenazas.

 

El libreto se repite: llegan hasta 10 agentes armados, realizan revisiones superficiales, inventan “irregularidades administrativas” y advierten que el negocio será clausurado y se abrirá una carpeta de investigación. Minutos después, aparece un Ministerio Público con una supuesta orden judicial que refuerza el montaje. La ley no investiga: aprieta.

 

Las exigencias económicas, según los testimonios, van de 100 mil a 200 mil pesos mensuales, una cuota que no se deposita en arcas públicas, sino que, presuntamente, engorda una red de corrupción que opera desde dentro del aparato federal.

 

“Tenemos todos los permisos: SENER, Protección Civil, municipio. Generamos empleos, pagamos impuestos y aun así ahora son los mismos policías los que nos quieren joder”, denunció Raúl Garza, encargado de una gasolinera en Atizapán de Zaragoza.

 

La extorsión se formaliza una vez colocados los sellos de clausura. Los agentes dejan un número telefónico. Al llamar, el mensaje es directo: para “agilizar” el levantamiento de sellos y evitar futuras inspecciones, hay que pagar. La advertencia es brutal: “Si no pagas, no vuelves a abrir”.

 

En las denuncias aparece señalado un agente que se identifica como José Eduardo Acosta, quien asegura actuar por instrucciones del comandante Fernando Pérez, adscrito a la Subdelegación de la FGR en Naucalpan. Ambos nombres ya figuran en testimonios que describen una operación sistemática, no hechos aislados.

 

Los empresarios aseguran que la FGR tiene conocimiento de estas acusaciones y que existe un expediente abierto en Asuntos Internos. No obstante, mientras los expedientes duermen el sueño de los justos, los negocios cierran, los trabajadores pierden ingresos y el miedo se impone como política pública de facto.

 

Arturo Martínez, encargado de otra gasolinera afectada, lanzó un llamado directo y sin rodeos: “Estamos empezando el año. Si la fiscal Ernestina Godoy o la gobernadora Delfina Gómez no actúan ya, esto va a ser una extorsión permanente. Así nos van a tener todo el sexenio”.

 

LLAMADA URGENTE A DERECHOS HUMANOS

 

Ante la gravedad de los señalamientos, los empresarios exigen la intervención inmediata de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), así como de organismos internacionales anticorrupción y de defensa de garantías económicas, al considerar que estas prácticas violan el derecho al trabajo, a la seguridad jurídica y al debido proceso, además de configurar presuntos delitos de extorsión y abuso de autoridad cometidos por servidores públicos federales.

 

Si estas denuncias se confirman y no hay consecuencias, el mensaje del Estado será devastador: que en México no solo el crimen organizado cobra cuotas, sino que el propio Estado aprendió a hacerlo con uniforme, placas oficiales y sellos de clausura.

 

Porque cuando combatir el huachicol se vuelve el pretexto perfecto para extorsionar a quien sí cumple la ley, el problema ya no es la delincuencia común, sino un Estado que corre el riesgo de llegar a 2027 con instituciones desacreditadas, empresarios asfixiados y una legalidad convertida en mercancía.

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