BÚSQUEDA DE DESAPARECIDOS EN EDOMEX: UNA REFORMA BONITA EN EL PAPEL, INVIABLE Y CORRUPTA EN LA REALIDAD
*Sin presupuesto, sin personal y con corrupción estructural, la reforma amenaza con quedarse en pura simulación institucional
Por: EXPEDIENTE SECRETO
TOLUCA, Estado de México, 26 de enero de 2026.- Mientras el Congreso del Estado de México presume el aval a una iniciativa de la gobernadora Delfina Gómez Álvarez para “fortalecer” la búsqueda de personas desaparecidas, en los hechos el discurso oficial vuelve a chocar de frente con una realidad incómoda: no hay presupuesto suficiente, no hay personal capacitado y mucho menos existe una estructura limpia y funcional para cumplir lo que la ley promete.
La reforma aprobada pinta un escenario ideal: acceso inmediato
a bases de datos biométricos, forenses y administrativos; activación automática
de alertas nacionales; fiscalías especializadas con recursos humanos y técnicos
de alto nivel; comisiones de búsqueda con estándares internacionales y enfoque
psicosocial. Sin embargo, ese entramado institucional simplemente no existe en
la práctica o funciona de manera precaria, fragmentada y, en muchos casos,
corrompida.
Hoy, las comisiones de búsqueda estatales y municipales,
cuando existen, operan con plantillas mínimas, sin peritos suficientes, sin
analistas de contexto y sin equipamiento básico. Hay áreas donde una sola
persona concentra tareas administrativas, de campo y de atención a víctimas, lo
que vuelve imposible cumplir con los plazos “inmediatos” que la reforma
promete. Hablar de cruces de información masivos y plataformas interconectadas
resulta casi cínico cuando ni siquiera hay sistemas informáticos compatibles
entre dependencias.
El boletín legislativo también omite un punto central: el
dinero. La reforma no viene acompañada de una asignación presupuestal clara,
etiquetada y suficiente. Sin recursos nuevos, las obligaciones se convierten en
letra muerta. Las fiscalías especializadas, lejos de contar con unidades multidisciplinarias
robustas, siguen arrastrando rezagos históricos, carpetas empolvadas y
expedientes mal integrados que rara vez llegan a juicio, además, la reforma tendría
que contemplar la remoción de casi todo el personal que trabaja al interior de
las fiscalías del Edomex, debido al alto índice de putrefacción que a lo largo
de los años se ha establecido como una forma de trabajo cotidiano.
A ello se suma un problema estructural que el discurso oficial
evita tocar: la corrupción rampante. El acceso indiscriminado a bases de datos
sensibles, en un contexto donde no existe un instituto sólido de protección de
datos personales ni controles internos efectivos, abre la puerta a
filtraciones, uso indebido de información y hasta colusión con redes
criminales. La advertencia de algunos diputados de la entidad no es menor: hoy
no hay certeza de quién maneja los datos, cómo los usa ni con qué fines.
En el terreno, colectivos de familiares de desaparecidos
siguen denunciando simulación, trato insensible y revictimización. Las
búsquedas inmediatas muchas veces no ocurren; los registros forenses están
incompletos o desactualizados; las fosas comunes carecen de información
confiable; y los convenios de colaboración entre instituciones suelen quedarse
en firmas protocolarias sin impacto real.
La promesa de personal “altamente capacitado con estándares
internacionales” contrasta con policías mal pagados y sin formación especializada.
La supuesta coordinación entre Guardia Nacional, policías estatales y municipales
rara vez se traduce en operativos eficaces; por el contrario, prevalece la
desorganización y la falta de liderazgo.
En resumen, la iniciativa avalada por el Congreso no resuelve
el problema de fondo: un Estado sin capacidad operativa, sin recursos
suficientes y con instituciones minadas por la corrupción. La reforma luce bien
en comunicados y discursos, pero para miles de familias que buscan a sus
desaparecidos, sigue siendo una promesa vacía.
Sin voluntad real, presupuesto transparente y una depuración
profunda de las instituciones, la búsqueda de personas en el Estado de México
seguirá atrapada entre la simulación legislativa y una realidad que, día tras
día, sigue desapareciendo personas sin que el Estado sea capaz de encontrarlas.

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