POLICÍA DE CHIMALHUACÁN: CASTIGADOS POR NO EXTORSIONAR,
ABANDONADOS POR EL PODER
*Uniformados sin balas, sin patrullas y sin derechos, mientras
la cúpula convierte la corporación en caja chica
CHIMALHUACÁN, Estado de México, 7 de enero de 2025.—Las
condiciones en las que operan elementos de la policía municipal de Chimalhuacán
han dejado de ser solo indignas para convertirse en una forma abierta de
castigo y hostigamiento institucional. De acuerdo con testimonios internos, los
uniformados asignados a custodias en zonas donde han ocurrido hechos
sangrientos son, en su mayoría, aquellos que se han negado a participar en
presuntas prácticas de robo y extorsión contra la ciudadanía.
Estos policías, señalan las denuncias, son enviados a
servicios fijos donde hacen servicios de custodias, como la que se encuentra a
las afuera del mercado San Isidro, sin condiciones mínimas para laborar:
patrullas destartaladas, sin batería, sin mantenimiento y, en muchos casos, sin
municiones en sus armas de cargo, lo que los deja totalmente vulnerables ante
cualquier emergencia que se pudiera presentar.
La situación se agrava porque los elementos permanecen solos
durante turnos prolongados de 24 horas, sin posibilidad de ir al baño o ingerir
alimentos. Como consecuencia, varios de ellos presentan ya padecimientos en las
vías urinarias, producto de jornadas inhumanas que, lejos de ser una omisión
administrativa, representan un castigo deliberado por mantenerse íntegros.
EL CONTROL REAL DE LA CORPORACIÓN
Al interior de la policía municipal, el nombre que se repite
es el del director operativo Arturo Hernández Ortega, conocido con el
indicativo Centurión, señalado como quien realmente mueve los hilos de la
corporación, quien, también, es señalado por estar detrás del grupo de policías
delincuentes. En contraste, el comisario municipal Salvador Hernández Torres es
descrito por los propios elementos policiacos como una figura decorativa, sin
poder real de decisión, mientras su único trabajo es acompañar a la alcaldesa
morenista Xóchitl Flores Jiménez.
Según versiones recabadas, Hernández Ortega habría convertido
a la policía municipal en una presunta máquina de extorsión, donde los agentes
que acceden a “cooperar” reciben privilegios, mejores turnos y protección,
mientras que quienes se niegan son enviados a los servicios más precarios hasta
que enferman o renuncian.
EL MERCADO SAN ISIDRO: EXTORSIÓN Y MUERTE
Un caso emblemático es el del mercado San Isidro, donde el
pasado sábado 22 de noviembre fue asesinado un comerciante dedicado a la venta
de caldos de gallina, presuntamente por negarse a pagar derecho de piso. Para
los denunciantes, este crimen no derivó en una depuración interna ni en un
golpe a las redes de extorsión, sino en un silencio que protege intereses
oscuros de la alcaldesa, su esposo y centurión.
Una fuente de la Fiscalía del Edomex, aseguro que las
acusaciones apuntan a que los extorsionadores estarían plenamente identificados
y forman parte del grupo de inteligencia de la propia policía municipal,
operando bajo la protección de mandos, entre ellos Hernández Ortega y la
comandante Marisela Altamirano Rodríguez, responsable de la región donde se
ubica el mercado.
PREFERENCIAS, REGALOS Y CORRUPCIÓN
El deterioro de la corporación es descrito como resultado
directo de mandos que, lejos de dignificar el uniforme, lo enlodan. De acuerdo
con los señalamientos, se da preferencia a policías allegados, especialmente a
aquellos que entregan dinero y regalos producto de presuntos atracos a
ciudadanos, consolidando una estructura de corrupción interna.
Mientras tanto, los elementos que aún se mantienen íntegros
enfrentan hostigamiento sistemático, condiciones laborales extremas y abandono
institucional.
LA PREGUNTA INCÓMODA
En medio de este panorama, ciudadanos y policías coinciden en
una pregunta que sigue sin respuesta: ¿Dónde está la alcaldesa morenista
Xóchitl Flores Jiménez?
De acuerdo con versiones locales, la edil ya ni siquiera
viviría en Chimalhuacán, sino en zonas residenciales de Texcoco, donde presuntamente
posee varias casas de lujo. Una postal que contrasta brutalmente con la
precariedad de la policía municipal y con un municipio sometido por la
violencia, la extorsión y la impunidad.
Mientras la corporación se descompone desde dentro y los
policías son castigados por no delinquir, el gobierno municipal guarda
silencio. Un silencio que, para muchos, ya no es omisión, sino complicidad.

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