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EL NARCO Y EL PODER: MORENA BAJO SOSPECHA   *La controversia por la presunta reunión de Ariadna Montiel con El Guano exhibe una peligros...

jueves, 29 de octubre de 2026

EL NARCO Y EL PODER: MORENA BAJO SOSPECHA

 

*La controversia por la presunta reunión de Ariadna Montiel con El Guano exhibe una peligrosa confusión entre los intereses del partido gobernante y las obligaciones del Estado. El desmentido oficial no esclarece el fondo de las acusaciones ni despeja las dudas sobre una posible intervención criminal en las elecciones de 2024

 

Por: EXPEDIENTE SECRETO

 


La respuesta del Gobierno federal a las revelaciones del periodista Héctor de Mauleón abrió una disputa entre el poder político y la prensa que va mucho más allá del debate mediático tradicional. El caso pone sobre la mesa una interrogante sumamente delicada sobre la autonomía y la independencia de las instituciones encargadas de la seguridad nacional en México: ¿el Estado realmente está investigando los posibles vínculos entre la delincuencia organizada y partidos políticos, incluyendo a Morena, o está utilizando su aparato institucional para defender políticamente a sus dirigentes?

 

La controversia estalló tras publicarse información sobre un presunto encuentro en Guadalupe y Calvo, Chihuahua, entre Ariadna Montiel, actual presidenta nacional de Morena, y Aureliano Guzmán Loera, alias "El Guano", hermano de Joaquín "El Chapo" Guzmán. Según lo expuesto por De Mauleón, un reporte de inteligencia de carácter federal documentaba una negociación para apoyar a candidatos oficiales durante el proceso electoral de 2024 a cambio de mantener control territorial. Aunque el propio periodista aclara en su texto que el acuerdo no está acreditado públicamente y que se desconocía si la reunión finalmente se concretó, la gravedad específica de los señalamientos exigía un tratamiento estrictamente técnico, ministerial e institucional, lejos de la confrontación política.

 

Lo que transformó este episodio en un escándalo político mayor fue la inmediata y conjunta intervención del Gabinete de Seguridad federal, integrado por las secretarías de Defensa y Marina, la Fiscalía General de la República, la Guardia Nacional y la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana. A través de una carta aclaratoria, estas dependencias negaron de forma contundente la existencia de información oficial que confirmara el reporte citado. Sin embargo, en el terreno de la inteligencia penal, negar la existencia de un registro oficial indexado no equivale automáticamente a demostrar que la investigación previa, las carpetas informales o los testimonios de las fuentes consultadas por el periodista no existan. La respuesta gubernamental esquivó preguntas clave de fondo: ¿se realizó una búsqueda exhaustiva y rigurosa en los archivos de todas las dependencias durante el periodo electoral de 2024? ¿Se indagó de manera interna el origen de la presunta filtración antes de emitir el desmentido?

 

La historia reciente del país ha demostrado con creces que la delincuencia organizada no necesita gobernar formalmente para ejercer el poder real; le basta con condicionar candidaturas, financiar estructuras locales y controlar territorios clave. Por esta razón, cualquier indicio de un pacto político-criminal debe ser investigado con absoluta independencia y neutralidad, sin permitir que la filiación partidista o la relevancia pública de los señalados dicte el alcance o la profundidad de las indagatorias jurídicas.

 

Mientras la dirigencia de Morena y sus militantes tienen el legítimo derecho de defender su reputación frente a acusaciones que consideren falsas, las instituciones del Estado tienen una obligación constitucional radicalmente distinta: actuar con estricta imparcialidad. La inusual rapidez del desmentido oficial en este caso contrasta con la lentitud o la falta de resultados visibles en otros expedientes de alto impacto político y de seguridad, lo que termina alimentando la percepción pública de una selectividad institucional diseñada para dar cobertura política al movimiento gobernante. México no necesita instituciones de seguridad que actúen como escudos de contención para proteger las siglas de un partido; necesita un Estado firmemente dispuesto a investigar hasta las últimas consecuencias, incluso cuando los nombres señalados pertenezcan al oficialismo.

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