FUEGO AMIGO EN TEXCOCO: EL BOTÍN DE ECATEPEC Y
LA DEMENCIA POR EL PODER
*El botín millonario de Ecatepec desata el canibalismo guinda:
la obsesión de Higinio Martínez abre una grieta insalvable en el Estado de
México que ni los programas sociales podrán rescatar a la 4T del colapso
electoral
Por: EXPEDIENTE SECRETO
Pero el higinismo ya no la tiene fácil. En los sótanos del
palacio de Toluca, el secretario de Gobierno, Horacio Duarte, ha puesto en marcha
una maquinaria implacable. Duarte opera una contraofensiva silenciosa a ras de
tierra, tejiendo alianzas y operando directamente con los liderazgos regionales
de Morena para convencerlos, uno a uno, de retirar todo apoyo al proyecto del
presidente del Senado. Es un juego de asfixia política que busca dejar a
Higinio Martínez como un general sin ejército, aislado en su propio delirio de
grandeza.
El epicentro de esta violenta sacudida es Ecatepec. Mucho más
que una alcaldía, esta demarcación representa el botín económico y electoral
más codiciado de la entidad. Aquí chocan de frente dos proyectos
irreconciliables: el "delfinismo" oficialista contra el
"higinismo" recalcitrante, este último perfectamente articulado a
través de la organización Mexiquenses de Corazón. La contienda interna ha
adquirido tintes de canibalismo político puro y duro, personificado en una
dinámica que la prensa local ya describe sin rodeos como "todas contra
Azucena y Azucena contra todas". Las piezas de este tablero de discordia
tienen nombres propios: la alcaldesa Azucena Cisneros Coss, midiendo sus
fuerzas contra Zaira Cedillo, Luzma Hernández y Esmeralda Vallejo por el
control hegemónico del movimiento.
La narrativa oficial del partido guinda, desgastada y cínica,
se desmorona cuando se escuchan las propias palabras de la alcaldesa de
Ecatepec. Durante una asamblea informativa "en defensa de la
soberanía", Cisneros Coss tronó con dureza: “nunca más el yugo de los que
transaron, de los que traicionaron los principios de este gran municipio”.
Pero, ¿a quién le habla? El dedo flamígero de la alcaldesa ya no apunta al PRI,
ni al PAN, ni a los fantasmas del pasado neoliberal. Su dardo envenenado va
directo contra sus propios hermanos de militancia. Al denunciar una supuesta "guerra
sucia" y violencia política tras registrarse en el proceso de Morena,
Cisneros dejó en claro, en entrevista con el medio Callejón, que sus
detractores quieren que "regresen los que se fueron". La ironía es
perversa: esos que se fueron y a los que acusa de traición, también se cobijan
bajo las siglas de Morena y se dicen apóstoles de la llamada Cuarta
Transformación.
La descomposición ética de esta disputa alcanza su punto más
vergonzoso en el pragmatismo con el que justifican sus alianzas con la
delincuencia. El escándalo que persigue a Azucena Cisneros por videos y
fotografías junto a Alejandro Gilmare Mendoza, alias "El Choko" —el
detenido líder del grupo criminal "La Chokiza"— es una mancha de
cinismo que ningún discurso de honestidad puede borrar. Aunque la funcionaria
se defienda alegando un burdo "montaje sacado de contexto", los
registros públicos no mienten: en el material audiovisual se le escucha
referirse a este generador de violencia como un "gran ser humano".
Esta condescendencia hacia liderazgos delictivos demuestra que la ambición por
retener el territorio no conoce límites morales ni legales.
Morena en el Estado de México ha resultado ser una profunda
vergüenza institucional; un coliseo donde la supuesta mística de la
transformación ha sido sustituida por el hambre del presupuesto millonario y el
control del poder por el poder mismo. Lo único que mantiene a flote a esta
marca electoral frente a una ciudadanía harta son los multimillonarios
programas sociales federales que actúan como calmante político. Sin embargo, la
tregua social será efímera. Si el partido oficialista no frena este
canibalismo, la fractura de Texcoco no solo dejará un reguero de cadáveres
políticos en el camino, sino que terminará mandando a toda la Cuarta
Transformación directamente a la lona. En esta guerra interna de ambiciones
desbocadas, nadie saldrá ileso, y el costo de su soberbia podría ser la pérdida
total del estado más importante del país.

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