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miércoles, 28 de octubre de 2026

LA CIRUGÍA RADICAL QUE HIGINIO MARTÍNEZ NO QUIERE COMENZAR EN CASA

 

*¿También está dispuesto a mirarse al espejo? El cacique de Texcoco exige a Claudia Sheinbaum una cruzada anticorrupción, mientras su trayectoria arrastra cuestionamientos por el financiamiento de Morena con retenciones salariales, una red de familiares en el gobierno municipal y un patrimonio inmobiliario familiar superior a 85 millones de pesos, reportado por El Sol de México.

 

Por: EXPEDIENTE SECRETO

 


TOLUCA, Estado de México.– El escenario político nacional se sacudió en pleno Proceso Electoral Federal 2026-2027. La Consejera Presidenta del Instituto Nacional Electoral (INE), Guadalupe Taddei Zavala, presentó su renuncia ante la Cámara de Diputados en medio de severos señalamientos por presunta corrupción, anunciándolo formalmente en un mensaje difundido por el propio instituto. Ante la gravedad de la crisis institucional, el presidente de la Mesa Directiva del Senado, Higinio Martínez Miranda, reaccionó de manera inmediata alzando la mano para encabezar la ofensiva contra la corrupción.

 

El 26 de octubre, el legislador morenista había llamado públicamente a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo a emprender una cruzada definitiva contra el despilfarro, los negocios con recursos públicos y la ambición desmedida de los funcionarios, exigiendo una “cirugía radical” para el modelo de administración pública en México. “No soy un santo, tengo algún pecadillo de tipo terrenal”, reconoció Martínez Miranda al defender su propuesta, asegurando que conoce el problema desde dentro y sabe exactamente por dónde atacarlo.

 

Sin embargo, las declaraciones del senador abren una pregunta inevitable: ¿está dispuesto a que esa revisión profunda alcance también a los grupos políticos que él mismo ha construido y a las redes de poder que han crecido bajo su influencia? Una cosa es denunciar la corrupción de los adversarios y otra muy distinta aceptar que la fiscalización comience por casa. Antes de exigir transformaciones nacionales, el líder del llamado "Grupo Texcoco" tendría que responder por los episodios ampliamente documentados y los señalamientos que han acompañado a su círculo cercano durante años.

 

El primer antecedente ineludible ocurrió durante la administración municipal de Delfina Gómez Álvarez en Texcoco (2013-2015). En enero de 2022, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) ratificó una multa de 4 millones 529 mil pesos a Morena tras acreditarse un mecanismo ilícito de retenciones salariales. El expediente demostró que se descontó de manera ilegal cerca del 10% de las percepciones a los trabajadores del ayuntamiento y del DIF municipal, recaudando 2 millones 264 mil 612 pesos que fueron desviados a actividades del partido sin reportarlos a la autoridad electoral. La resolución vinculó directamente en la operación a personas pertenecientes al Grupo de Acción Política, la corriente interna lidereada por el propio Higinio Martínez.

 

A este esquema de financiamiento se suma el cuestionado diseño institucional de aquella gestión. Quienes conocen la política mexiquense afirman que, mientras Delfina Gómez ocupaba la alcaldía nominal, quien operaba realmente los hilos del gobierno municipal era el hoy presidente del Senado. Durante ese periodo, una extensa red de familiares de Martínez Miranda ocupó puestos clave en la nómina pública: su hermano, Alberto Martínez Miranda, fue el tesorero municipal; su tío, Agustín Miranda Meneses, encabezó la Dirección de Seguridad Pública; su nuera, Elizabeth Terrazas Ramírez, presidió el DIF, y su prima, Mónica Quintero Miranda, fue nombrada titular del área de Agua Potable y Saneamiento.

 

La lista de parientes en la estructura no terminó ahí. Señalamientos periodísticos también identificaron en diversas áreas municipales a Manuel y Roberto Hernández Romero (vinculados por matrimonio con la familia), así como a María Adela Portuguéz Miranda y Juventino Larriva, entre otros. Si bien la presencia de familiares en la administración pública no constituía en automático una conducta ilegal, la acumulación de estos vínculos plantea dudas legítimas sobre nepotismo, conflictos de interés y concentración del poder. En la actualidad, la ciudadanía exige máxima transparencia sobre los criterios de contratación, perfiles profesionales y remuneraciones de quienes formaron parte de ese círculo.

 

El patrimonio personal del senador también ha estado bajo el reflector. En mayo de 2017, una investigación realizada por el reportero Saúl Hernández para el diario El Sol de México reveló que, entre octubre de 2010 y noviembre de 2015, Higinio Martínez y sus tres hijos acumularon un total de 14 propiedades cuyo valor comercial conjunto superaba los 85 millones de pesos, según datos del Instituto de la Función Registral del Estado de México.

 

El reportaje detalló que los inmuebles se adquirieron a precios considerablemente inferiores a su valor comercial estimado posterior. Dos de los predios aparecían a nombre del legislador y los 12 restantes a nombre de sus hijos o de Grupo Mauler, una sociedad constituida por ellos mismos. Destaca el caso de un terreno de casi 600 metros cuadrados comprado el 20 de febrero de 2014 por 1.5 millones de pesos, cuyo valor comercial real se calculó en 12.5 millones. La investigación periodística también subrayó que, durante el periodo analizado, Martínez Miranda omitió presentar sus declaraciones patrimoniales, fiscal y de intereses a través de la iniciativa ciudadana 3de3. A este historial de bienes se añadieron reportes sobre contratos de obra pública otorgados a empresas vinculadas con miembros de su entorno político, casos que ameritan un escrutinio exhaustivo sobre sus expedientes, montos y licitaciones.

 

La controversia actual en torno a Higinio Martínez va más allá de las cifras; toca la estructura misma de Morena en el Estado de México. Como fundador del Grupo Texcoco, sus críticos internos y externos lo describen como un cacique político enfocado en colocar aliados en posiciones estratégicas. Hoy en día, diversos liderazgos de su propio partido muestran un profundo desgaste en su relación con él, caracterizándolo como un político ambicioso que ha puesto en riesgo su trayectoria por intereses personales.

 

Esta disputa por el poder se refleja también en su relación con la gobernadora Delfina Gómez. Aunque en el pasado existía la percepción de que Gómez se encontraba subordinada a la influencia del senador, el panorama ha cambiado de manera drástica. Liderazgos fundadores de Morena señalan que el presidente del Senado muestra angustia y resentimiento ante la clara evolución política de la mandataria estatal, mientras él se ha quedado rezagado. Afirman, además, que Martínez Miranda mantiene una obsesión personal por la gubernatura del Estado de México y que utiliza la alta tribuna de la presidencia del Senado exclusivamente como un escaparate para promover sus aspiraciones electorales, una hipótesis que encuentra eco en la narrativa de sus discursos y sus recientes apariciones públicas.

 

La exigencia planteada por Higinio Martínez es válida y debe aplicarse sin excepciones: si la corrupción es un cáncer que amenaza a las instituciones, ningún partido ni grupo político puede quedar exento de la ley. Sin embargo, para que su discurso de "cirugía radical" tenga legitimidad democrática y no sea visto como una simulación oportunista, el examen y la rendición de cuentas deben comenzar obligatoriamente por los expedientes pendientes en su propio feudo de Texcoco.

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