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martes, 22 de septiembre de 2026

 SEGURIDAD EN CRISIS: ARVIZU Y MARTHA GUERRERO, BAJO

 EL ESCRUTINIO CIUDADANO

 

*Dos gobiernos de Morena que enfrentan el reclamo de una población cansada de la violencia: mientras las balas vuelven a cobrar vidas en la zona limítrofe de Ixtapaluca y La Paz, la capacidad de sus administraciones para prevenir los delitos y garantizar la seguridad queda nuevamente bajo cuestionamiento

 

Por: EXPEDIENTE SECRETO

 


IXTAPALUCA, Estado de México, 22 de septiembre de 2026.— La violencia volvió a demostrar que en el oriente del Estado de México una persona puede convertirse en víctima de las balas simplemente por encontrarse en el lugar equivocado.

 

La mañana del lunes 21 de septiembre, la carretera federal México-Puebla se convirtió nuevamente en escenario de muerte. A la altura de la zona conocida como “El Tubo Azul”, un ataque armado dejó dos personas muertas, una de ellas presuntamente el objetivo directo de la agresión y la segunda una víctima circunstancial que se encontraba trabajando.

 

Los reportes periodísticos coinciden en que hombres armados dispararon contra un automóvil particular de color negro con numero de placas MB-360-C. El conductor murió dentro de la unidad, que quedó atravesada sobre la vialidad. Pero la violencia no se detuvo en el blanco del ataque.

 

En ese momento circulaba por la zona una camioneta repartidora de bebidas de la empresa Bonafina identificada con el número de matrícula MZ-211-C. El trabajador fue alcanzado por los disparos pese a que, de acuerdo con las versiones difundidas, no era el objetivo de la agresión.

 

Herido, todavía consiguió avanzar aproximadamente 20 metros hasta llegar a una estación de gasolina, donde pidió ayuda. Los trabajadores intentaron auxiliarlo, pero finalmente murió a consecuencia de las lesiones.

 

Dos muertos. Una persecución armada. Un trabajador que simplemente cumplía con su jornada laboral y terminó pagando con la vida por una violencia que no provocó. Eso es lo que ocurre cuando las armas toman las calles y la ciudadanía queda atrapada en medio del fuego cruzado.

 

EL ORIENTE DEL EDOMEX, ENTRE BALAS Y MIEDO

 

El episodio vuelve a colocar bajo escrutinio la situación de seguridad en la zona oriente del Estado de México, particularmente en una región donde confluyen Ixtapaluca y Los Reyes La Paz, municipios estratégicos por su conexión con la Ciudad de México y por el enorme flujo cotidiano de trabajadores, comerciantes y transportistas.

 

La carretera México-Puebla es una de las principales arterias de comunicación de la región. Que un ataque armado pueda desarrollarse en plena vialidad y a plena luz del día, con automovilistas y trabajadores circulando alrededor, representa un riesgo evidente para la población.

 

Los reportes disponibles señalan que los agresores escaparon y, hasta el momento, no se habían reportado detenidos. La Fiscalía General de Justicia del Estado de México quedó a cargo de las investigaciones y del procesamiento de los indicios balísticos.

 

Después de la balacera, elementos de seguridad acudieron para acordonar el lugar y realizar cortes a la circulación mientras se desarrollaban las diligencias ministeriales. La presencia policial posterior al crimen, sin embargo, vuelve a abrir el debate sobre la capacidad preventiva de las corporaciones municipales y estatales.

 

Porque para una familia que pierde a un padre, un hijo o un trabajador, llegar después de que las balas ya fueron disparadas no representa una solución.

 

La verdadera prueba de cualquier estrategia de seguridad es evitar que los hechos ocurran, detener a los responsables y garantizar que la población pueda transitar sin convertirse en víctima colateral.

 

Y APARECE OTRO PROBLEMA: LA PRENSA

 

Durante la cobertura de los hechos, según el señalamiento proporcionado para esta información, elementos de la Policía Municipal de Ixtapaluca habrían intentado amedrentar a reporteros que realizaban su trabajo.

 

La cobertura periodística de un hecho violento no debe convertirse en otro frente de confrontación entre autoridades y comunicadores. Los periodistas tienen derecho a documentar acontecimientos de interés público y las autoridades están obligadas a respetar la libertad de expresión y el trabajo de los medios.

 

La seguridad pública no puede utilizarse como argumento para intimidar a quienes informan.

 

ARVIZU Y MARTHA GUERRERO, BAJO EL ESCRUTINIO CIUDADANO

 

El ataque también coloca nuevamente bajo la lupa a los gobiernos municipales de la región.

Ixtapaluca es gobernado por Felipe Arvizu, mientras Los Reyes La Paz es encabezado por Martha Guerrero Sánchez, ambos emanados de Morena.

 

En el caso de La Paz, incluso en fechas recientes el propio gobierno municipal ha presumido acciones de coordinación y capacitación policial; el 3 de septiembre se informó que elementos municipales recibieron capacitación de la Fiscalía General de la República sobre actuación del primer respondiente y flagrancia.

 

El problema es que la ciudadanía no evalúa a sus autoridades únicamente por fotografías, ceremonias, cursos, discursos o comunicados. Las evalúa por lo que ocurre en las calles.

 

Y cuando una carretera se convierte en escenario de una persecución armada, un conductor termina ejecutado y un trabajador muere por una bala que ni siquiera iba dirigida contra él, la pregunta sobre la eficacia de las estrategias de seguridad resulta inevitable.

 

No se trata de afirmar que los alcaldes sean responsables directos de los homicidios —eso corresponde determinarlo a las autoridades ministeriales y judiciales—, sino de exigirles resultados en materia de prevención, vigilancia y seguridad pública.

 

Porque gobernar también significa responder por las condiciones de seguridad que existen en los territorios bajo su administración.

 

La zona oriente no puede normalizar la muerte. Lo ocurrido en “El Tubo Azul” no debe convertirse en una estadística más. Detrás de cada cuerpo existe una familia. Detrás del repartidor que murió existe una familia que esperaba su regreso después de una jornada de trabajo.

 

Y detrás de cada ataque armado existe una pregunta que las autoridades todavía tienen pendiente:

 

¿Quién está garantizando la seguridad de quienes todos los días salen a trabajar, estudiar o simplemente transitar por el oriente del Estado de México?

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