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jueves, 10 de septiembre de 2026

 EN LA PAZ LLEGO LA TRANSFORMACIÓN QUE NO DETIENE LAS BALAS

 

*Homicidios, presuntas extorsiones y bares clausurados que vuelven a operar colocan bajo escrutinio al gobierno de Martha Guerrero. La pregunta ya no es solamente quién dispara, sino por qué la violencia puede repetirse sin que la autoridad logre impedirla.

 

Por: EXPEDIENTE SECRETO

 


LOS REYES LA PAZ, Estado de México, 9 de septiembre de 2026.—
En Los Reyes La Paz la violencia tiene una característica particularmente preocupante: parece haberse vuelto parte del paisaje cotidiano.

 

Un hombre cae abatido en una calle. Una trabajadora muere dentro de un bar. El propietario de otro establecimiento es asesinado y su hijo resulta herido. Los negocios son clausurados. Se colocan sellos. Se acordonan escenas del crimen.

 

Y después de algunas semanas, los establecimientos vuelven a abrir sus puertas. Mientras tanto, las preguntas permanecen.

 

¿Quién está protegiendo a los bares de mala muerte? ¿Quién vigila los establecimientos considerados de riesgo? ¿Qué ocurre con las investigaciones? ¿Por qué algunos negocios clausurados después de hechos violentos vuelven a funcionar?

 

La administración de la morenista Martha Guerrero tiene frente a sí una realidad que difícilmente puede ocultarse detrás de comunicados oficiales, fotografías de operativos o discursos de transformación: la inseguridad sigue cobrando vidas.

 

OTRA EJECUCIÓN, OTRA VEZ EN LAS CALLES

 

El pasado 2 de septiembre, Miguel Ángel Hernández, de 35 años, terminó muerto sobre la acera de la calle 4 esquina con calle Lerma, en la colonia Valle de Los Reyes.

 

El alertamiento del C-5 movilizó a policías municipales. Cuando llegaron, encontraron al hombre sin signos vitales.

 

Vecinos relataron que dos sujetos a bordo de una motocicleta se acercaron y dispararon repetidamente contra la víctima. Después escaparon.

 

No hubo una persecución por parte de los policías municipales. Como siempre no hubo detenidos anunciados.

 

Hubo, como en tantas otras ocasiones, una escena acordonada y una investigación que quedó en manos de las autoridades competentes.

 

Hernández era conocido por vecinos de la zona como mototaxista. Había regresado recientemente a la vivienda de sus padres después de separarse de su pareja.

 

Una vida terminó. Los responsables huyeron. Y la ciudad continuó funcionando. Ese es precisamente el problema.

 

Cuando un homicidio se convierte en un episodio más de la rutina, la violencia deja de ser excepcional y comienza a convertirse en normalidad.

 

EL EXPEDIENTE QUE CONDUCE HASTA “LA EUROPEA”

 

Nueve meses antes, el 4 de diciembre de 2025, otro episodio había puesto en evidencia la vulnerabilidad de los establecimientos nocturnos de La Paz.

 

Una mujer de aproximadamente 36 años, identificada como trabajadora o mesera de un establecimiento conocido como “La Europea”, murió después de recibir un disparo en el pecho.

 

El lugar se encuentra en los cruces de Benito Juárez y avenida Puebla, prácticamente en una zona donde resulta difícil argumentar que la presencia institucional sea inexistente: a unos pasos está el Palacio Municipal y la estación de la policía municipal, así como la estación del Metro Los Reyes.

 

De acuerdo con testimonios atribuidos a trabajadores del establecimiento, sujetos habrían acudido al lugar a bordo de una motocicleta para cobrar la cuota de extorsión.

 

La versión señala que el encargado manifestó que todavía no contaba con el dinero solicitado. La respuesta habría sido violenta. Un disparo. Una mujer muerta.

 

Y nuevamente, ningún responsable detenido en ese momento. La Fiscalía estatal intervino y el establecimiento fue clausurado. Pero aquí aparece una de las preguntas centrales de este reportaje:

 

¿Cómo puede un establecimiento clausurado después de un homicidio volver a abrir sus puertas?

 

No se trata de una pregunta menor. Si la clausura obedeció a irregularidades administrativas, debe explicarse cuáles fueron y cómo se solventaron.

 

Si obedeció a una investigación ministerial, debe aclararse bajo qué condiciones jurídicas se permitió nuevamente su funcionamiento.

 

Y si existen antecedentes relacionados con presuntas extorsiones, corresponde a las autoridades explicar qué medidas fueron tomadas para impedir que el lugar vuelva a convertirse en un foco de riesgo.

 

La reapertura, por sí misma, genera sospechas de complicidad de la autoridad. Por lo que exige transparencia.

 

“EL PARAÍSO”: LA HISTORIA VUELVE A REPETIRSE

 

El 4 de julio de 2026, exactamente siete meses después del caso de “La Europea”, la violencia volvió a golpear a otro establecimiento nocturno.

 

El propietario del bar “El Paraíso” fue asesinado a balazos y su hijo resultó lesionado. El establecimiento se ubica en la cabecera municipal, aproximadamente a 300 metros del Palacio Municipal.

 

Las versiones conocidas sobre el caso apuntaron a una posible negativa del propietario a pagar una presunta cuota de extorsión.

 

La Fiscalía habría clausurado el inmueble. Pero, nuevamente, aparece el mismo patrón que en “La Europea”: el negocio habría vuelto a abrir.

 

Dos establecimientos. Dos hechos violentos. Dos clausuras. Y una misma pregunta flotando sobre el municipio: ¿Qué sucede después de que las autoridades colocan los sellos?

 

Porque cerrar temporalmente un negocio después de que ocurre una tragedia no resuelve el problema si posteriormente vuelve a operar sin que la ciudadanía conozca las condiciones bajo las cuales fue autorizado.

 

LOS BARES BAJO SOSPECHA

 

Los establecimientos nocturnos forman parte de cualquier ciudad y no todos representan un problema de seguridad.

 

El problema aparece cuando existen señalamientos reiterados sobre determinados lugares y la autoridad no explica qué inspecciones se realizan ni qué resultados arrojan.

 

En La Paz existen acusaciones vecinales que relacionan algunos establecimientos con presunta venta de drogas, prostitución, extorsión y hasta posibles casos de trata de personas.

 

Estas acusaciones deben ser investigadas y acreditadas por las autoridades; no pueden descalificarse automáticamente, por el contrario, deben de ser aclaradas para la tranquilidad de los vecinos.

 

Porque si existen denuncias, corresponde investigar. Si existen irregularidades, corresponde sancionar. Si existe actividad criminal, corresponde actuar. Y si no existe nada de lo anterior, la autoridad tiene la obligación de transparentarlo.

 

También existe otro aspecto que debería ser revisado: las condiciones de protección civil de los establecimientos.

 

¿Cuentan con salidas de emergencia? ¿Tienen extintores? ¿Tienen rutas de evacuación? ¿Tienen dictámenes vigentes? ¿Se realizan inspecciones? ¿Existen programas internos de protección civil? La ciudadanía merece respuestas.

 

EL GOBIERNO MUNICIPAL NO PUEDE MIRAR HACIA OTRO LADO

 

Es cierto: la alcaldesa no tiene facultades absolutas para investigar homicidios ni para decidir unilateralmente sobre todas las actuaciones de la Fiscalía mexiquense.

 

Pero eso no significa que el Ayuntamiento carezca de responsabilidades. El gobierno municipal puede y debe coordinarse con las autoridades estatales y federales.

 

Puede fortalecer la policía preventiva. Puede realizar verificaciones administrativas dentro de sus atribuciones. Puede exigir revisiones de protección civil. Puede denunciar formalmente actividades sospechosas. Puede solicitar operativos conjuntos. Puede exigir resultados.

 

Y puede informar a los ciudadanos. Por eso, el argumento de que “la seguridad no depende solamente del municipio” no puede convertirse en una licencia para la pasividad.

 

¿Y DÓNDE QUEDA TRANQUILINO LAGOS?

 

En medio de esta crisis también aparece una cuestión política que forma parte del debate público en La Paz: el papel de Tranquilino Lagos Buenabad, esposo de la alcaldesa Martha Guerrero y señalado políticamente por distintos sectores como una figura con influencia dentro del gobierno municipal.

 

Aquí también es indispensable separar hechos de percepciones. Que sea esposo de la presidenta municipal no demuestra, por sí mismo, que ejerza funciones gubernamentales ni que tenga responsabilidad en hechos delictivos.

 

Pero precisamente por tratarse de una figura cercana al poder municipal, cualquier influencia política que se le atribuya debería poder ser esclarecida públicamente.

 

La pregunta periodística es sencilla: ¿Quién toma las decisiones en materia de seguridad y quién supervisa que esas decisiones produzcan resultados? Porque cuando la violencia se multiplica, también debe existir rendición de cuentas.

 

Martha Guerrero llegó al Ayuntamiento bajo la bandera de Morena y el discurso de transformación. Pero la transformación que importa a los ciudadanos no se mide por consignas partidistas.

 

Se mide en las calles. En la seguridad de los trabajadores. En la tranquilidad de las familias. En la capacidad del gobierno para prevenir homicidios. En la capacidad de las instituciones para investigar.

 

En la capacidad de la autoridad para impedir que los establecimientos señalados en investigaciones criminales simplemente regresen a la normalidad sin una explicación pública.

 

La ciudadanía no necesita que le digan que todo está bien. Necesita saber qué está pasando.

 

Hay una diferencia fundamental entre gobernar la inseguridad y administrar sus consecuencias. Gobernar implica prevenir.

 

Administrar las consecuencias significa llegar después, acordonar, tomar fotografías, levantar reportes y esperar que la noticia desaparezca.

 

La muerte de Miguel Ángel Hernández vuelve a poner sobre la mesa una realidad incómoda. En diciembre de 2025 murió una trabajadora en “La Europea”. En julio de 2026 fue asesinado el propietario de “El Paraíso” y su hijo resultó lesionado. En septiembre de 2026 un hombre fue ejecutado en plena calle.

Mientras tanto, establecimientos previamente clausurados vuelven a operar.

 

Las ejecuciones tienen un mismo patrón que merece ser investigado: violencia, presuntas extorsiones, establecimientos señalados, clausuras y posteriores reaperturas. Y frente a ese patrón, el silencio institucional no basta.

 

La pregunta final no es solamente quién dispara. La pregunta es: ¿Por qué en Los Reyes La Paz los ciudadanos siguen muriendo mientras los responsables continúan escapando?

 

Y hay otra todavía más incómoda: ¿Cuántas ejecuciones más tendrán que ocurrir para que la llamada transformación deje de ser discurso y se convierta en seguridad real para los habitantes?

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