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ANTORCHA SE DESLINDA DE SEÑALAMIENTOS SOBRE CHAPINGO, PERO NO RESPONDE AL FONDO DE LAS ACUSACIONES   *Deslindarse no basta: Antorcha des...

jueves, 3 de septiembre de 2026

ANTORCHA SE DESLINDA DE SEÑALAMIENTOS SOBRE CHAPINGO, PERO NO RESPONDE AL FONDO DE LAS ACUSACIONES

 

*Deslindarse no basta: Antorcha descalifica a medios incómodos, pero evita responder de fondo a los señalamientos sobre su presunto control político y administrativo de Chapingo

 

Por: EXPEDIENTE SECRETO

 


TEXCOCO, Estado de México, 3 de septiembre de 2026.— La organización Antorcha Campesina decidió responder a la información publicada el pasado 24 de agosto por La Jornada, en la que integrantes de la comunidad de la Universidad Autónoma Chapingo (UACh) denunciaron un presunto control político, administrativo y académico de la institución, pero su deslinde difícilmente puede considerarse suficiente para desacreditar, por sí mismo, acusaciones de la gravedad de las difundidas.

 

En su comunicado, el movimiento antorchista rechazó las afirmaciones publicadas y aprovechó para arremeter contra otros medios de comunicación que han dado seguimiento al tema, a los que descalificó como “pasquineros”, una etiqueta que, más que responder a los cuestionamientos, evidencia el nivel de incomodidad que generan las publicaciones críticas.

 

El argumento central de Antorcha para cuestionar la información de La Jornada fue que la nota no estaba firmada por un periodista en particular. Sin embargo, ese hecho no invalida automáticamente la información publicada. La nota efectivamente apareció sin la firma de un periodista y fue publicada en la edición del 24 de agosto de 2026.

 

Más importante aún: el texto no presentó las acusaciones como una sentencia judicial contra Antorcha, sino como señalamientos realizados por profesores, académicos y estudiantes inconformes con la situación que, según sus testimonios, prevalece dentro de la universidad.

 

Y ahí está precisamente el problema para la organización: un comunicado de deslinde no sustituye una explicación puntual de cada uno de los señalamientos.

 

La información difundida por La Jornada habló de un presunto dominio antorchista sobre el órgano rector, el Consejo Universitario, direcciones y jefaturas de la UACh; de modificaciones presuntamente irregulares a estatutos y reglamentos; de la contratación de más de 200 asesores; de supuestos mecanismos de cooptación de trabajadores y estudiantes; de presiones contra profesores opositores y de una creciente intervención política en la vida universitaria.

 

También se cuestionó el papel del rector Ángel Garduño García y su cercanía con el movimiento, así como la modificación de estructuras administrativas de la institución.

 

La propia información periodística consignó el rechazo del Sindicato de Trabajadores Académicos de la Universidad Autónoma Chapingo (Stauach) a un nuevo reglamento para el ingreso y permanencia del personal académico, al considerar que podría afectar la estabilidad laboral y contradecir disposiciones del contrato colectivo de trabajo, la legislación laboral y la Constitución.

 

¿Y QUÉ PASA CON LOS RECURSOS?

 

Otro de los asuntos que no desaparecen con un comunicado es el relacionado con la fiscalización de los recursos públicos.

 

De acuerdo con lo publicado por La Jornada, la Auditoría Superior de la Federación presumió un probable daño o perjuicio a la Hacienda Pública Federal o al patrimonio de la universidad por 51 millones 138 mil 657 pesos, derivado de pagos que consideró improcedentes, además de las cargas financieras correspondientes.

 

Entre las observaciones se encuentran 8 millones 416 mil 469 pesos correspondientes a sueldos pagados a 595 empleados por encima del tabulador autorizado; 40 millones 625 mil 511 pesos por compensaciones garantizadas a 170 empleados; así como otros pagos por conceptos de despensa, renta, transporte y útiles escolares que habrían excedido los tabuladores acreditados.

 

La auditoría también detectó 1 millón 655 mil 889 pesos pagados a 97 empleados después de su baja; 194 mil 33 pesos correspondientes a 43 trabajadores a quienes no se descontaron inasistencias, y 33 mil 860.62 pesos relacionados con dos trabajadores que no registraron sus asistencias.

 

Es decir, el debate sobre Chapingo no puede reducirse a determinar si una nota periodística lleva el nombre de un reportero o aparece firmada por la redacción. Hay documentos de fiscalización, posicionamientos sindicales y testimonios de integrantes de la comunidad universitaria que merecen ser revisados y respondidos con argumentos y documentos.

 

DESCALIFICAR A LOS MEDIOS NO RESUELVE LAS PREGUNTAS

 

La reacción de Antorcha también abre otro debate: ¿por qué llamar “pasquineros” a los medios que resultan incómodos en lugar de responder a sus publicaciones?

 

El periodismo crítico puede equivocarse y, cuando ocurre, debe ser cuestionado con datos, documentos y derecho de réplica. Pero desacreditar de manera general a los medios únicamente porque publican información desfavorable tampoco constituye una respuesta de fondo.

 

En el caso de La Jornada, la publicación del 24 de agosto no fue un texto anónimo subido a una red social. Se trató de una información publicada en un periódico nacional y retomada posteriormente por otros espacios informativos. Además, el Observatorio de Políticas Educativas del IISUE-UNAM registró la publicación dentro de su seguimiento de información sobre autonomía y gobernabilidad universitaria.

 

Por ello, el deslinde antorchista deja abierta una pregunta elemental: si las acusaciones son falsas, ¿dónde están las pruebas que permitan desmentirlas una por una?

 

Porque afirmar que no existe control político sobre Chapingo es una cosa; demostrar quién ocupa cada órgano de decisión, cómo fueron designados los funcionarios, bajo qué procedimientos ingresaron los trabajadores y asesores cuestionados, cómo se modificaron los reglamentos y qué ocurrió con los recursos observados por la ASF es otra muy distinta.

 

El problema de los señalamientos sobre intimidación. Hay además un elemento particularmente delicado.

 

La organización ha sido históricamente señalada por su utilización de estructuras de movilización y grupos de choque. En el caso específico de Chapingo, los testimonios recogidos por La Jornada hablaron incluso de grupos de estudiantes o “porros” presuntamente utilizados para emprender ataques digitales contra profesores y trabajadores críticos de la administración, mediante perfiles falsos y videos difamatorios.

 

A ello se suman señalamientos que circulan desde hace años en torno a la existencia de grupos de personas identificadas por adversarios de Antorcha como “guardias blancas”, a quienes atribuyen tareas de intimidación o persecución contra desertores de la organización y personas consideradas enemigas.

 

Es importante precisar que estos últimos señalamientos constituyen acusaciones y no deben presentarse como hechos judicialmente acreditados sin pruebas específicas. Pero precisamente por la gravedad de lo que se denuncia, tampoco pueden desaparecer simplemente porque la organización emita un comunicado de deslinde.

 

Si Antorcha considera falsos esos señalamientos, tiene la oportunidad de demostrarlo con evidencias, no únicamente con descalificaciones. Chapingo merece algo más que una guerra de comunicados

 

La Universidad Autónoma Chapingo no es patrimonio de una organización política, de un grupo de profesores, de una corriente sindical ni de una administración en turno. Es una institución pública financiada con recursos de los todos los mexicanos y con una enorme responsabilidad en la formación de profesionales del sector agropecuario.

 

Por eso, las acusaciones sobre un eventual control político de la institución, modificaciones administrativas, contratación de personal, presunta cooptación de estudiantes y trabajadores, restricciones a investigadores y posibles irregularidades financieras deben ser sometidas al escrutinio público.

 

Antorcha Campesina tiene todo el derecho de defenderse, negar las acusaciones y ejercer su derecho de réplica. Pero deslindarse no equivale a demostrar que los señalamientos son falsos. Y llamar “pasquineros” a los medios que incomodan tampoco contesta las preguntas.

 

Mientras existan observaciones de la Auditoría Superior de la Federación, pronunciamientos sindicales, testimonios de profesores y estudiantes y denuncias sobre la conducción de la universidad, el caso Chapingo seguirá siendo un asunto que merece investigación, transparencia y respuestas.

 

Porque si todo lo publicado es falso, la mejor manera de demostrarlo no será con insultos ni descalificaciones: serán los documentos, las auditorías, las actas, los reglamentos, los contratos, las nóminas y las decisiones de los órganos universitarios los que tendrán la última palabra.

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