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CHAPINGO, EL BOTÍN DE LOS GRUPOS DE PODER: ZOQUIAPAN, ANTORCHA Y LAS SOMBRAS DE HIGINIO MARTÍNEZ   *Mientras mil 640 hectáreas permanece...

lunes, 2 de noviembre de 2026

CHAPINGO, EL BOTÍN DE LOS GRUPOS DE PODER: ZOQUIAPAN, ANTORCHA Y LAS SOMBRAS DE HIGINIO MARTÍNEZ

 

*Mientras mil 640 hectáreas permanecen ocupadas, estudiantes son expulsados de sus espacios de investigación y la Rectoría se enfrasca en una disputa política, las preguntas sobre la presunta influencia de Antorcha Campesina y los intereses que rodean a la universidad siguen sin respuesta

 

Por: EXPEDIENTE SECRETO

 


La Universidad Autónoma Chapingo no solamente enfrenta una crisis de gobernabilidad: enfrenta el riesgo de que su patrimonio territorial, histórico y académico termine convertido en moneda de cambio de intereses políticos y particulares. Y lo ocurrido en la Estación Forestal Experimental de Zoquiapan, en Ixtapaluca, es el ejemplo más preocupante.

 

De acuerdo con la columna publicada el 8 de octubre de 2026 por el periodista Zósimo Camacho en Luces del Siglo, desde octubre de 2025 alrededor de mil 640 hectáreas asignadas a Chapingo desde 1972 permanecen ocupadas por pobladores. En el lugar habrían proliferado construcciones irregulares, hornos de carbón y actividades ganaderas. La situación escaló en febrero de 2026, cuando estudiantes fueron amenazados y expulsados, impidiéndoles continuar sus prácticas académicas.

 

¡Que quede claro! No estamos hablando de un terreno abandonado ni de cualquier propiedad en disputa. Estamos hablando de instalaciones destinadas a la investigación forestal y a la formación de profesionales de una universidad pública.

 

Lo más grave es que, según los antecedentes expuestos por Camacho, Chapingo cuenta con documentación que acredita la posesión del predio y registros que descartarían una sobreposición con terrenos ejidales. Entonces, ¿por qué no se ha concretado su recuperación? ¿Quién está impidiendo que se haga valer el patrimonio universitario?

 

Aquí aparece un nombre que incomoda a las estructuras políticas: el Movimiento Antorchista Nacional. La columna de Zósimo Camacho recoge cuestionamientos sobre la presunta influencia de esta organización en las estructuras de poder de Chapingo y sus posibles vínculos con los grupos relacionados con la ocupación de Zoquiapan.

 

Antorcha ha rechazado ejercer ese control. Sin embargo, una negativa pública no sustituye la obligación de esclarecer los hechos. Durante décadas, el antorchismo construyó una estructura de movilización política que tuvo en el PRI uno de sus principales vehículos de participación. Su trayectoria también ha estado marcada por señalamientos sobre el control de organizaciones sociales, la gestión de recursos públicos y la utilización política de demandas populares.

 

Su discurso de combate a la pobreza merece contrastarse con sus prácticas, su estructura económica y los intereses que representa. Porque una cosa es defender legítimamente a comunidades vulnerables y otra muy distinta es convertir las necesidades sociales en instrumentos de presión, control territorial y negociación política.

 

Las denuncias sobre presuntas invasiones de predios, intermediación en la regularización de asentamientos y concentración de beneficios económicos no pueden despacharse automáticamente como ataques políticos. Deben investigarse, documentarse y, cuando corresponda, sancionarse.

 

Tampoco basta con calificar de «calumnia burguesa» las publicaciones de EXPEDIENTE SECRETO. El periodismo de denuncia no está obligado a guardar silencio para proteger la comodidad de ninguna organización. Pero hay algo todavía más delicado.

 

HIGINIO MARTÍNEZ: EL NOMBRE DETRÁS DE LOS CUESTIONAMIENTOS

 

El senador morenista Higinio Martínez Miranda, actual presidente de la Mesa Directiva del Senado, también aparece en el terreno de los cuestionamientos políticos relacionados con Chapingo.

 

La columna de Camacho recoge señalamientos sobre una presunta articulación de intereses entre sectores de Morena, Antorcha Campesina y grupos de poder universitarios, en la que se menciona al legislador mexiquense.

 

Antorcha ha rechazado públicamente cualquier vínculo político con Martínez Miranda y con el rector Ángel Garduño García. Por tanto, no se trata de presentar una alianza como un hecho probado, sino de exigir que se esclarezcan las relaciones políticas que se han señalado.

 

La pregunta es inevitable: ¿qué relación existe entre estos actores y qué papel han desempeñado, si alguno, en el conflicto que amenaza el patrimonio de Chapingo? Si no hay acuerdos, compromisos o intervención política, que lo expliquen con claridad. Si existen, la comunidad universitaria y la sociedad tienen derecho a conocerlos. El silencio no constituye una respuesta.

 

Para 2026, Chapingo cuenta con un presupuesto de 3 mil 586 millones de pesos, de acuerdo con la cifra proporcionada para esta denuncia. Sin embargo, mientras se dispone de recursos públicos de esa magnitud, Zoquiapan continúa en conflicto y otras sedes, como San Luis Acatlán, Mérida, Zacatecas y Puyacatengo, enfrentan incertidumbre sobre su continuidad, amenazas de cierre o restricciones presupuestales.

 

A esto se suma la controversia por la decisión de la administración del rector Ángel Garduño García de impulsar el adelanto de cuatro meses del proceso de elección de Rectoría, medida cuestionada por estudiantes y profesores que exigen transparencia.

 

La contradicción es evidente: mientras la comunidad demanda certidumbre académica y defensa patrimonial, la institución permanece atrapada en disputas por el control de su gobierno interno. ¿Esa es la prioridad de quienes administran una universidad pública?

 

EL DISCURSO DE LA POBREZA Y LOS INTERESES ECONÓMICOS

 

Antorcha Campesina ha construido buena parte de su identidad pública alrededor de la lucha contra la pobreza y la exigencia de justicia social. Pero ese discurso no puede funcionar como escudo frente al escrutinio.

 

A lo largo de su trayectoria, la organización ha sido objeto de señalamientos sobre la expansión de estructuras empresariales y patrimoniales vinculadas con dirigentes y grupos afines, incluidos negocios de transporte, construcción, gasolineras y distribución de combustibles.

 

Esas acusaciones deben sustentarse con registros mercantiles, contratos, concesiones y documentación patrimonial. No basta con repetirlas; hay que investigar quiénes son los propietarios, quiénes reciben los beneficios y de dónde provienen los recursos.

 

Porque si una organización que dice representar a los pobres termina acumulando poder económico y capacidad de negociación política, la sociedad tiene derecho a preguntar quién se beneficia realmente de esa estructura. La pobreza no puede convertirse en una bandera para justificar privilegios.

 

CHAPINGO NO ES PROPIEDAD DE NINGÚN GRUPO POLÍTICO

 

Lo que sucede en Zoquiapan debe dejar de ser tratado como un problema secundario. La ocupación de mil 640 hectáreas, las amenazas contra estudiantes y la falta de resultados para recuperar el espacio constituyen asuntos que requieren respuestas institucionales inmediatas.

 

La Rectoría debe explicar qué acciones legales ha emprendido. Las autoridades agrarias y ambientales deben informar qué han investigado. El gobierno del Estado de México debe aclarar qué intervención ha tenido. Y los actores políticos mencionados en las denuncias deben responder sobre los señalamientos que los involucran.

 

La comunidad universitaria tampoco puede permitir que la elección de Rectoría desplace la discusión fundamental: defender la institución. La pregunta que queda en el aire es brutal: ¿quién está defendiendo a Chapingo mientras otros disputan su control?

 

Si Antorcha no controla Chapingo, que se demuestre. Si Higinio Martínez no interviene en esa disputa, que se aclare. Si el rector está defendiendo el patrimonio universitario, que presente resultados.

 

MORENA Y ANTORCHA: ¿UNA ALIANZA QUE SUS BASES ESTÁN DISPUESTAS A ACEPTAR?

 

Hay otra pregunta que no puede quedar fuera de esta discusión: ¿las bases de Morena están dispuestas a caminar de la mano con Antorcha Campesina?

 

Muchos militantes y simpatizantes de Morena construyeron su participación política bajo la promesa de combatir el viejo corporativismo, los cacicazgos y las prácticas clientelares que durante décadas caracterizaron al sistema político priista. Por eso, los señalamientos sobre una posible convergencia de intereses entre sectores de Morena y el Movimiento Antorchista merecen una explicación pública.

 

¿Dónde quedaron los principios de transformación si ahora se contempla la posibilidad de compartir espacios de poder con una organización cuya trayectoria política estuvo históricamente ligada al PRI?

 

¿Las bases morenistas fueron consultadas? ¿Están de acuerdo con que personajes y estructuras provenientes del viejo régimen encuentren espacios de influencia dentro de instituciones públicas como Chapingo?

 

No se trata de descalificar a todos los integrantes de Antorcha ni de atribuir responsabilidades colectivas. Se trata de exigir congruencia política y transparencia.

 

Morena no puede pedir a sus militantes que defiendan una transformación mientras, al mismo tiempo, se multiplican los cuestionamientos sobre posibles entendimientos con organizaciones y grupos de poder cuya actuación merece escrutinio.

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