EL CÁRTEL DEL INE Y EL SILENCIO DE LA BENDICIÓN
*Mientras el diputado Ramírez
Cuéllar exige cárcel para la presidenta del INE y un "maxiproceso"
contra la corrupción, el oficialismo en San Lázaro enmudece para no escupir al
cielo las bendiciones presidenciales de 2023
Durante la comparecencia del
titular del Órgano Interno de Control del INE, Víctor Hugo Carvente Contreras,
el vicecoordinador de Morena en la Cámara de Diputados, Alfonso Ramírez
Cuéllar, rompió las formas con una virulencia inusitada. No midió adjetivos ni
buscó salidas diplomáticas: exigió de oficio a la Fiscalía General de la
República (FGR) una investigación inmediata, demandó el congelamiento de
cuentas a proveedores corruptos y sentenció de manera tajante que
"Guadalupe Taddei debe de ir a la cárcel".
Ramírez Cuéllar habló de la
urgencia de un "maxiproceso" judicial para desmantelar lo que
abiertamente calificó como un "Cártel Electoral" y un "Sistema
de Coyotaje" estructuralmente corrompido, con redes de facturación falsa y
operaciones simuladas que alcanzan al SAT y a la COFECE. El diagnóstico del
legislador guinda es brutal: el árbitro electoral está podrido por dentro justo
antes de las cruciales elecciones de 2027.
Sin embargo, tras el incendiario
discurso del diputado, ocurrió lo impensable en una asamblea de mayorías
estridentes: absolutamente nadie de los legisladores morenistas hizo eco de sus
palabras. El recinto se sumió en un mutismo sepulcral. Nadie aplaudió, nadie
secundó la moción de encarcelar a la presidenta del INE, nadie se sumó a la
batalla contra el supuesto Cártel.
¿A qué se debe este repentino
ataque de amnesia colectiva y prudencia legislativa en las filas de la
autollamada Cuarta Transformación? La respuesta está en la memoria histórica y
en el peso de los dogmas políticos.
Todos en esa sala parecieron
recordar, con un súbito sudor frío, las palabras pronunciadas el 31 de marzo de
2023 desde el púlpito de la conferencia matutina presidencial. En aquel
entonces, el máximo líder del movimiento, Andrés Manuel López Obrador, ungió a
Guadalupe Taddei con el manto de la infalibilidad moral. La defendió a capa y
espada como una mujer "experimentada, profesional, honesta e
íntegra", y remató asegurando que era "incapaz" de actuar de
manera corrupta, celebrando su llegada mediante un proceso de insaculación que
calificó de impecable.
Hoy, la realidad atropella a la
narrativa. Las acusaciones de contratos irregulares y redes de complicidad bajo
la gestión de Taddei pintan un panorama indefendible. Pero exigir justicia
penal contra ella implica aceptar un error de cálculo monumental en la cúpula
del poder; significa reconocer que la tómbola legislativa y el criterio de
lealtad no garantizan la honestidad que tanto pregono AMLO, el mesías de la 4T.
A Morena no le asusta la corrupción
del INE; le aterra contradecir el evangelio de su fundador. Por eso prefieren
el silencio incómodo ante la propuesta de un maxiproceso. Al final del día, la
política de la congruencia ha quedado atrapada en su propio laberinto retórico:
hoy, el oficialismo tiene que tragarse con un profundo y humillante silencio, sus
propias y muy bendecidas palabras.

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